miércoles, marzo 26, 2008

La vieja guardia, de John Scalzi

Old Man's War


El día de su 75 cumpleaños John Perry hizo dos cosas: visitó la tumba de su esposa y se alistó en el ejército.

Old Man's WarComo comienzo no está nada mal, desde luego es memorable. Poco a poco nos enteramos de que el ejército en cuestión pertenece a las colonias humanas, que están en guerra continua con numerosas especies alienígenas hostiles. Las colonias humanas, por motivos que en ningún momento se justifican convincentemente, mantienen a la Tierra desinformada y aislada, cosa que pueden hacer ya que controlan el viaje interestelar y numerosas otras tecnologías avanzadas. Eso sí, reclutan a ancianos de la Tierra para combatir y gracias a su capacidad tecnológica son capaces de rejuvenecerles, dándoles un cuerpo joven y en perfecta forma, además de un útil ordenador en contacto directo con su cerebro. El lado malo es que nunca más podrán volver a la Tierra y que durante el período de servicio militar que se requiere de ellos la tasa de supervivencia es muy baja.

La novela, pues, cuenta la historia del alistamiento de John Perry, las amistades que traba en el ejército colonial y su proceso de entrenamiento y preparación para la guerra. También seguimos su progreso en varias acciones militares contra adversarios de muy distinto tipo.

Se ha calificado frecuentemente a Old Man's War como una mezcla entre la Starship Troopers de Heinlein y la Forever War de Haldeman. La comparación, desde luego, es extremadamente acertada en el caso de Starship Troopers: La vieja guardia es un intento de recuperar el encanto de esta novela juvenil de Heinlein, actualizándola y dirigiéndola hacia una audiencia adulta.

Old Man's War carece del tono promilitarista de Starship Troopers. En lugar de ello hay algún ramalazo pacifista y algún examen de los efectos psicológicos de la guerra que pueden recordar a The Forever War, sin que las semejanzas vayan mucho más allá en este caso. Además, está escrito en un tono desenfadado y por momentos divertido, lo que junto con las aventuras bélicas espaciales que describe lo hacen muy entretenido de leer.

La Vieja GuardiaAunque John Perry es un personaje bien dibujado y con un buen sentido del humor irónico, me resultó algo molesto que el resto de sus amistades también poseyeran el mismo sentido del humor. Demasiado parecidos todos los personajes, vaya. Otro problema de la novela es que, aunque funciona perfectamente como lectura ágil y divertida, podría haber sido mejor si el aspecto más serio de ciencia ficción hubiese resultado creíble. Sin embargo no queda claro por qué las colonias marginan y mantienen en la ignorancia de esa forma a la Tierra, excepto para permitir que el protagonista no sepa qué esperar del servicio militar y por tanto los lectores podamos ir descubriéndolo con él. Tampoco las guerras contra las distintas especies alienígenas resultan demasiado creíbles: Parecería que semejantes conflictos bélicos habrían de decidirse mediante el combate entre poderosas naves de guerra espaciales, siendo el combate cuerpo a cuerpo en la superficie de los planetas una mera anécdota. Sin embargo, simplemente porque eso encaja con la premisa de la novela, aquí cobra gran relevancia el combate cuerpo a cuerpo.

Por otra parte, momentos como la batalla contra seres alienígenas de tamaño diminuto desafían la capacidad del lector de suspender su incredulidad. Tampoco ayuda que casualmente todas las especies en conflicto tengan un nivel tecnológico más o menos equiparable (excepto una que podría barrer a las demás pero no lo hace porque tiene sus propios motivos religioso/culturales para desear estar en guerra continua).

En resumen, que resulta complicado tomarse en serio desde un punto de vista intelectual la historia que cuenta esta novela. Así pues, lo que nos queda es un lectura dinámica y muy divertida de ciencia ficción bélica, con algunos elementos novedosos. Además está bien escrita, con inteligencia y sentido del humor. No es poco, ni mucho menos, aunque precisamente por esas virtudes también queda la incómoda sensación de que quizá Old Man's War podría haber sido algo más.

John Scalzi

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jueves, marzo 20, 2008

El fin de una era


Ha muerto Arthur C. Clarke, el último de los que fueron llamados "los tres grandes" de la edad de oro de la ciencia ficción.

Heinlein, Asimov y Clarke, entre otros, capturaron la imaginación de innumerables lectores en una época en la que la prosperidad de la postguerra y los avances técnicos y científicos prepararon al mundo para el optimismo y los sueños sobre el futuro.

Algunos les han criticado por carecer de una gran calidad literaria. Lo cierto es que, afortunadamente, hay bastantes escritores de elevada calidad literaria. Sin embargo, escritores que hayan inspirado y hecho soñar de esta forma a generaciones de niños y adolescentes no hay tantos.

Descansad en paz, maestros.


Mensaje de despedida de Arthur C. Clarke, con motivo de su 90º cumpleaños:

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jueves, marzo 13, 2008

Heroes Die, de Matthew Woodring Stover

Heroes Die

Esta curiosa mezcla de ciencia ficción y fantasía épica cuenta la última y más espectacular hazaña de Caine, legendario aventurero y asesino. Legendario aventurero y asesino en Ankhana, claro está, porque en la Tierra no es más que un actor de éxito.

Antes de confundir a los lectores será mejor que me explique: Estamos en un futuro en el cual la humanidad está dividida en un rígido sistema de castas y gobernado por un régimen autoritario. La principal forma de entretenimiento ya no son las películas o la televisión. Existe una tecnología que permite desplazarse a universos paralelos. El más accesible de éstos, auténtico reflejo de nuestra Tierra, es el llamado Overworld. Se trata de un mundo de reducido nivel tecnológico pero en el cual las leyes físicas permiten manipulaciones de la realidad que nosotros conoceríamos como magia. Así pues, los grandes estudios envían a sus actores estrella a este mundo, a menudo a la gran capital de Ankhana, para que corran aventuras que serán grabadas y disfrutadas en tiempo real por las clases más pudientes de nuestro mundo, en una especie de terminales de realidad virtual. Los que no puedan pagar los desorbitados precios por experimentar estas aventuras reales de "primera mano" tendrán que conformarse con alquilar posteriormente las grabaciones que les permitirán disfrutarlas de "segunda mano".

Así pues, tenemos actores que se han preparado durante años para adaptarse a Overworld y que finalmente comienzan a correr aventuras en ese mundo paradigmático de la fantasía de espada y brujería, para disfrute de sus audiencias en la Tierra. Por supuesto, el riesgo que corren es grande, ya que para mantener el interés de los espectadores deben afrontar continuamente situaciones peligrosas. Son muchos los que dejan su vida en Overworld.

Algunos de estos actores apenas logran cubrir gastos con la venta de sus aventuras, mientras que otros son capaces de congregar inmensas audiencias. Éste es el caso de Hari Michaelson, conocido en Ankhana como Caine, que disfruta de un éxito arrollador ya que sus aventuras son garantía de espectacularidad, emociones fuertes y violencia desatada. Caine, experto y letal luchador, ha estado en el centro de casi todos los acontecimientos y aventuras más extraordinarias que han forjado la historia reciente de Ankhana. Sin embargo, tras el fracaso de su matrimonio con la actriz Shanna, que interpreta a la hechicera conocida en Ankhana como Pallas Ril, Hari se ha vuelto más reflexivo y desencantado con el rol que se espera de él.

Shanna/Pallas, que le reprocha a su ex-marido la violencia y letalidad de sus actividades como Caine, siente compasión por las víctimas de la inestabilidad política de Ankhana. Debido a ello se está dedicando a salvar a algunas de las víctimas de las purgas políticas que se suceden con la ascensión del nuevo emperador. Pallas utiliza ahora el sobrenombre de Simon Jester, figura que recuerda a la Pimpinela Escarlata de la novela de la baronesa de Orczy ambientada en la revolución francesa. Al desafiar al orden establecido, Simon Jester se ha convertido en una especie de símbolo que amenaza la reputación del emperador.

Con lo que nadie había contado es con los recursos que el nuevo y semidesconocido emperador sería capaz de comandar, ya que se trata de un hechicero de poder tan grande que se le puede considerar prácticamente como un dios. Para protegerse, Pallas Ril se ha visto obligada a emplear magia de ocultación tan potente que, sin que ella lo sepa, ha cortado su vínculo con la Tierra. Este aislamiento del plano del que proviene hará que su misma existencia física se vuelva inestable y le causará una muerte horrible si en el plazo de unos días no ha retornado.

Hari acepta volver a ser Caine y retornar a Ankhana con la esperanza de salvar a su ex esposa, a la que todavía ama. El precio que el estudio le exige, sin embargo, es que acepte también el encargo de asesinar al casi todopoderoso emperador, tarea que se antoja imposible. Por tanto Caine tendrá que enfrentarse contra unos enemigos de poder incomensurable a la vez que lucha contra el reloj para salvar a su amada. La aventura, comercializada con el nombre de "Por amor a Pallas Ril", tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de los mayores éxitos de ventas.


Menciona Hartree en su blog que Caine le recuerda a John McClane, el personaje interpretado por Bruce Willis en La jungla de cristal. A mí me ha recordado más bien a Jack Bauer, el protagonista de la serie 24, interpretado por Kiefer Sutherland. Caine es igualmente implacable hasta el último extremo, mientras le quede una bocanada de vida, igualmente capaz de dejar al margen cualquier consideración moral con tal de alcanzar su objetivo.

Tras un inicio algo lento, en el que se nos sumerge en el mundo en que transcurre la novela para que vayamos acostumbrándonos a la ambientación, el ritmo aumenta y la trama se convierte en una aventura frenética. La mayor parte de la acción tiene lugar en Ankhana, pero Stover tiene el acierto de combinarla con una serie de intrigas en la Tierra que sacan provecho de ambos escenarios sin que decaiga el interés.

La mayor parte de la obra está narrada en primera persona por Caine, como si nosotros mismos formáramos parte de su audiencia. Algunos capítulos, sin embargo, se narran en tercera persona desde el punto de vista de algún otro personaje.

Al contrario que muchas obras de fantasía épica, Heroes Die no es puro escapismo, sino que contiene una reflexión sobre los extremos a los que nuestra sociedad llega para procurarse entretenimiento, sin que nadie se preocupe demasiado por las consecuencias, además de examinar de forma crítica algunas de las convenciones de la fantasía heroica. Se agradece también que los personajes, empezando por supuesto por Caine, tengan una cierta profundidad, que evolucionen y aprendan. Lo mejor, sin embargo, es el ritmo frenético de la acción, que en este sentido me recuerda una vez más a la serie 24.

M. W. StoverEsta acción frenética es tan divertida de leer que se perdona de buena gana cualquier defectillo que pueda tener el argumento. Se podría señalar que Stover hace trampa en algún momento, por ejemplo no dejando claro cuáles son las reglas que rigen la magia en Overworld, con lo que de pronto podemos encontrarnos con personajes que realizan hazañas que hubiéramos considerado imposibles, juzgando por lo que hemos leído hasta entonces. No obstante, las situaciones son tan tensas y rápidas que no te importan los ocasionales detalles en este sentido, sino que te limitas a dejarte llevar por la acción y disfrutar con las aventuras de Caine, ese proverbial tipo duro y lleno de recursos, algo amoral pero en el fondo simpático.

En definitiva, Heroes Die es una buena novela, con una ambientación muy original a la que el autor sabe sacar partido. Tiene cierta profundidad que la eleva por encima del simple escapismo sin ser especialmente sutil, pero es en su aspecto escapista en el que realmente destaca, porque es una historia muy divertida de leer.

Heroes Die es una historia absolutamente completa, aunque existe una secuela titulada Blade of Tyshalle y una tercera entrega (Caine Black Knife), que aparecerá este año. Al parecer Matthew Woodring Stover sigue escribiendo sobre Caine porque le gusta, pero de donde realmente saca dinero es de sus contribuciones a la serie Star Wars. En fin, es una verdadera lástima, porque este autor es demasiado bueno para dedicarse a las franquicias.

martes, marzo 04, 2008

Historias Asombrosas, nº1

Historias Asombrosas, 1

Ante la reciente desaparición masiva de revistas dedicadas a la ficción corta dentro del género fantástico es una buena noticia la aparición de una nueva. Se trata de Historias Asombrosas, que toma prestado el título de la clásica revista pulp americana Amazing Stories.

La portada, como se puede apreciar, también es pulp a más no poder. Me gusta el dibujo, aunque es de esos que no se pueden leer en el metro sin ruborizarse. En cualquier caso, la imagen que transmite la portada es un tanto engañosa. Que nadie se espere relatos de espada y brujería, con amazonas guerreras de generosas curvas y escasa vestimenta. Más bien es una colección como cualquier otra de ficción española contemporánea de género fantástico. No he apreciado una unidad temática o estilística clara en los relatos, excepto una cierta tendencia en varios de ellos hacia lo truculento o sensacional, lo que supongo que justifica el título de la revista. La mayoría, de todas formas, no son de un tipo distinto al que se podría esperar en cualquier revista del género. Incluye terror, fantasía y ciencia ficción.

La verdad es que percibo una cierta falta de carácter editorial claro en las revistas españolas, al menos en comparación con las americanas. Sé que si leo Analog no me voy a encontrar con el mismo tipo de relatos que si leo Asimov's, o Fantasy & Science Fiction. También comprendo que seguramente esto es inevitable, teniendo en cuenta el pequeño tamaño del mercado español en comparación con el americano.

La revista está encuadernada en papel de calidad, tamaño libro de bolsillo. Tiene cien páginas y un precio atractivo y ajustado (3 euros). La letra es clara y de buen tamaño. De esta forma se gana en legibilidad pero se pierde en extensión total de los relatos, por lo que las cien páginas tampoco dan para tanto. Se incluyen varios relatos ultracortos, lo cual personalmente no me gusta. Es raro que un relato de dos o cuatro páginas me llame la atención.

Los contenidos, que paso a comentar individualmente, son los siguientes:

Prólogo del editor (David Mateo)
Relato- Estrella Matutina, de Anabel Zaragozí.
Relato- Agua de Hada, de Elena Pérez.
Relato- Evolución Convergente, de Javier Negrete.
Relato- Lady L, de Rafa Marín.
Relato- La más hermosa de las palabras, de Claudio Cerdán.
Relato- Te he visto volver a nacer, dijo el vigilante, de Víctor Conde.
Relato- La ducha, de Javier Márquez Sánchez.
Relato- Anoche Martín habló otra vez en sueños, de Enric Herce.
Artículo- Una breve reflexión sobre la muerte del papel, de Domingo Santos.


Estrella Matutina, de Anabel Zaragozí: Se trata del relato más extenso del primer número de la revista, con cerca de un 40% de la extensión total. Está ambientada en lo que podría ser un futuro cercano oscuro y opresivo. Trata de una especie de secta congregada en torno a un líder carismático que mantiene prisionera a una joven, posiblemente con la intención de sacrificarla. Lo que ocurre es que la joven en cuestión es más de lo que parece. Bien escrita, pero excesivamente larga. Le cuesta mantener el interés en algunos momentos, impresión que se ve acentuada por un final sin giros que sorprendan o causen una mayor impresión. En resumen, bueno técnicamente pero algo plano en cuanto al argumento.

Agua de Hada, de Elena Pérez: Ultrabreve, sobre una especie de transplante desde un hada a un ser humano. Trata de ser poético. Me dejó igual que antes de leerlo. Sencillamente esto de los relatos ultracortos no es lo mío. Yo prefiero que me cuenten una historia de verdad, con su argumento.

Evolución Convergente, de Javier Negrete: Buen relato de ciencia ficción desenfadada y burlona, sobre una nave espacial que los seres humanos envían para explorar el universo. Lo que encuentran les sorprende, y no precisamente por lo exótico y extraño. Divertido y bien escrito, haciendo gala del oficio de su autor, aunque bastante ligerillo.

Lady L, de Rafa Marín: Otro ultracorto, sobre unos emigrantes que llegan a un país en el que esperan ganarse la vida. Rafael Marín tiene abilidad para estas pinceladas desencantadas y bien escritas, aunque de nuevo la extensión no da para mucha historia.

La más hermosa de las palabras, de Claudio Cerdán: Relato ultrabreve sobre una relación sexual morbosa y sórdida. Causa impresión pero sólo por el shock de la temática. Tampoco es que sea lo mío.

Te he visto volver a nacer, dijo el vigilante, de Víctor Conde: Otro ultracorto más, aunque la cosa toma tintes surrealistas porque se anuncia como una novela por entregas (¿?). Si de verdad es una novela y siguen a este ritmo tardarán varias décadas en completarla. En fin, en general no me gustan los ultracortos y tampoco soy muy fan de las historias por entregas en publicaciones periódicas (menos aún cuando la periodicidad no es mensual sino trimestral), pero combinar ambas cosas roza la tomadura de pelo. En cuanto a la historia en sí, se trata de un relato de ciencia ficción en la que asistimos a varias escenas sueltas que han despertado mi interés, pero es demasiado breve como para formarme una idea clara del argumento.

La ducha, de Javier Márquez Sánchez: Sí, otro ultracorto. Historia de terror tipo asesino psicópata. Bastante tópico, pero al menos la extensión se ajusta mejor al tipo de relato, que sólo busca dar un susto más que desarrollar un argumento. Me pareció inquietante, ideal para contarlo delante de una hoguera en una acampada. Aunque ya está prohibido hacer hogueras, ¿no? Pero en fin, ustedes me entienden.

Anoche Martín habló otra vez en sueños, de Enric Herce: El mejor relato del volumen, con permiso de Negrete. Un matrimonio se muda a una gran ciudad y la mujer empieza a inquietarse por los vívidos sueños que tiene su marido, que lo relacionan con unos asesinatos en serie que se están produciendo en la ciudad. Mezcla muy bien los problemas domésticos de adaptación a su nueva vida con el aspecto fantástico. Tampoco le falta un giro final satisfactorio. La única imperfección es que se vuelve un pelín confuso en una de las escenas finales, pero no por ello deja de ser muy bueno.

Una breve reflexión sobre la muerte del papel, de Domingo Santos: Artículo sobre un tema bastante trillado. El autor por momentos parece no decidirse sobre si está defendiendo la supervivencia de la ficción escrita o de la impresión en papel frente al formato ebook. No aporta mucho.


En resumen, una colección de buen nivel aunque algo irregular, perjudicada por el exceso de relatos ultracortos. Leyendo mi crítica la impresión puede parecer negativa, pero hay que tener en cuenta que los relatos ultracortos, que como digo me entusiasman más bien poco, ocupan muy pocas páginas aunque en cuanto a número sean mayoría. Los relatos largos me han gustado, aunque esperaba más de Estrella Matutina, teniendo en cuenta que ocupa cerca de la mitad de la revista. Sin llegar a entusiasmarme, he encontrado suficientes cosas de interés como para comprar los próximos números.