jueves, mayo 22, 2008

El niño marciano, de David Gerrold



Esta reseña fue publicada originalmente en Sedice


David Gerrold, autor del guión del que para muchos es el mejor capítulo de la serie original de Star Trek («The Trouble With Tribbles»), expande en la novela El niño marciano el relato homónimo por el que recibió en 1995 los premios Hugo y Nebula.

Se trata de una historia narrada en primera persona, con fuerte componente autobiográfico, en la que David, el protagonista, siente la necesidad de formar una familia y decide adoptar a un niño. Ni su preferencia sexual (es homosexual) ni su condición de soltero suponen un problema en el sistema legal de California, pero de todas formas se enfrenta a un largo proceso repleto de informes y burocracia. A pesar de todas las dificultades, David persevera y finalmente se ve conmovido por la foto de uno de los chicos para los que se busca familia adoptiva, un niño de ocho años con problemas de conducta e hiperactividad, que ha pasado por numerosos hogares de acogida y además está convencido de ser un niño marciano, abandonado en nuestro planeta por quién sabe qué motivo. Al parecer las fantasías de este tipo son un mecanismo de defensa psicológica relativamente frecuente en niños que han sido maltratados o abandonados y que han aprendido a desconfiar de los adultos.

Una vez realizada la adopción, el inexperto padre se conduce con una sensibilidad y empatía realmente encomiables. Sorprendentemente, la mayor parte de los problemas que serían de esperar con un niño tan maltratado por el sistema no se producen. La relación entre padre e hijo es buena y los problemas de conducta del niño parecen irse atenuando. Hasta que, de repente, todo cambia. El pequeño comienza a comportarse de forma atroz y a asegurar que su verdadera familia, los marcianos, vendrán pronto a recogerle. David empieza a cuestionarse sus propios motivos y su capacidad como padre.

David GerroldEl niño marciano puede resultar ligeramente desconcertante en algún momento puesto que no se acaba de entender la intención del autor. Como exploración de las dificultades asociadas a la adopción de un niño problemático o como narración autobiográfica de las experiencias del autor resulta demasiado ligero. La historia pasa de forma superficial por muchos de los acontecimientos que suceden en los dos años que describe la novela, deteniéndose sólo en aquellos que llaman la atención del autor. Además, la atención se ve dividida por una subtrama en la que el padre adoptivo, que para colmo es escritor de ciencia ficción, empieza a dudar de que el supuesto origen marciano de su hijo sea sólo una fantasía, basándose en evidencias anecdóticas pero difíciles de descartar sin más. El lector, por tanto, no sabe si esperar que la historia siga siendo una narración casi autobiográfica o que entre decididamente en el campo de la ciencia ficción.

En cualquier caso, éste es parte del encanto de esta breve novela, sencilla y llena de sentimiento en muchos momentos y peculiar en otros. El lector disfrutará de ella y de su mensaje positivo si la lee con complicidad y se deja afectar por el amor, la paciencia y la sensibilidad de los que hace gala el padre. A ello ayuda la obvia implicación emocional del autor en una historia inspirada en sus propias experiencias. Paradójicamente, a pesar de esta inspiración en hechos reales, la historia quizá resulte poco convincente para el que se aproxime desde una perspectiva más cínica. Demasiado ideal y edulcorada por momentos, posiblemente. Demasiada poca exploración de la psicología del niño y de cómo va superando sus problemas. Pero éstas son las premisas de El niño marciano, su defecto y su encanto al mismo tiempo.

En resumen, El niño marciano es una historia sencilla pero emotiva y sentida que conmoverá a muchos lectores. A otros se les atragantará un mensaje que podría criticarse por ser demasiado «hollywoodiense».

Hablando de Hollywood: El año pasado se estrenó en E.E.U.U. una película basada en esta novela, con su mismo título y protagonizada por John Cusack. Al parecer se trata de una versión para todos los públicos, eliminando aspectos como la condición de homosexual del protagonista. Llegará a la cartelera española el 22 de febrero del 2008. Quizá este estreno resulte un buen reclamo comercial para la editorial que publica la novela (prudentemente la portada hace uso de una fotografía con los protagonistas de la película).



Entretanto, el lector interesado puede abrirse el apetito con un adelanto de la novela.



Autor: David Gerrold
Editorial / Colección: Grupo editorial AJEC / Albemuth Internacional
Género: Ciencia Ficción
Edición: Rústica
Año Publicación: 2007
Traductor: Carlos Pranger
Diseño o fotografía de portada: New Line Cinema, Estudio AJEC
ISBN: 978-84-96013-30-8

196 págs.; 22x15 cm.

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martes, mayo 13, 2008

El Lamento de la Garza / Leyendas de los Otori 4



Las leyendas de los Otori es una saga que ha pasado injustamente desapercibida entre la multitud de títulos publicados en las distintas colecciones de género fantástico. De hecho, se la suele encontrar en las librerías enterrada entre títulos juveniles, cuando por su calidad es perfectamente disfrutable por parte del lector adulto.

Situada dieciséis años después de la trilogía original, El lamento de la garza (The Harsh Cry of the Heron) retoma la historia de Takeo, Kaede y sus hijas, aliados y enemigos. Tras las guerras descritas en los libros anteriores, Otori Takeo ha llevado por fin la paz y la estabilidad a los Tres Reinos. Quince años de gobierno pacífico le contemplan. Sin embargo, las conspiraciones de sus enemigos, algunos de los cuales se cuentan entre sus propios familiares, la creciente presión por parte de los exploradores y misioneros occidentales y las ambiciones del emperador y de su aparentemente invencible señor de la guerra, Saga Hideki, amenazan con volver a sumergir los Tres Países en un baño de sangre. Las maquinaciones de la Tribu, una especie de mezcla entre ninjas y magos, continúan y las profecías pronunciadas deben ahora cumplirse.

La historia se conduce así a un final apropiado, con algún rayo de esperanza pero inevitablemente trágico. Lírico, bello, exótico, y de serena melancolía, así es el Japón medieval en que se inspiran Las leyendas de los Otori y así es también El lamento de la garza. Se trata de un final triste pero apropiado para la saga. La larga racha de victorias de Otori Takeo no podían dejar de tener un elevado coste, y antes o después debe llegar el momento de pagarlo.

La historia es amplia, ambiciosa, con muchos personajes y líneas argumentales. Es precisamente esta ambición su mayor defecto. A veces parece que Lian Hearn está a punto de perder el control de una narración tan compleja. Efectivamente, varias de estas líneas argumentales no llegan a desarrollar su potencial. Los misioneros y comerciantes occidentales, la secta de los ocultos y la reaparición de la hermana de Takeo no juegan un papel relevante en el desenlace, como hubiera sido de esperar por su importancia en la trama. Personajes que hubieran merecido convertirse en protagonistas importantes se quedan en secundarios. En ocasiones nos enteramos por testimonios de segunda mano de acontecimientos que hubieran debido figurar en el primer plano de la narración. Sencillamente no hay espacio en la novela para atar todos los cabos de forma satisfactoria.

De todas formas, la imaginación de la autora y su habilidad para crear personajes y evocar ambientes, a la vez que su lenguaje lírico y hermoso, compensan estos defectos y hacen de El lamento de la garza una digna conclusión de la saga.

Queda ahora esperar a que llegue a España la quinta y última novela de la serie. La prometida precuela, Heaven's Net is Wide, apareció el año pasado en inglés y cuenta la historia de Otori Shigeru, el padre adoptivo de Takeo, y de la señora Maruyama.

Entretanto, me he prometido a mí mismo que voy a leer Shogun, de James Clavell, del que tengo buenas referencias y que trata sobre el Japón de este período en clave de novela histórica en vez de fantástica (y no, no he visto la serie).

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miércoles, marzo 26, 2008

La vieja guardia, de John Scalzi

Old Man's War


El día de su 75 cumpleaños John Perry hizo dos cosas: visitó la tumba de su esposa y se alistó en el ejército.

Old Man's WarComo comienzo no está nada mal, desde luego es memorable. Poco a poco nos enteramos de que el ejército en cuestión pertenece a las colonias humanas, que están en guerra continua con numerosas especies alienígenas hostiles. Las colonias humanas, por motivos que en ningún momento se justifican convincentemente, mantienen a la Tierra desinformada y aislada, cosa que pueden hacer ya que controlan el viaje interestelar y numerosas otras tecnologías avanzadas. Eso sí, reclutan a ancianos de la Tierra para combatir y gracias a su capacidad tecnológica son capaces de rejuvenecerles, dándoles un cuerpo joven y en perfecta forma, además de un útil ordenador en contacto directo con su cerebro. El lado malo es que nunca más podrán volver a la Tierra y que durante el período de servicio militar que se requiere de ellos la tasa de supervivencia es muy baja.

La novela, pues, cuenta la historia del alistamiento de John Perry, las amistades que traba en el ejército colonial y su proceso de entrenamiento y preparación para la guerra. También seguimos su progreso en varias acciones militares contra adversarios de muy distinto tipo.

Se ha calificado frecuentemente a Old Man's War como una mezcla entre la Starship Troopers de Heinlein y la Forever War de Haldeman. La comparación, desde luego, es extremadamente acertada en el caso de Starship Troopers: La vieja guardia es un intento de recuperar el encanto de esta novela juvenil de Heinlein, actualizándola y dirigiéndola hacia una audiencia adulta.

Old Man's War carece del tono promilitarista de Starship Troopers. En lugar de ello hay algún ramalazo pacifista y algún examen de los efectos psicológicos de la guerra que pueden recordar a The Forever War, sin que las semejanzas vayan mucho más allá en este caso. Además, está escrito en un tono desenfadado y por momentos divertido, lo que junto con las aventuras bélicas espaciales que describe lo hacen muy entretenido de leer.

La Vieja GuardiaAunque John Perry es un personaje bien dibujado y con un buen sentido del humor irónico, me resultó algo molesto que el resto de sus amistades también poseyeran el mismo sentido del humor. Demasiado parecidos todos los personajes, vaya. Otro problema de la novela es que, aunque funciona perfectamente como lectura ágil y divertida, podría haber sido mejor si el aspecto más serio de ciencia ficción hubiese resultado creíble. Sin embargo no queda claro por qué las colonias marginan y mantienen en la ignorancia de esa forma a la Tierra, excepto para permitir que el protagonista no sepa qué esperar del servicio militar y por tanto los lectores podamos ir descubriéndolo con él. Tampoco las guerras contra las distintas especies alienígenas resultan demasiado creíbles: Parecería que semejantes conflictos bélicos habrían de decidirse mediante el combate entre poderosas naves de guerra espaciales, siendo el combate cuerpo a cuerpo en la superficie de los planetas una mera anécdota. Sin embargo, simplemente porque eso encaja con la premisa de la novela, aquí cobra gran relevancia el combate cuerpo a cuerpo.

Por otra parte, momentos como la batalla contra seres alienígenas de tamaño diminuto desafían la capacidad del lector de suspender su incredulidad. Tampoco ayuda que casualmente todas las especies en conflicto tengan un nivel tecnológico más o menos equiparable (excepto una que podría barrer a las demás pero no lo hace porque tiene sus propios motivos religioso/culturales para desear estar en guerra continua).

En resumen, que resulta complicado tomarse en serio desde un punto de vista intelectual la historia que cuenta esta novela. Así pues, lo que nos queda es un lectura dinámica y muy divertida de ciencia ficción bélica, con algunos elementos novedosos. Además está bien escrita, con inteligencia y sentido del humor. No es poco, ni mucho menos, aunque precisamente por esas virtudes también queda la incómoda sensación de que quizá Old Man's War podría haber sido algo más.

John Scalzi

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lunes, febrero 18, 2008

Cloud Atlas, de David Mitchell


Al igual que en Ghostwritten y number9dream, David Mitchell estructura Cloud Atlas (El atlas de las nubes) como una colección de novelas cortas entrelazadas entre sí. A falta de leer number9dream, creo que el autor alcanza aquí cotas mayores de dominio técnico sobre las historias que está contando. A pesar de tratarse de narraciones ambientadas en épocas muy diferentes, la unión temática va más allá de las conexiones anecdóticas (que también existen) para llegar a un nivel más profundo de significado común. Sutilmente todas las historias, por distintas entre sí que sean, van apuntando en la misma dirección, hacia el mismo mensaje final.

Como novedad, las historias están emplazadas en el libro como una de esas muñecas rusas matrioshka, que están situadas una dentro de la otra. Así, las seis novelas cortas están divididas en dos partes cada una, de forma que el primer capítulo del libro es el comienzo de la primera novela corta y el último es el final; el segundo capítulo es el comienzo de la segunda novela corta y el penúltimo es el final; y así sucesivamente hasta llegar a la sexta historia, que no está dividida y que ocupa la sección central del libro.

En el primer y el undécimo capítulo, titulados The Pacific Journal of Adam Ewing, nos encontramos con el diario de un abogado americano que se encuentra embarcado en un velero que recorre los mares del sur en 1850, mientras cumple un encargo por cuenta de uno de los cliente de su buffete. Descubrimos a través de sus ojos, las sociedades formadas por misioneros y otros colonos occidentales y también distintos tipos de culturas indígenas. Además, nos encontramos con que un médico inglés con el que Adam Ewing traba amistad le diagnostica una rara enfermedad causada por un parásito tropical, que lo llevará al borde de la muerte.

En Letters from Zedelghem, segundo y décimo capítulo, se nos cuenta de forma epistolar la historia de Robert Frobisher, un músico inglés tan joven como brillante, desheredado por su familia, que consigue que un célebre pero viejo y enfermo compositor centroeuropeo le acepte como amanuense. La historia está ambientada en 1939 y nos llega a través de las cartas que Frobisher escribe a su amigo Sixsmith. Todo se complica cuando el protagonista se involucra sentimentalmente tanto con la esposa como con la hija de su patrón. Para colmo, tanto el joven Frobisher como el viejo compositor tienen sus propios motivos, bastante turbios, para aprovecharse de su relación.

Half-Lives: The First Luisa Rey Mystery, está ambientada en California en 1975, y conforma los capítulos tercero y noveno. Se trata de un clásica historia noir de detectives, en la que una joven periodista se enfrenta a una poderosa corporación energética que trata de impedir que salgan a la luz unos informes que exponen fallos de seguridad en sus reactores.

Los capítulos cuarto y octavo llevan por título The Ghastly Ordeal of Timothy Cavendish y están ambientados a principios del siglo XXI. Cuentan la historia del viejo propietario de una pequeña empresa de autoedición, que alcanza el éxito cuando uno de sus clientes asesina en público a un crítico que escribió una reseña desfavorable de su novela, lo que hace que el libro se convierta en un bestseller. Por desgracia para Cavendish, los familiares de su cliente pertenecen a un grupo criminal y no están dispuestos a aceptar que el editor se quede con todos los beneficios. En su huida, Cavendish se ve internado contra su voluntad en un asilo para la tercera edad.

An Orison of Sonmi-451 es el título de los capítulos quinto y séptimo. En un futuro distópico, Sonmi-451, un clon genéticamente diseñado para ser mano de obra casi esclava por una megacorporación, es entrevistada antes de su ejecución por participar en actividades revolucionarias. De alguna forma, Sonmi-451 ha trascendido la escasa capacidad intelectual que se les supone a los clones como ella.

Finalmente, el sexto capítulo contiene la historia Sloosha's Crossin' an' Ev'rythin' After, la única que se presenta de forma ininterrumpida. En un fututo distante y postapocalíptico, la civilización ha desaparecido tras un acontecimiento llamado la "caída", que las primitivas sociedades humanas que permanecen sobre la Tierra sólo conocen a través de leyendas. Zach'ry, miembro de una sociedad tribal que trata de aferrarse a los últimos vestigios de civilización, se convierte en el anfitrión de Meronym, representante de los únicos restos de civilización tecnológica que quedan sobre el planeta.


Qué decir sobre esta obra... Comentaba en mis entradas sobre Ghostwritten y Black Swan Green que David Mitchell es un virtuoso del lenguaje. Esa impresión se ve confirmada aquí. Cada un de las historias está ambientada en una época distinta, y en cada una de ellas se usa un lenguaje radicalmente diferente al de cualquiera de las otras, con el único rasgo común del perfecto dominio sobre la historia del que hace gala el autor en todas ellas. Mitchell parece sentirse como pez en el agua tanto con el lenguaje arcaico de The Pacific Journal of Adam Ewing como con el dialecto corrompido hasta ser casi irreconocible que hablan los protagonistas de Sloosha's Crossin' an' Ev'rythin' After.

Además, su capacidad como contador de historias es soberbia. Esta novela es el resultado de una planificación intelectual impecable, en la que todo encaja como en un mecanismo de relojería, pero es necesario explicar que además de producir admiración intelectual y estética también es enormemente divertida de leer. Mitchell juega con el lenguaje y las convenciones de géneros muy distintos y los utiliza para contar historias que cautivan al lector y le mantienen interesado en todo momento por descubrir el desenlace. Incluso Half-Lives: The First Luisa Rey Mystery, posiblemente la más convencional de las novelas cortas que forman parte de Cloud Atlas, asombra por lo bien que Mitchell comprende e interioriza las herramientas del género negro.

Se pueden citar pocos defectos. Me pareció que en Half-Lives los acontecimientos iban por delante de la protagonista, que más que controlarlos a través de su trabajo de investigación parecía verse llevada en volandas por los mismos. En An Orison of Sonmi-451, por lo demás una excelente narración de ciencia ficción, el giro final me resultó algo forzado e inverosímil. Hay que entender, por lo demás, que ninguna de las historia es asombrosamente original por sí sola, aunque todas ellas están muy bien contadas.

David MitchellNo dejan de ser detalles sin importancia ante las virtudes de esta estupenda novela. Resulta asombroso lo interesante que resultan las distintas historias y lo elegantemente que Mitchell nos lleva de la mano para acabar exponiéndonos su mensaje común, a la vez pesimista sobre la condición humana y portador de esperanzas sobre la posibilidad de que lo mejor del ser humano se pueda acabar imponiendo a su carácter predatorio.

En fin, no puedo más que aconsejaros que no os privéis del placer de leer a David Mitchell. Es un escritor sencillamente brillante.


Por cierto, para el que piense leerla en versión original tengo que advertir que el nivel de inglés es bastante exigente, ya que tanto en los capítulos ambientados en el pasado como en el futuro el inglés empleado se diferencia claramente de lo que entendemos por "standard English". Eso sí, el que se atreva a leerlo en inglés probablemente vea su esfuerzo recompensado, porque dudo mucho que el traductor haya podido hacerle justicia a Cloud Atlas.

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lunes, febrero 11, 2008

La carretera, de Cormac McCarthy

 The Road

Cormac McCarthy es uno de los grandes de la literatura estadounidense, y su nombre siempre suena entre las listas de favoritos cada vez que se falla el premio Nobel, aunque por el momento no se lo haya llevado. No había leído ninguna novela suya, pero qué mejor ocasión para empezar que la publicación de una novela de ciencia ficción, siguiendo la tendencia de otros autores mainstream que se atreven con componentes tradicionalmente reservados al guetto del género.

The Road es una novela muy breve, poco más de doscientas páginas en su edición en inglés, y trata del viaje de un padre y su hijo pequeño a través de unos Estados Unidos devastados por alguna catástrofe indeterminada ocurrida años atras. Se dirigen hacia el sur, huyendo del hambre y el frío. Es casi imposible encontrar alimentos; todo ha sido saqueado ya. El horizonte y el suelo están cubiertos de ceniza. El frío se ceba con los escasos supervivientes. Bandas de caníbales campan a sus anchas e infringen atrocidades sobre aquellos lo suficientemente desafortunados como para caer en sus manos. En este escenario dantesco, los protagonistas, cuyo nombre nunca nos es revelado, andan con desesperante lentitud, enfermos y hambrientos, empujando un carro de supermercado con sus escasas posesiones a lo largo de carreteras en ruinas, escondiéndose de los peligros, buscando algo que echarse a la boca y luchando contra su peor enemigo: la desesperación.

El género postapocalíptico, muy tradicional en la ciencia ficción, es tratado aquí de un modo intimista y descarnado, alejado del enfoque aventurero que es habitual en el género. El autor utiliza un lenguaje lacónico y minimalista, con frases cortas y diálogos circulares como recurso con el que transmitir la sensación de desesperación y cansancio resignado en la que se ven envueltos los protagonistas. Por momentos la tristeza y falta de perspectivas atenanzan al lector y resultan abrumadoras. Es curioso cómo con frases tan repetitivas y sencillas se puede transmitir tanta emoción. Es la maestría encontrada en la simplicidad. Parece fácil conseguirlo, pero no lo es.

El padre, enfermo y tratando de ocultar a su hijo la sangre que expulsa al toser, intenta de forma conmovedora y con escaso éxito mantener alta la moral del pequeño, que puede ser niño pero no tonto, y que contempla las esperanzas que trata de transmitirle su padre con resignado excepticismo. La muerte parece en muchos momentos una alternativa atractiva, ante tanto sufrimiento sin esperanzas, pero los seres humanos se siguen aferrando instintivamente a la vida.

En fin, material poco apropiado para salir de una depresión, pero genuinamente emocionante y aleccionador. La novela explora temas como el amor entre padres e hijos y el significado de la ética en circunstancias extremas (¿tiene sentido ayudar a un anciano dándole parte de tu alimento cuando sabes que lo vas a necesitar y que de todas formas él va a morir pronto?). El autor parece cebarse con sus protagonistas y con el lector, propinándoles un mazazo tras otro. De hecho, a pesar de lo breve de la novela no pude dejar de pensar en algunos momentos que su longitud es excesiva, que no hacía falta insistir tanto en lo mismo y que la historia podría haberse contado en una menor extensión. Claro que sumergirse en este universo de desesperanza y de elegancia en la economía del lenguaje es un placer (o una tortura, dependiendo del punto de vista). Las dos cosas al mismo tiempo, en realidad.

Por lo demás, desde el punto de vista especulativo The Road no añade nada a lo ya visto en otras novelas post-apocalípticas. De hecho carece de muchos de los elementos típicos de estas novelas: no hay una exploración seria de las causas ni las consecuencias de una hecatombre que destruya la civilización, ni héroes con recursos y esperanzas, ni ideas sobre cómo podrían configurarse las sociedades formadas por los supervivientes. Pero tristeza, emoción, desesperación, el dolor descarnado que sólo una historia contada desde el corazón puede trasmitir... todo esto sí que se puede encontrar en La carretera.

En resumen, una obra más que recomendable, siempre que uno no esté buscando una historia inspiradora y que levante el ánimo al lector, y un nuevo autor que apuntar para futuras lecturas.

Cormac McCarthy

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lunes, enero 21, 2008

Fabricantes de sueños 2006

Fabricantes de sueños 2006
Esta reseña fue publicada originalmente en C de Cyberdark.


Fabricantes de sueños es una antología que cada año pretende reunir los mejores relatos de temática fantástica escritos en castellano. Se trata de una de las dos antologías que publica anualmente la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror). La otra antología, Visiones, recoge relatos inéditos. Cada año se designa un editor o comité de editores que seleccionen los relatos a incluir en la colección. En el caso de Fabricantes de sueños 2006, la selección ha corrido a cargo de los miembros de la TerBi, tertulia literaria bilbaína dedicada al género fantástico.

El volumen comienza con una breve introducción explicando el objetivo de la antología y el mecanismo de selección que se ha seguido para escoger los relatos. Merece resaltarse el esfuerzo que han realizado los miembros de la TerBi para considerar no sólo los relatos aparecidos en revistas o antologías impresas, sino también en las principales publicaciones por internet. Aparte de esto, hubiera sido de agradecer un repaso a la situación del género fantástico durante el año en cuestión –premios, aparición o desaparición de publicaciones periódicas, etc–. Aun sin llegar, por razones de espacio, al nivel del maravillosamente exhaustivo capítulo introductorio de las antologías The Year's Best Science Fiction, que edita Gardner Dozois en EEUU, algún esfuerzo en este sentido habría añadido valor a la colección de relatos. Otra cosa que se echa en falta es un par de párrafos antes de cada relato presentando al autor, lo cual hubiera sido especialmente conveniente dado el carácter divulgativo que pretende tener la antología.

Sin más disgresiones, vamos a comentar muy brevemente los trece relatos que se incluyen en el volumen.

“La quinta ley”, de Elia Barceló, es un homenaje a los clásicos relatos de robots asimovianos. Trata de un anciano ingeniero especialista en robótica que, ya jubilado, trabaja como recepcionista en un museo ante la indiferencia de una sociedad que ha evolucionado más allá de las esperanzas e ideales del protagonista. La frialdad de los robots se presta paradójicamente bien a relatos de tipo sentimental como éste, que recuerda a alguno de los escritos por Mike Resnick. Elia Barceló se desenvuelve bien en esta agradable historia de corte clásico que permite iniciar la antología con un buen sabor de boca.

“El ángel oscuro”, de Luisa María García Velasco, comienza como un relato de terror, con una pareja que se muda a una casa en el campo y descubre un perturbador diario que aparentemente describe el crimen cometido por una loca. La historia está bien contada, creando una atmósfera inquietante, y pide a gritos un giro final sorprendente el cual, efectivamente, se produce. Al menos a mí consiguió sorprenderme, y el relato hubiera sido totalmente satisfactorio de no ser porque la solución final resulta algo inverosímil.

“Sushi”, de Marc Rodríguez Soto, es un relato ultracorto sobre un hombre que se pregunta si su pareja, que yace a su lado en la cama, está dormida o muerta. Pese a su escasa extensión logra causar desasosiego. No le veo componente fantástico alguno, aunque supongo que el componente de terror psicológico es suficiente para justificar su presencia.

“El deudor”, de Sergio Gaut Vel Hartman, es una historia de fantasía con un humor deliciosamente surrealista, sobre un ciudadano indefenso ante unos cobradores corporativos con curiosos métodos para saldar cualquier deuda, real o imaginada. Seguramente habrá lectores que no conecten con un relato de este tipo, pero en mi caso sí que funcionó. Se diría que el autor ha debido tener alguna mala experiencia con la burocracia empresarial.

“Ambrotos”, de Yoss, es un relato de ciencia ficción con sabor a space opera. Trata sobre un náufrago espacial que sobrevive en un planeta hostil con la ayuda de un organismo extraterrestre inteligente y con capacidad telepática. De nuevo se trata de ciencia ficción de corte clásico por la que reconozco que tengo debilidad. Como a muchos de estos relatos, se le puede reprochar un uso excesivo del diálogo para dar información al lector, pero también hace gala del correspondiente sentido de la maravilla.

“Los olvidados de Dios”, de Antonio Cebrián, es otro relato fantástico de tintes surrealistas que narra un fin del mundo un tanto alocado, con alguna influencia del relato de Ted Chiang “El infierno es la ausencia de Dios” Divertido, aunque quizá demasiado absurdo para mi gusto, sin estar lo suficientemente apartado del realismo para que ello me resulte indiferente. En fin, que en mi caso funcionó mejor “El deudor”, aunque admito que ésta es una apreciación totalmente personal y subjetiva.

“No me miren”, de Gabriel Mérida, es una historia policíaca sobre un crimen que podría haber sido cometido por un banco de órganos creados genéticamente para el trasplante, el cual de alguna forma habría desarrollado consciencia propia. Breve y con algunos buenos momentos humorísticos, aunque como relato de detectives cuesta tomárselo en serio.

“La invariante CHON”, de Víctor Conde, es ciencia ficción «dura» con influencias del universo de los pupilos de David Brin. Trata sobre una nave espacial diplomática que se dispone a supervisar el examen en el que se pone a prueba las capacidades de una especie inteligente alienígena, los delvan, para unirse en condiciones de igualdad a la comunidad de seres sapientes de la galaxia. El problema es que los Delvan resultan ser una especie esclavizada por los terceros, una rama escindida de la humanidad que se ha adaptado para vivir en condiciones ambientales muy extremas. La prueba ha sido diseñada para que no tenga éxito, y además hay intenciones ocultas tras la misma, por todas las partes. Es una historia exótica y atractiva, aunque algo confusa. A más de uno se le atragantará también el continuo uso de terminología científica. Por otra parte, no puedo evitar pensar que en este tipo de historias se debería dedicar más esfuerzo a la planificación de la historia, porque las revelaciones finales me parecieron un tanto arbitrarias.

“La biblioteca de Alejandría”, de Carlos Abraham, cuenta la historia de un erudito español que vive en América en la época colonial. Tras encontrar los restos de una ciudad construida por una civilización antiquísima, se ve transportado hacia atrás en el tiempo, quedando atrapado y viviendo su vida en la época de esplendor de la misma. Exquisitamente narrada, evocadora, emotiva... sencillamente excelente. Si tuviese que señalar una historia que a mi juicio sea la mejor del volumen, tendría que ser ésta.

“Final”, de Ezequiel Delutri, es un relato cyberpunk sobre un criminal nihilista y violento que espera la muerte como consecuencia de la inevitable venganza de un líder mafioso al que ha robado. Interesante y muy correcto, aunque reconozco que el argumento no está entre mis temáticas predilectas. La mayor parte de los relatos de este tipo me parecen demasiado similares.

“Ulysses”, de José Antonio Fuentes Sanz, vuelve al tema de los robots para ofrecernos un relato sobre unos organismos cibernéticos diseñados específicamente para la guerra. Uno de ellos comienza a pensar por sí mismo, con resultados particularmente violentos. El tema no es novedoso pero considero que el autor hace un trabajo creíble a la hora de describir la psicología del robot, y como relato bélico resulta también dinámico y entretenido.

“Tiempo muerto”, de José Ángel Menéndez Lucas, es un relato extremadamente breve que trata sobre el tiempo y, más concretamente, sobre un científico que posee una máquina capaz de detenerlo. Quizás se le pueda acusar de poco serio, incluso de ser algo simplón en determinadas escenas, pero el final me pareció adecuadamente inquietante. Divertido sin más.

“La traición de Judas”, de Joaquín Revuelta, es la historia que cierra el volumen. Se trata de otro intrincado relato cyberpunk, con protagonista cínico y de vuelta de todo que es contratado para encontrar y eliminar al hijo de un magnate desaparecido. Excepcional ambientación, colorista y repleta de tecnología, aunque algo excesiva y sobrecargada, como por otra parte suele ocurrir en este tipo de relatos. Por no faltar, no falta ni siquiera un guiño a Philip K. Dick en la resolución final. Muy bueno.

En resumen, comparándola con alguna recopilación norteamericana de los mejores relatos del año que he leído, diría que Fabricantes de Sueños 2006 hace un papel bastante digno como muestra del quehacer de los narradores de género fantástico en nuestra lengua. Como es inevitable en este tipo de antologías, los relatos son muy diversos y no todos ellos conectarán con el lector, pero con este más que aceptable nivel medio estoy seguro de que algunos de ellos resultarán un descubrimiento agradable.

Siempre ocurre en estos casos que el acierto en la elección de los relatos resulta motivo de discusión. En este sentido me temo que mi lectura de los relatos breves aparecidos en el año 2006 es poco exhaustiva y no me permite aventurar una opinión, pero sí me ha comentado Ignacio Illarregui, coordinador de esta página, que le resultó sorprendente la ausencia de relatos de gran calidad que habían obtenido reconocimiento en los premios Ignotus y Xatafi-Cyberdark, entre ellos “Días de otoño” de Santiago Eximeno, “Margabarismos” de Félix Palma y “La cotorra de Humboldt” de Lorenzo Luengo. Habida cuenta del sistemático proceso de selección que se ha seguido en este volumen no parece que se pueda atribuir su ausencia a que los editores los hayan pasado por alto, sino más bien a que han tenido una opinión diferente o quién sabe si a alguna dificultad con el permiso de publicación.

Dicho esto, no dudo en recomendar esta antología a cualquier aficionado a la narrativa breve fantástica, aunque por el carácter algo duro de alguno de los relatos no es lo más apropiado para introducir a alguien no acostumbrado al género.



Título: Fabricantes de sueños 2006
Selección: Tertulia Literaria de Bilbao
Editorial: Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror
Año: 2007
ISBN: 978-84-932347-4-4
Contenido:

Antonio Cebrián - "Los olvidados de Dios"

Yoss - "Ambrotos"

Gabriel Mérida - "No me miren"

Luisa María García Velasco - "El ángel oscuro"

Sergio Gaut vel Hartman - "El deudor"

Ezequiel Dellutri - "Final"

Carlos Abraham - "La biblioteca de Alejandría"

Víctor Conde - "La invariante Chon"

Joaquín Revuelta - "La traición de Judas"

Elia Barceló - "La quinta ley"

Marc R. Soto - "Sushi"

José Ángel Menéndez Lucas - "Tiempo muerto"

José Antonio Fuentes Sanz - "Ulysses"

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jueves, noviembre 29, 2007

El último día de la guerra, de Christopher Priest

El ultimo dia de la guerra

Christopher Priest es uno de los autores de talento más respetado dentro del género fantástico, así que la lectura de alguna de sus novelas era una asignatura pendiente para mí. Finalmente la elegida para comenzar ha sido The Separation, su obra más reciente. Me he enterado con posterioridad de que es también una de sus novelas más complejas, y quizá no la más recomendable como introducción. En cualquier caso, me extenderé más sobre esto tras explicar el argumento.

The Separation cuenta la historia de dos hermanos gemelos ingleses, Jack L. y Joe L. Sawyer. Formando pareja como remeros, los hermanos viajan a Berlín en 1936 para participar en los Juegos Olímpicos, donde consiguen una medalla de bronce para su país. Pero los intereses deportivos no son los únicos que ocupan su atención en este viaje, ya que se proponen visitar y ayudar, si es posible, a unos amigos de la familia que son judíos.

El grueso de la novela, sin embargo, se ocupa de los hechos acaecidos durante la segunda guerra mundial. Jack Sawyer se convirtió en aviador y participó en la guerra como miembro de la RAF, pilotando bombarderos en misiones de incursión en la zona nazi. Joe, por el contrario, se registró como objetor de conciencia y pasó a trabajar para la Cruz Roja como conductor de ambulancias.

Según se desarrollan las historias de estos dos personajes, empezamos a darnos cuentas de que algunos hechos no encajan. Las discrepancias finalmente van mucho más allá de lo que puede justificarse por simples diferencias en los puntos de vista, errores de apreciación y olvidos. Va quedando claro que Christopher Priest está contando historias situadas en dos realidades alternativas, en las cuales el resultado de la guerra no es el mismo. Inmediatamente surge la cuestión de qué es real y qué no lo es, en qué narradores podemos confiar. Las historias están interrelacionadas aunque no parece claro exactamente cuál es la relación. Así, tenemos a un divulgador de temas históricos que vive en una de esas dos realidades mucho después del final de la guerra, pero que sin embargo encuentra documentos que parecen corresponderse con la otra realidad.

The SeparationSin entrar en más detalles sobre el argumento, para dejar que el lector lo descubra por sí mismo, me conformo con decir que Priest consigue construir una historia alternativa fascinante, de calidad literaria superior a lo que se estila en este subgénero. The Separation es en parte thriller de guerra (y como tal mantiene el interés en todo momento), y en parte historia alternativa, llena de simbolismo relacionado con el papel de los gemelos y de los dobles (varios dobles de personajes relevantes para la guerra intervienen en la historia).

Aquí no tenemos el clásico ¿qué pasaría si los nazis hubieran ganado la guerra?, sino que la historia plantea unas ideas e interrogantes distintos. En primer lugar, se reflexiona sobre lo complicado que es recopilar testimonios de primera mano sobre una guerra, ya que diferentes personas ven los mismos hechos de forma muy distinta. Esto es cierto no sólo en cuanto a los errores en el recuerdo de los detalles, sino en la propia interpretación de los hechos. Así, en una versión tenemos un Winston Churchill que es el gran estadista, enérgico, tenaz y de profundas convicciones, que todos conocemos. En otra versión lo vemos como un belicista irredento que comete graves errores y utiliza la guerra para relanzar su propia carrera política, por entonces estancada y desprestigiada. Y sin embargo, ambas reflejan a la misma persona. Ninguna de las dos versiones se descarta ni se presenta como totalmente cierta.

Tampoco es ésta una novela antibelicista. Al menos no por completo. El mensaje de Priest parece ser que las cosas raramente son lo que parecen, y que la primera víctima de la guerra es la verdad, ya que es imprescindible para cualquier gobierno embarcado en una guerra manipular la realidad para aunar las voluntades de sus ciudadanos.

Resulta interesante que la guerra que ha elegido el autor haya sido precisamente la segunda guerra mundial desde el punto de vista de los aliados. Seguramente si se nos pidiera que pusiéramos un ejemplo de guerra justa sería precisamente ésa. Priest no lo discute, pero tampoco descarta que pudieran haber existido otras salidas mejores a la situación que se había creado. Resulta especialmente ilustrativa la vista en la cual se decide si conceder a Joe Sawyer la categoría de objetor de conciencia. Joe reconoce la naturaleza agresiva y totalitaria de los nazis, y cuando se le pregunta cómo justifica no querer luchar contra ellos cuando es su propia libertad la que está en juego no sabe cómo responder, únicamente dice que por sus convicciones morales se siente incapaz de formar parte del esfuerzo bélico, ya que considera que por noble que sea la intención detrás de la guerra ésta se derrota a si misma debido a la atrocidad del medio empleado. Al final, la idea transmitida parece ser que, sin rechazar de forma total que la guerra puede ser necesaria bajo ciertas circunstancias, merece la pena sospechar de las motivaciones oficiales y considerar que las cosas nunca son tan totalmente blancas o negras como se nos quiere vender.

Otro tema que se explora en la novela, quizás de forma menos convincente, es que las acciones y decisiones morales de una persona normal pueden marcar una diferencia en el curso de la historia. Ambos gemelos se ven envueltos, de forma muy distinta, en el supuesto plan de paz de Rudolf Hess. En la vida real, sin embargo, la mayor parte de la gente no puede esperar que el destino les coloque en una posición en la que poder influir en la historia de forma decisiva. De hecho, en la novela los personajes tampoco juegan más que un papel totalemnte secundario en la marcha de la guerra, lo cual descuadra al lector porque no responde a sus expectativas.

Christopher PriestPor lo demás, esta novela cuenta una historia fascinante, compleja y ambigua, de lectura compulsiva. En la parte negativa citaría que no se crea una cercanía emocional hacia los personajes tan marcada como en otras novelas del género. The Separation se dirige a la parte racional de la mente más que a la emocional. No es que esto sea necesariamente un defecto, simplemente es una característica.

Otra cosa que me molestó al leerla es que el final, que yo esperaba que encajara a la perfeccción como un mecanismo de relojería, me resultó insatisfactorio porque esto no ocurría. Ni siquiera es que se trate de un final abierto o ambiguo. Simplemente es un final incoherente, donde ninguna de las versiones de la historia puede ser real sin incurrir en contradicciones consigo misma. No puedo extenderme más sobre el tema sin spoilers, así que lo dejaré ahí, pero ése final tiene mucho que discutir. Queda la sensación de haber leído una muy buena novela, pero no se puede suprimir un "sí, pero.."

Es una pena, aunque en cualquier caso sigue siendo una novela que se puede recomendar con total tranquilidad a cualquier aficionado a la buena literatura fantástica.

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lunes, noviembre 19, 2007

Gel azul, de Bernardo Fernández "Bef"

Gel Azul

Esta reseña fue publicada originalmente en C de Cyberdark.


La ciencia ficción mexicana, al igual que ocurre con la procedente del resto de hispanoamérica, es una gran desconocida para el lector español. Es una pena, porque la coincidencia idiomática se presta a un mayor intercambio cultural también en lo que se refiere al género fantástico. Sin embargo, la realidad editorial es la que es y no parece que vaya a cambiar a corto plazo. Por ahora nos tendremos que conformar con las ocasionales narraciones que nos llegan a través del premio UPC o con las contadas novelas que se publican, como la reciente Ygdrasil del chileno Jorge Baradit.

Gel azul, obra de Bernardo Fernández "Bef" publicada dentro de la colección Vórtice de Ediciones Parnaso, incluye dos novelas cortas y un relato. La primera de las novelas cortas, que da título al libro, es una mezcla de cyberpunk con novela negra hard boiled, dos géneros que tienden a combinarse bien debido a la deshumanización que puede llegar a producirse en las sociedades en las que se mezcla la tecnología avanzada y la pobreza de amplios sectores de la misma.

Crajales, antiguo hacker al que le quemaron la interfase cerebral de conexión a la red, es ahora un detective en horas bajas al que se encomienda la investigación de un crimen cometido contra Gloria Cubil, hija de un magnate multimillonario. Gloria, como muchos jóvenes pudientes, ha rechazado la realidad y vive permanentemente inmersa en la realidad virtual de la red, atendida por una máquina que mantiene su cuerpo con vida mientras ella disfruta de los paraísos privados diseñados por su mente o de la Red. Lo inusual es que en el tanque líquido en que permanece su cuerpo se ha encontrado un feto muerto, un hijo que Gloria, aislada desde hace mucho tiempo, no debía haber tenido por razones obvias. El pintoresco detective, amargado y de vuelta de todo, inicia una investigación con la que va descubriendo una trama criminal de grandes dimensiones.

Particularmente interesante resulta el dibujo de una sociedad sin valores en la que se entremezclan la alta tecnología con la miseria y la riqueza más extremas. El personaje de Crajales no deja de ser el tópico detective de novela negra, sin mostrar otros rasgos que le den mayor complejidad. Tampoco es que la extensión del relato se preste a ello, justo es reconocerlo. Lo novedoso es que Bernardo Fernández lleva el estereotipo del detective endurecido a su máxima expresión, llegando por momentos a parecer una parodia de sí mismo:

Al pasar junto a la recepcionista, Crajales escupe un gargajo sobre su escritorio. La mujer no logra reaccionar antes de que el detective abandone el hospital.

También llama la atención, aunque se trata de un recurso común en el género cyberpunk, la descripción de la actividad de los hackers mediante realidad virtual. Así, los piratas informáticos no programan ni encuentran agujeros de seguridad en el código, sino que tienen que eludir a perros guardianes que representan a programas de protección y pueden incluso llegar a atacar físicamente. Sin duda más dinámico de contar, pero no muy realista.

Lo mejor de “Gel azul” es la frescura e intensidad de sus imágenes, tanto en las partes ambientadas en el mundo real como en el ciberespacio –no en vano su autor ha trabajado en el mundo del cómic–. El problema, por otra parte, es que como novela negra resulta fallida. Está escrita como una sucesión de escenas cortas, y carece de sensación de continuidad o impresión de progreso a base del trabajo y la perspicacia del detective. En lugar de ello, todo llega rápidamente, sin apenas esfuerzo investigativo. En un par de ocasiones Crajales lanza acusaciones sin pruebas para ser recompensado con un «¿cómo lo supiste?». Si a esto le unimos que la trama criminal en sí es poco convincente –no resulta verosímil que se elija a los más ricos como víctimas de este tipo de crímenes–, nos encontramos con una historia interesante pero que podría haberse beneficiado de una reescritura que hubiese pulido algunos de sus defectos.

La segunda novela corta, "El estruendo del silencio", recibió una mención honorífica en el premio UPC 2004. Kobayashi, un egocéntrico magnate japonés de madre mexicana, prepara su boda mientras maneja de forma despiadada sus negocios e impulsa un proyecto faraónico que debería convertirle en pionero del viaje espacial. Por otra parte, MaReL y el Señor Ká son la inteligencia artificial de una nave que transporta el material genético para colonizar un nuevo planeta y el capitán cibernético de la misma. Ambos han sido diseñados para hacer un trabajo, pero con el tiempo comienzan a desarrollar otras inquietudes. Como no podía ser de otra forma, los dos hilos argumentales acaban entremezclándose.

Bernardo FernándezAquí la narración, sin abandonar la técnica de capítulos muy cortos, funciona mejor para un relato más intimista que el anterior. Bernardo Fernández transmite de forma eficaz la sensación de desamparo y deshumanización de las inteligencias artificiales, así como el aislamiento e inutilidad última de la vida del megalómano magnate.

Sigue estando presente la tendencia al exceso. A Kobayashi no le basta con gobernar sus empresas con mano de hierro y hacer básicamente lo que le viene en gana. También tiene que ordenar abiertamente que peguen una paliza a los ejecutivos de una empresa extranjera que se reúnen con él cuando no le complace el resultado de las negociaciones. Como ilustración del poder sin medida y la carencia de escrúpulos del personaje está bien, pero a veces se echa en falta algo más de sutileza. Algunos aspectos científicos resultan cuanto menos discutibles, cosa que también se observaba en "Gel azul".

A pesar de que todavía hay recorrido para la mejora, estamos ante una buena novela corta, con temas de más profundidad tratados con sensibilidad.

Cierra el volumen el relato "Bajo un cielo ajeno", que trata de la vida de los inmigrantes pobres que marchan a trabajar a Marte. Se trata obviamente de un traslado directo al ámbito de la ciencia ficción de una problemática situación social que bien conocen muchos ciudadanos latinoamericanos.

En resumen, estas tres historias de lenguaje colorista nos descubren a un escritor con puntos de vista, inquietudes y sensibilidades distintas a aquellas a las que estamos acostumbrados. Posiblemente carece todavía del oficio y el dominio técnico del que hacen gala algunos escritores anglosajones o españoles de género fantástico, pero esto es algo que se puede conseguir con la práctica.



Título: Gel azul
Autor: Bernardo Fernández
Editorial: Parnaso
Colección: Vórtice nº7
Año: 2006
ISBN: 978-84-96662-07-1

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martes, octubre 30, 2007

El Anillo del Espíritu, de Lois McMaster Bujold

The Spirit Ring

El anillo del espíritu permanecía inédita en España hasta hace poco tiempo, pero de hecho es la primera incursión de Lois McMaster Bujold en la fantasía, anterior a la saga de Chalion y a la más reciente saga del Vínculo del cuchillo. Tampoco es que sea la obra de una escritora novata, no obstante, ya que en el año de su publicación (1992) Bujold ya tenía ocho novelas publicadas.


La protagonista, Fiametta Beneforte, es la hija de un artesano orfebre y mago en el ducado Montefoglia, en una Italia renacentista en la que la magia es habitual y está regulada por gremios y edictos eclesiásticos. Fiametta muestra aptitudes para la magia, pero su padre duda sobre la conveniencia de tomar como aprendiz a una mujer, por mucho que sea su propia hija.

Mientras tanto, el joven Thur Ochs trabaja en las horribles condiciones de las minas de metal de Bruinwald, en Suiza. Su hermano mayor, Uri, se ha decantado por la carrera militar y trabaja para el duque de Montefoglia. Thur no desea seguir sus pasos, por lo que Uri le consigue un puesto como aprendiz del maestro Beneforte.

Sin embargo, antes de que Thur pueda incorporarse a su nuevo trabajo, las tensiones políticas que azotan Italia en esa época estallan en Montefoglia. La traición golpea en el corazón del ducado durantes las celebraciones anteriores a una boda. El duque es asesinado y la ciudad ocupada, a la vez que se instaura una represión despiadada.

Pero por detrás de las intrigas políticas están las intrigas mágicas, centradas en la creación de unos anillos con un poder que proveerán los espíritus esclavizados de personas muertas y no enterradas por los ritos de la Iglesia. Thur y Fiametta se verán envueltos de lleno en el corazón de todos estos acontecimientos.


El anillo del espírituEl motivo por el cual El anillo del espíritu no había sido publicado todavía en España es probablemente que no se trata de una gran novela. Es sólida, eso sí, escrita con oficio y con un argumento interesante, pero no están presentes la madurez narrativa de la saga de Chalion ni, desde luego, el ritmo trepidante y el humor de la serie de Miles Vorkosigan.

El comienzo es discreto. Demasiado lento, probablemente, y con unos personajes que no resultan particularmente originales (de hecho recuerdan en ocasiones a los típicos personajes de la novela romántica). En efecto, El anillo del espíritu tiene algo de novela romántica, siguiendo una tendencia de mezcla de elementos fantásticos, románticos y de aventura en la que también se encuadra Catherine Asaro (Rosa Cuántica, etc). También tiene algo de novela de aprendizaje, esta vez contada desde un punto de vista femenino.

Por otra parte es destacable su escenario, situado en una época histórica fascinante aunque modificada para incluir el empleo generalizado de la magia. Sin embargo, la historia tampoco se entretiene demasiado en explorar las posibilidades de dicho escenario, ya que es relativamente lineal y directa. Al menos se trata de una novela independiente y autoconclusiva, lo que será apreciado por los que se quejan del exceso de sagas y series en el panorama de la fantasía épica.

Según avanza la narración los problemas de ritmo desaparecen y nos quedamos con una competente historia de magia y aventuras. El resultado final es una obra entretenida pero no cautivadora, que será fácilmente olvidada una vez leída.

Lois M. BujoldLa autora explica en un apéndice las influencias en las que se ha basado: Prospero Beneforte está inspirado en la figura de Benvenuto Cellini, y el argumento en sí está construido a partir de una leyenda medieval que el tío-abuelo de la autora estudió en su tesis doctoral. Con estos buenos mimbres y su capacidad como contadora de historias quizá se podría haber hecho un poco más.

Resulta revelador que a pesar de los éxitos y premios Hugo que ya había obtenido Lois M. Bujold con la serie de Miles Vorkosigan, no le fue nada fácil vender esta obra. Finalmente se la vendió a la editorial Baen, a cambio de la promesa de seguir escribiendo libros sobre el genial Miles.

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martes, octubre 16, 2007

El bosque del cisne negro, de David Mitchell

Black Swan Green

His real name's Dean Moran (rhymes with "warren") but our P.E. teacher Mr. Carver started calling him "Moron" in our first week and it's stuck. I call him "Dean" if we're on our own but names aren't just names. Kids who're really popular get called by their first names, so Nick Yew's always just "Nick." Kids who're a bit popular like Gilbert Swinyard have sort of respectful nicknames like "Yardy." Next down are kids like me who call each other by our surnames. Below us are kids with piss-take nicknames like Moran Moron or Nicholas Briar, who's Knickerless Bra. It's all ranks, being a boy, like the army. If I called Gilbert Swinyard just "Swinyard," he'd kick my face in. Or if I called Moron "Dean" in front of everyone, it'd damage my own standing. So you've got to watch out.



David MitchellPara cualquiera que conozca la ambiciosa temática y carácter creativo de las novelas anteriores de David Mitchell, el argumento de Black Swan Green debe resultar inesperado por lo poco original, al menos en principio: se trata de una novela de aprendizaje que sigue un año en la vida de un chico de trece años que vive en un pequeño pueblo rural de Inglaterra, a principio de los 80. Un tema, en definitiva, que parece más propio de una primera novela que de la cuarta novela de un autor de prestigio literario, que se ha convertido ya en habitual de las listas de nominados del Man Booker Prize y que probablemente debería haberlo ganado ya.

Jason Taylor es un muchacho sensible e imaginativo, que lucha por encajar en la a menudo despiadada sociedad formada por los chicos de su edad. La tarea no es fácil para alguien que tiene varios secretos humillantes y vergonzosos que ocultar, como el hecho de que escribe poesía en sus ratos libres o su auténtica némesis, el tartamudeo (una de las pocas formas de invalidez de las que no está mal visto reirse).

Durante este año clave en su vida, en el que ha dejado atrás la infancia pero apenas comienza la adolescencia, Jason tendrá que lidiar entre otras cosas con el abuso escolar, la crisis matrimonial de sus padres, la muerte de una persona admirada, las peleas con su hermana mayor, un campamento gitano, las repercusiones de la guerra de las Malvinas, los problemas laborales de su padre, una herencia familiar destruida por descuido y, por supuesto, las actividades de esas misteriosas entidades conocidas como "chicas".

Black Swan Green está contada en primera persona. La caracterización es hábil y realista, algo que Mitchell ya ha demostrado ser capaz de hacer, pero la superior extensión dedicada a los mismos personajes permite una mayor profundidad. Me impresionó cómo el autor juega a veces con nuestras expectativas sobre los personajes. Cuando pensamos que ya los tenemos bien catalogados nos sorprenden con una reacción inesperada.

Como cualquiera que haya leído alguna novela suya sabe, Mitchell es técnicamente muy bueno, con un dominio envidiable del lenguaje y de la técnica narrativa. No es de extrañar por tanto que el libro interese y entretenga desde el primer momento. Sin embargo, comparado con esa montaña rusa que era Ghostwritten, que desde el principio captura al lector con su derroche de talento y creatividad, Black Swan Green tarda algo más en calentar motores. Creo que esto tiene algo que ver con la estructura de la novela. En Ghostwritten queda claro desde el principio que se trata de una colección de novelas cortas más o menos entrelazadas. Black Swan Green, en cambio, al principio parece una novela. Al cabo de varios capítulos te convences de que en realidad estás ante una colección de episodios con los mismos protagonistas pero relativamente independientes. A veces un capítulo termina en un momento álgido que, de forma frustrante, no es retomado en el siguiente. Según la historia avanza, sin embargo, te das cuenta de que después de todo sí que era una novela, que como otras veces Mitchell se las arregla para que todo vaya encajando a la perfección, sin apariencia de esfuerzo, como un mecanismo de relojería.

El tema, como hemos comentado antes, no es especialmente original. Muchas de las cosas que le pasan a Jason Taylor las hemos visto antes (¿chico mayor admirado por todos que muere en la guerra?... ver episodio 1 de Aquellos Maravillosos Años). Otras, no tanto. En cualquier caso, incluso las historias más familiares, cuando están muy bien contadas, son capaces de resucitar las emociones originales que las han hecho populares.

Uno de los puntos más interesantes de Black Swan Green es el Ahorcado (Hangman), personaje creado por la imaginación de Jason y que no es otro que la personificación de su archienemigo, la tartamudez, que se complace en bloquear palabras obligándolo a examinar mentalmente cada frase que va a decir y estar listo para utilizar circunloquios en vez de las palabras potencialmente conflictivas. Las reflexiones de Jason sobre la tartamudez muestran una perspicacia especialmente aguda, a la vista de la cual no me resultó sorprendente enterarme de que se trata de un aspecto totalmente autobiográfico, ya que el propio autor sufre un impedimento del habla similar al de su protagonista. Resulta interesante leer el artículo que sobre el tema Mitchell escribe en la página web oficial del libro. Este impedimento no impide que Jason ame el lenguaje. Al contrario, la narración resulta una encantadora mezcla de slang juvenil y de momentos de belleza lírica en las descripciones (aunque "belleza" no es una palabra que Jason pueda usar en público, ya que sus compañeros la considerarían "gay").

Como personaje, Jason Taylor resulta un acierto. Con sus debilidades y su excesiva vulnerabilidad a lo que los demás puedan pensar de él, acaba siendo sin embargo entrañable, porque ni él mismo se da cuenta de lo buena persona que es. Sus observaciones a menudo resultan especialmente articuladas e incisivas para un chico de trece años, pero Mitchell tiene el acierto de hacerlo brillante pero no demasiado. Conviven en él observaciones certeras con momentos de inocencia en los que no se da cuenta de lo que realmente está pasando.

El bosque del cisne negroEn definitiva, Black Swan Green es una novela que se hace excepcional partiendo de lo cotidiano. Es más humilde y menos deslumbrante que otras novelas del mismo autor, pero no por ello deja de ser excelente. La nostalgia está presente de forma mucho más sutil que en otras novelas de similar temática, y la sensación que queda es agridulce, aunque acabe predominando la esperanza. Mitchell es un genio. Tengo que reconocerlo, no puedo ser objetivo con este tío. Esto es buena literatura, no en el sentido de usar hábilmente el lenguaje pero aburrir soberanamente al lector, sino en el de usar hábilmente el lenguaje para ponerlo al servicio de la historia.


Eh... bueno, éste es un blog sobre el género fantástico y esta novela no es de género fantástico, pero me da igual. Por cierto, para los que la queráis leer en inglés: adelante, porque creo que merece la pena hacerlo, pero tengo que advertiros que en ese sentido Black Swan Green es un poco durilla, con mucho uso de jerga y expresiones informales que pueden hacérsele cuesta arriba al que no domine del todo el idioma. En español acaba de ser publicado con el título El bosque del cisne negro.

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lunes, octubre 08, 2007

The Last Light of the Sun

It is, as has long been said, the nature of the Cyngael that in the midst of brightest, shining joy, they carry an awareness of sorrows to come, an ending that waits, the curving of the arc. It is their way, the source of music in their voices (...)




The Last Light of the Sun


Guy Gavriel Kay, por lo que a mí respecta, es uno de los más grandes de entre los grandes escritores de fantasía épica.

Cada una de sus novelas es una muestra de amor por la historia y por las historias. Debido a sus exhaustivos períodos de documentación previa, sólo nos llega una nueva obra suya cada tres años, aproximadamente. Ahora bien, ese trabajo tiene su recompensa en el modo en que captura la esencia de la época histórica sobre la que está escribiendo. Kay sitúa sus relatos en distintas épocas históricas, como puede ser la Italia renacentista (Tigana), la Provenza de la cruzada albigense (A Song for Arbonne), la España de la reconquista (The Lions of Al-Rassan), Constantinopla (Sailing to Sarantium y Lord of Emperors) o, ahora, las invasiones vikingas de Inglaterra y Gales (The Last Light of the Sun). En vez de esos lugares, sin embargo, el autor prefiere usar versiones alternativas de los mismos, con distintos nombres, situados en un mundo muy parecido pero no idéntico al nuestro. Un mundo en el que existen algunos retazos de magia. De esta forma puede beneficiarse de la riqueza y profundidad que da nuestra historia, sin tener que verse constreñido por ella cuando no le interesa.

En cualquier caso, su principal rasgo distintivo no es ninguno de éstos, sino el enorme impacto emocional de sus historias. Dicho impacto lo consigue mediante una cuidada y compleja caracterización que liga afectivamente al lector con los personajes, para acabar enfrentándolos a acontecimientos realmente épicos con los que, a estas alturas, resulta inevitable implicarse por completo. Por ejemplo, el duelo final en The Lions of Al-Rassan, en el que dos protagonistas queridos se enfrentan a muerte, es una de las escenas más intensas que recuerdo en cualquier novela de fantasía épica.

Pero vayamos a la novela en cuestión. Como he mencionado antes, la acción transcurre en una versión fantástica de nuestro mundo, durante la época de las incursiones vikingas. Sólo que aquí a los vikingos se les conoce como Erlings, a los galeses como Cyngael y a los anglosajones como Anglcyn. Nomenclaturas aparte, el caso es que en Escandinavia el joven Bern Thorkellson se ha convertido en un siervo cuando su padre, que en su tiempo combatiera a las órdenes del mítico Siggur Volganson, comete un asesinato por el que es condenado al exilio, a la pérdida de su esposa y a la confiscación de todas sus propiedades. Bern escapa y decide buscar su propia fortuna uniéndose a los mercenarios de Jormsvik. Por desgracia, la única forma de ser admitido en Jormsvik es retar en duelo y derrotar a alguno de los temibles mercenarios.

Entretanto, dos príncipes galeses participan en una incursión para robar ganado de un reino vecino, ocupación al parecer muy popular por esos pagos. Sin saberlo, la granja que intentan saquear pertenece a Brynn ap Hywll, famoso por haber derrotado en duelo singular al caudillo vikingo Siggur Volganson. Los nietos de Volganson, precisamente, se disponen a asaltar la propiedad con propósitos mucho más sangrientos, buscando vengar la muerte de su antepasado y recuperar la legendaria espada que le fue arrebatada.

Inglaterra, por otra parte, está alcanzando un período de prosperidad bajo la dirección del rey Aeldred, inspirado en el personaje histórico de Alfredo el Grande. Partiendo de una situación de derrota casi irreversible frente a los vikingos daneses, Aeldred los ha sometido, para después reforzar el estado y mejorar la educación y el sistema legal. Ahora, en su madurez, trata de reforzar la posición de su país mediante enlaces entre sus hijos y las dinastías gobernantes en los países vecinos, además de fortalecer las defensas de su reino para que nunca más pueda ser presa fácil de las incursiones vikingas.

Las historias de estos personajes (y algunos más) se van ligando gradualmente, para acabar unidas de cara a su memorable culminación en tierras galesas.


Uno de los rasgos de Guy Gavriel Kay es que en sus obras escasean los villanos. Como el propio autor dijo en una entrevista, los villanos a menudo no son sino los héroes del otro bando. Esto se refleja en The Last Light of the Sun, y no es extraño encontrarse con protagonistas en distintos bandos de una contienda. El autor también sabe transmitir el espíritu de las tierras en las que transcurre el relato. El principal problema de la novela quizás sea precisamente éste. Se trata de lugares fríos y duros, particularmente Escandinavia, y el comportamiento de los personajes así lo refleja. Thorkell Einarson, el padre de Bern, que acaba convirtiéndose en uno de los principales protagonistas, es el ejemplo perfecto. Duro hasta el extremo, apenas muestra pesar por la pérdida de familia que él mismo causó con sus actos. No resulta tan fácil identificarse con un personaje así. Incluso la prosa de Kay, a menudo tan evocadora, aquí por momentos se vuelve fría como el clima norteño, aliviado sólo por el carácter más gentil de los galeses y de la familia del rey Aeldred.

Así pues, durante cuatrocientas de sus quinientas páginas The Last Light of the Sun se lee como una novela histórica, siendo la presencia de un bosque feérico el único rasgo verdaderamente sobrenatural, ya que no podemos contar las distintas supersticiones que no parecen tener efectos reales. Una buena novela histórica, quizá, bien planificada tanto en su ambientación como en su trama. Pero algo más que eso hay que pedirle a Guy Gavriel Kay. ¿Dónde está el impacto emocional y la belleza majestuosa de sus mejores obras?

Afortunadamente, todo estaba siendo reservado para el final. En los últimos capítulos llega una culminación épica de la historia, un final digno de figurar en las más grandes y trágicas sagas nórdicas, que ni siquiera habíamos podido intuir en el frío discurrir de la trama hasta entonces. Al igual que en The Lions of Al-Rassan, los mejores momentos finales incluyen un duelo a muerte, en el que de nuevo Kay juega con el lector haciéndole anticipar una conclusión que no ha de producirse. De nuevo el desenlace no es el que esperaba ni el que deseaba, pero cuando llega me doy cuenta por su enorme y trágica belleza que era el apropiado para llevar la historia a buen puerto.

Tras este momento memorable, todas las tramas van concluyendo de manera quizá demasiado perfecta para ser verdad, al menos en un mundo tan realista y duro como el que Kay nos ha dibujado. A estas alturas, sin embargo, estoy demasiado entregado a su habilidad como contador de historias para que me importe. Sólo puedo disfrutar y dejarme llevar por el aura de felicidad que genera una historia tan bien contada y tan bien concluida.

Guy Gavriel KayAsí pues, The Last Light of the Sun es una novela sobre el amor de los padres por los hijos y sobre las consecuencias que actos pasados de los primeros tienen en la vida de los segundos. También trata sobre una época de cambios, en la que la religión católica se empezaba a imponer a las religiones paganas y el fortalecimiento de la civilización anunciaba el principio del fin de las incursiones vikingas y de la magia feérica. Es digna del talento de su autor, aunque hubiera sido mucho mejor de haber logrado involucrar emocionalmente al lector desde el primer momento, como sí ocurre en sus mejores obras. Muy recomendable, sin duda, para cualquiera que sea capaz de emocionarse y dejarse llevar por historias tan poderosas como este final.


Ahora sólo me queda leer de este autor su novela más reciente, Ysabel, en la que por primera vez ha escogido un escenario contemporáneo. Mientras tanto, habrá que seguir a la espera de que alguna editorial se anime a traernos las novelas inéditas de Guy Gavriel Kay, o a recuperar alguna de las ya editadas (Tigana). Cuesta entender cómo La Factoría, por poner un ejemplo, se dedica a editar novelas tan flojas como Las Flechas de la Reina, mientras permanecen inéditas The Lions of Al-Rassan o The Last Light of the Sun. La única explicación que encuentro es que su mayor extensión obligaría a dividirlas en dos o ponerlas a un precio prohibitivo. Está claro, es mucho más fácil editar novelas de 300 páginas, pero es que a veces las buenas tienen más extensión...

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miércoles, octubre 03, 2007

Las Flechas de la Reina

Las flechas de la reina
Esta reseña fue publicada originalmente en C de Cyberdark.



Mercedes Lackey es una autora de literatura fantástica extremadamente prolífica. Muchas de sus novelas están emplazadas en el país imaginario de Valdemar y organizadas en forma de trilogías independientes de fantasía épica que siguen las peripecias de algún personaje importante de la historia de ese país. Otra de sus series más destacadas se titula Elves on the Road, y está ambientada en una sociedad contemporánea en la que también conviven elfos, magos, vampiros y demás seres míticos.

Esta novela, Las flechas de la reina, es la primera ambientada en Valdemar, y da inicio a la trilogía Heraldos de Valdemar que sigue la historia completa de su protagonista, Talia. No obstante puede ser leída de forma independiente: desarrolla una historia completa por sí misma. La novela es un típico bildungsroman. Cuenta las aventuras de una joven campesina que se siente fuera de lugar en la austera comunidad fronteriza en la que ha nacido, ya que su cabeza está llena de sueños y amor por las aventuras sobre las que lee en los pocos libros que posee, siempre que puede robarle algún instante a sus obligaciones.

Tras huir de su casa al averiguar que su familia planea casarla cuando cumpla trece años, Talia se encuentra con un ser con apariencia de caballo pero que, sin embargo, da muestras de una viva inteligencia. Se trata de Rolan, uno de los míticos compañeros que comparten las aventuras de los heraldos. Los heraldos son un grupo de servidores del reino, mezcla de exploradores, diplomáticos y guerreros, capaces de comunicarse telepáticamente con sus monturas. Rolan la invita a subir sobre sus lomos y la lleva hasta Haven, capital de Valdemar. Allí Talia descubre que Rolan la ha elegido para ser su jinete y, por tanto, convertirse en uno de los heraldos. Antes de eso, la joven tendrá que prepararse para esa responsabilidad estudiando junto con otros futuros heraldos en el Collegium, cuya sociedad abierta y permisiva contrasta vivamente con la comunidad en la que ha crecido Talia. No obstante, el momento de servir a su país le va a llegar antes de lo previsto. Por circunstancias ajenas a su voluntad llega a su conocimiento la existencia de una perversa conspiración contra la reina de Valdemar y la princesa heredera.

Mercedes LackeyEl lector puede pensar que todo esto parece muy tópico, y acertaría de lleno. La única variación con respecto al manual es el detalle de que la protagonista sea de sexo femenino y la atención que se presta a asuntos como la discriminación de la mujer. Esto coloca a Lackey en el grupo de autoras que suelen ocuparse de temas feministas, junto con Marion Zimmer Bradley o Sheri S. Tepper, pero ello no resulta suficiente para sacar la novela de la rutina. Todos los ingredientes habituales están ahí, sin apenas un giro que lo distinga de lo esperado. El estilo es sencillo, sin ningún tipo de adorno estilístico, pero el fondo también es extremadamente simple.

En cuanto a la descripción del escenario, resulta deficiente. Lackey se fija en los detalles que le interesan, principalmente los referentes a los heraldos, pero en ningún momento da la sensación de que Valdemar sea un país real y complejo, con su propia existencia fuera de lo inmediato de la trama. No queda claro si el nivel tecnológico está más cerca del medieval o del renacentista. Por ejemplo, Talia posee desde el inicio varios libros, sin que se comprenda muy bien qué hacen esos libros en medio de una comunidad tan cerrada y retrasada como la suya. ¿Son libros manuscritos o existe la imprenta en Valdemar? Los personajes, por otra parte, no están desarrollados de forma interesante. Apenas se presta atención a las relaciones de Talia con el resto de estudiantes y su crecimiento como personaje se ve dificultado por lo bien que hace todo y por la tendencia de la autora a informarnos de sus cualidades en vez de mostrárnoslas.

La historia también es excesivamente sencilla, llegando a veces a niveles de ingenuidad dolorosos. La trama para destronar a la reina, así como los intentos de asesinato contra la propia Talia, sólo pueden ser calificados como pueriles. Por otro lado, todos sabemos que buena parte del atractivo de estas novelas de aprendizaje es la posibilidad del lector de verse reflejado en el protagonista y disfrutar de esa forma aventuras que le gustaría experimentar pero que en la vida real son muy improbables. Sin embargo, en este caso la autora peca por exceso. La protagonista es demasiado perfecta en todo y, para colmo, los éxitos le llegan a menudo porque sí, sin que medie esfuerzo real por su parte. Así, Talia no es un heraldo normal. Es la que mejor vínculo telepático tiene con su compañero, y también es la que está destinada a ser consejera de la reina y tutora de la princesa heredera.

Arrows of the QueenEn definitiva, se trata de fantasía juvenil. Sin embargo, mientras que la buena fantasía juvenil puede ser disfrutada por adultos, ésta no la recomendaría para lectores más curtidos. De hecho, como he argumentado alguna vez cuando alguien defiende a la Dragonlance y demás franquicias diciendo que son una buena lectura para jóvenes, tampoco la recomendaría para ellos. Es decir, no niego que los lectores jóvenes, que aún no han perdido la capacidad de maravillarse con cualquier historia, puedan disfrutar de ella... pero aunque así sea, habiendo buenas novelas entre las que elegir, ¿qué necesidad hay de conformarse con las mediocres? Quizá sí pueda ser un buen regalo para lectoras jóvenes aficionadas a la fantasía épica, para los que no resulta fácil encontrar personajes femeninos con los que identificarse.

Poco más se puede añadir. Existen menciones relativamente frecuentes a relaciones lésbicas entre varios personajes que, sin ser en ningún momento gráficas, sí que resultan poco habituales en una novela dirigida a un público tan joven. Por lo demás, la historia se deja leer y es rápida, pero es difícil disfrutar realmente de ella salvo que uno desconecte el espíritu crítico. Me sorprende que La Factoría haya apostado por esta obra dentro de su colección Solaris Fantasía. Aunque tenga sus variaciones de calidad, en general esta colección nos está acostumbrando a un mayor nivel. Incluso dentro de la bibliografía de Mercedes Lackey existen al parecer otras novelas mucho más digeribles por el público adulto.




Título: Las flechas de la reina
Autor: Mercedes Lackey
Título original: Arrows of the Queen
Año: 1987
Traducción: Belén Aguilera
Editorial: La Factoría de Ideas
Colección: Solaris Fantasía nº59
Año: 2007
ISBN: 978-84-9800-309-3

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lunes, septiembre 24, 2007

Ghostwritten

Ghostwritten

David Mitchell es uno de los autores que tenía intención de leer, tras las entusiastas críticas que cosechó con Cloud Atlas. Finalmente, mi primer acercamiento a su obra no ha sido a través de Cloud Atlas, sin embargo, ya que llegó a mis manos de forma inesperada Ghostwritten, su primera novela. La leí pensando que permanecía inédita en español, aunque una posterior búsqueda en internet me reveló que había sido publicada aquí por la editorial Tropismos, con el poco afortunado título de Escritos fantasma. Los lectores a los que no haya espantado la incoherencia gramatical del título que le han puesto en español se encontrarán con una novela brillante, ambiciosa, fascinante y pletórica de talento aunque no exenta de algún que otro exceso.

Ghostwritten está estructurada en forma de colección de nueve novelas cortas, casi siempre narradas en primera persona por distintos personajes y tituladas con el nombre del lugar en que transcurre la acción en cada una de ellas. Se trata de historias en gran parte independientes aunque conectadas por pequeños detalles, que parecen casuales al principio pero que van adquiriendo mayor importancia según avanza la narración.

La primera de ellas, Okinawa, cuenta la historia de un terrorista japonés perteneciente a una secta apocalíptica que se oculta de la policía tras participar en un atentado con gas venenoso en el metro de Tokio (claramente inspirado por el atentado cometido en 1995 por la secta de la Verdad Suprema). Es estremecedor meterse en la piel de un personaje tan fanático, que cree a pies puntillas las delirantes teorías de su lider, al que se refieren como His Serendipity (algo que podría traducirse, inadecuadamente, como Su Sagacidad). Sin embargo lo mejor de todo es el contraste entre la forma de razonar de este individuo y su humanidad esencial, que se intuye por debajo de la capa de fanatismo. De esta forma, llega a entreverse en algún raro momento el horror y la carga de culpa por lo que ha hecho, así como las inseguridades que le llevaron a caer en las redes de la secta. La historia termina sin una resolución definitiva pero constituye sin duda un comienzo brillante, que nos avisa de la enorme capacidad de David Mitchell para crear personajes que dan sensación de verdadera humanidad, con los que se puede empatizar.

Mucho más cotidiano es el argumento de Tokyo, el segundo relato, que se centra en la figura de un adolescente japonés amante del jazz que trabaja en una tienda de discos raros. En un momento determinado se siente atraído por una chica que entra en su tienda y a la que cree que no volverá a ver. Sin embargo, una combinación de acontecimientos hace posible que llegue a entablar amistad con ella y finalmente tendrá que enfrentarse a una decisión fundamental cuando las circunstancias les separan. Excelente de nuevo; Mitchell prueba que cuando se escribe de forma realmente excepcional se puede hacer interesante el argumento más sencillo.

Escritos FantasmaEn el siguiente relato, Hong Kong, seguimos a un abogado que trabaja para una empresa financiera cobrando un sueldo millonario pero que está sumido en una profunda crisis personal, causada aparentemente por el estrés de su trabajo, por algunos asuntos poco turbios relacionados con el mismo y por los problemas en su relación con su mujer, con la que está en proceso de divorcio, y con la sirviente doméstica que se ha convertido en su amante. Por no mencionar al fantasma de una niña que supuestamente habita en su casa. Ésta historia me pareció algo menos inspirada que las anteriores, con un personaje más estereotipado y buenas ideas mezcladas de forma no del todo acertadas. Incluso los relatos más flojos de este volumen son interesantes, sin embargo.

Si el lector pensaba que Mitchell estaba perdiendo el pulso narrativo, inmediatamente se saca esa idea de la cabeza con Holy Mountain, la cuarta narración. Se trata de la historia de una anciana china que regenta una tienda de té a los pies de la montaña sagrada. Desde allí ha visto pasar numerosos acontecimientos históricos, incluyendo la llegada del comunismo y las represiones y masacras acaecidas antes y después de ese momento. Sin embargo, a todo ha sobrevivido, y allí sigue, manteniéndose con vida con la esperanza de volver a ver a su hija, a la que no pudo criar. Se trata de una historia hermosísima, llena del intimismo y la mentalidad oriental. Realmente emocionante.

Aunque había algunos rasgos de fantasía en los relatos anteriores, es con la quinta novela corta, titulada Mongolia, con la que entramos de lleno en la literatura de género. Se trata de la historia de una especie de ente que vive de forma parásita en la mente humana y que es capaz de saltar de una persona a otra (algo parecido al personaje Cara-de-Perro Joe que aparecía en Las puertas de Anubis, aunque sin asesinar a la gente). Dicho ente se encuentra perdido y busca comprender lo que es y si hay otros seres similares a él. Su único recuerdo anterior a su peregrinar por distintas mentes humanas es una vieja leyenda casi olvidada sobre tres animales que hablan sobre el fin del mundo. Se trata de otra historia fascinante, con un final quizá demasiado sentimental aunque indudablemente emotivo. También de lo mejor del libro.

Petersburg, la siguiente historia, sigue a Margarita Latunsky, una no demasiado inteligente celadora de un museo ruso que se ha implicado en una trama de robo y falsificación de obras de arte. No es de los mejores relatos que componen la novela, aunque no deja de ser buena la patética descripción de las miserias y esperanzas de la protagonista, y su duro contraste con la realidad. A estas alturas está claro que las conexiones entre los relatos son bastante fuertes, a menudo a través de personajes compartidos, aunque no se vislumbra una unidad argumental clara.

David MitchellLa séptima historia, London, sigue la historia de Marco, un escritor y músico algo mujeriego, que sale adelante haciendo de negro literario (Ghostwritten, el título de la novela, hace alusión a las obras literarias que no han sido escritas por las personas que las firman, s