martes, octubre 30, 2007

El Anillo del Espíritu, de Lois McMaster Bujold

The Spirit Ring

El anillo del espíritu permanecía inédita en España hasta hace poco tiempo, pero de hecho es la primera incursión de Lois McMaster Bujold en la fantasía, anterior a la saga de Chalion y a la más reciente saga del Vínculo del cuchillo. Tampoco es que sea la obra de una escritora novata, no obstante, ya que en el año de su publicación (1992) Bujold ya tenía ocho novelas publicadas.


La protagonista, Fiametta Beneforte, es la hija de un artesano orfebre y mago en el ducado Montefoglia, en una Italia renacentista en la que la magia es habitual y está regulada por gremios y edictos eclesiásticos. Fiametta muestra aptitudes para la magia, pero su padre duda sobre la conveniencia de tomar como aprendiz a una mujer, por mucho que sea su propia hija.

Mientras tanto, el joven Thur Ochs trabaja en las horribles condiciones de las minas de metal de Bruinwald, en Suiza. Su hermano mayor, Uri, se ha decantado por la carrera militar y trabaja para el duque de Montefoglia. Thur no desea seguir sus pasos, por lo que Uri le consigue un puesto como aprendiz del maestro Beneforte.

Sin embargo, antes de que Thur pueda incorporarse a su nuevo trabajo, las tensiones políticas que azotan Italia en esa época estallan en Montefoglia. La traición golpea en el corazón del ducado durantes las celebraciones anteriores a una boda. El duque es asesinado y la ciudad ocupada, a la vez que se instaura una represión despiadada.

Pero por detrás de las intrigas políticas están las intrigas mágicas, centradas en la creación de unos anillos con un poder que proveerán los espíritus esclavizados de personas muertas y no enterradas por los ritos de la Iglesia. Thur y Fiametta se verán envueltos de lleno en el corazón de todos estos acontecimientos.


El anillo del espírituEl motivo por el cual El anillo del espíritu no había sido publicado todavía en España es probablemente que no se trata de una gran novela. Es sólida, eso sí, escrita con oficio y con un argumento interesante, pero no están presentes la madurez narrativa de la saga de Chalion ni, desde luego, el ritmo trepidante y el humor de la serie de Miles Vorkosigan.

El comienzo es discreto. Demasiado lento, probablemente, y con unos personajes que no resultan particularmente originales (de hecho recuerdan en ocasiones a los típicos personajes de la novela romántica). En efecto, El anillo del espíritu tiene algo de novela romántica, siguiendo una tendencia de mezcla de elementos fantásticos, románticos y de aventura en la que también se encuadra Catherine Asaro (Rosa Cuántica, etc). También tiene algo de novela de aprendizaje, esta vez contada desde un punto de vista femenino.

Por otra parte es destacable su escenario, situado en una época histórica fascinante aunque modificada para incluir el empleo generalizado de la magia. Sin embargo, la historia tampoco se entretiene demasiado en explorar las posibilidades de dicho escenario, ya que es relativamente lineal y directa. Al menos se trata de una novela independiente y autoconclusiva, lo que será apreciado por los que se quejan del exceso de sagas y series en el panorama de la fantasía épica.

Según avanza la narración los problemas de ritmo desaparecen y nos quedamos con una competente historia de magia y aventuras. El resultado final es una obra entretenida pero no cautivadora, que será fácilmente olvidada una vez leída.

Lois M. BujoldLa autora explica en un apéndice las influencias en las que se ha basado: Prospero Beneforte está inspirado en la figura de Benvenuto Cellini, y el argumento en sí está construido a partir de una leyenda medieval que el tío-abuelo de la autora estudió en su tesis doctoral. Con estos buenos mimbres y su capacidad como contadora de historias quizá se podría haber hecho un poco más.

Resulta revelador que a pesar de los éxitos y premios Hugo que ya había obtenido Lois M. Bujold con la serie de Miles Vorkosigan, no le fue nada fácil vender esta obra. Finalmente se la vendió a la editorial Baen, a cambio de la promesa de seguir escribiendo libros sobre el genial Miles.

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martes, octubre 16, 2007

El bosque del cisne negro, de David Mitchell

Black Swan Green

His real name's Dean Moran (rhymes with "warren") but our P.E. teacher Mr. Carver started calling him "Moron" in our first week and it's stuck. I call him "Dean" if we're on our own but names aren't just names. Kids who're really popular get called by their first names, so Nick Yew's always just "Nick." Kids who're a bit popular like Gilbert Swinyard have sort of respectful nicknames like "Yardy." Next down are kids like me who call each other by our surnames. Below us are kids with piss-take nicknames like Moran Moron or Nicholas Briar, who's Knickerless Bra. It's all ranks, being a boy, like the army. If I called Gilbert Swinyard just "Swinyard," he'd kick my face in. Or if I called Moron "Dean" in front of everyone, it'd damage my own standing. So you've got to watch out.



David MitchellPara cualquiera que conozca la ambiciosa temática y carácter creativo de las novelas anteriores de David Mitchell, el argumento de Black Swan Green debe resultar inesperado por lo poco original, al menos en principio: se trata de una novela de aprendizaje que sigue un año en la vida de un chico de trece años que vive en un pequeño pueblo rural de Inglaterra, a principio de los 80. Un tema, en definitiva, que parece más propio de una primera novela que de la cuarta novela de un autor de prestigio literario, que se ha convertido ya en habitual de las listas de nominados del Man Booker Prize y que probablemente debería haberlo ganado ya.

Jason Taylor es un muchacho sensible e imaginativo, que lucha por encajar en la a menudo despiadada sociedad formada por los chicos de su edad. La tarea no es fácil para alguien que tiene varios secretos humillantes y vergonzosos que ocultar, como el hecho de que escribe poesía en sus ratos libres o su auténtica némesis, el tartamudeo (una de las pocas formas de invalidez de las que no está mal visto reirse).

Durante este año clave en su vida, en el que ha dejado atrás la infancia pero apenas comienza la adolescencia, Jason tendrá que lidiar entre otras cosas con el abuso escolar, la crisis matrimonial de sus padres, la muerte de una persona admirada, las peleas con su hermana mayor, un campamento gitano, las repercusiones de la guerra de las Malvinas, los problemas laborales de su padre, una herencia familiar destruida por descuido y, por supuesto, las actividades de esas misteriosas entidades conocidas como "chicas".

Black Swan Green está contada en primera persona. La caracterización es hábil y realista, algo que Mitchell ya ha demostrado ser capaz de hacer, pero la superior extensión dedicada a los mismos personajes permite una mayor profundidad. Me impresionó cómo el autor juega a veces con nuestras expectativas sobre los personajes. Cuando pensamos que ya los tenemos bien catalogados nos sorprenden con una reacción inesperada.

Como cualquiera que haya leído alguna novela suya sabe, Mitchell es técnicamente muy bueno, con un dominio envidiable del lenguaje y de la técnica narrativa. No es de extrañar por tanto que el libro interese y entretenga desde el primer momento. Sin embargo, comparado con esa montaña rusa que era Ghostwritten, que desde el principio captura al lector con su derroche de talento y creatividad, Black Swan Green tarda algo más en calentar motores. Creo que esto tiene algo que ver con la estructura de la novela. En Ghostwritten queda claro desde el principio que se trata de una colección de novelas cortas más o menos entrelazadas. Black Swan Green, en cambio, al principio parece una novela. Al cabo de varios capítulos te convences de que en realidad estás ante una colección de episodios con los mismos protagonistas pero relativamente independientes. A veces un capítulo termina en un momento álgido que, de forma frustrante, no es retomado en el siguiente. Según la historia avanza, sin embargo, te das cuenta de que después de todo sí que era una novela, que como otras veces Mitchell se las arregla para que todo vaya encajando a la perfección, sin apariencia de esfuerzo, como un mecanismo de relojería.

El tema, como hemos comentado antes, no es especialmente original. Muchas de las cosas que le pasan a Jason Taylor las hemos visto antes (¿chico mayor admirado por todos que muere en la guerra?... ver episodio 1 de Aquellos Maravillosos Años). Otras, no tanto. En cualquier caso, incluso las historias más familiares, cuando están muy bien contadas, son capaces de resucitar las emociones originales que las han hecho populares.

Uno de los puntos más interesantes de Black Swan Green es el Ahorcado (Hangman), personaje creado por la imaginación de Jason y que no es otro que la personificación de su archienemigo, la tartamudez, que se complace en bloquear palabras obligándolo a examinar mentalmente cada frase que va a decir y estar listo para utilizar circunloquios en vez de las palabras potencialmente conflictivas. Las reflexiones de Jason sobre la tartamudez muestran una perspicacia especialmente aguda, a la vista de la cual no me resultó sorprendente enterarme de que se trata de un aspecto totalmente autobiográfico, ya que el propio autor sufre un impedimento del habla similar al de su protagonista. Resulta interesante leer el artículo que sobre el tema Mitchell escribe en la página web oficial del libro. Este impedimento no impide que Jason ame el lenguaje. Al contrario, la narración resulta una encantadora mezcla de slang juvenil y de momentos de belleza lírica en las descripciones (aunque "belleza" no es una palabra que Jason pueda usar en público, ya que sus compañeros la considerarían "gay").

Como personaje, Jason Taylor resulta un acierto. Con sus debilidades y su excesiva vulnerabilidad a lo que los demás puedan pensar de él, acaba siendo sin embargo entrañable, porque ni él mismo se da cuenta de lo buena persona que es. Sus observaciones a menudo resultan especialmente articuladas e incisivas para un chico de trece años, pero Mitchell tiene el acierto de hacerlo brillante pero no demasiado. Conviven en él observaciones certeras con momentos de inocencia en los que no se da cuenta de lo que realmente está pasando.

El bosque del cisne negroEn definitiva, Black Swan Green es una novela que se hace excepcional partiendo de lo cotidiano. Es más humilde y menos deslumbrante que otras novelas del mismo autor, pero no por ello deja de ser excelente. La nostalgia está presente de forma mucho más sutil que en otras novelas de similar temática, y la sensación que queda es agridulce, aunque acabe predominando la esperanza. Mitchell es un genio. Tengo que reconocerlo, no puedo ser objetivo con este tío. Esto es buena literatura, no en el sentido de usar hábilmente el lenguaje pero aburrir soberanamente al lector, sino en el de usar hábilmente el lenguaje para ponerlo al servicio de la historia.


Eh... bueno, éste es un blog sobre el género fantástico y esta novela no es de género fantástico, pero me da igual. Por cierto, para los que la queráis leer en inglés: adelante, porque creo que merece la pena hacerlo, pero tengo que advertiros que en ese sentido Black Swan Green es un poco durilla, con mucho uso de jerga y expresiones informales que pueden hacérsele cuesta arriba al que no domine del todo el idioma. En español acaba de ser publicado con el título El bosque del cisne negro.

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lunes, octubre 08, 2007

The Last Light of the Sun

It is, as has long been said, the nature of the Cyngael that in the midst of brightest, shining joy, they carry an awareness of sorrows to come, an ending that waits, the curving of the arc. It is their way, the source of music in their voices (...)




The Last Light of the Sun


Guy Gavriel Kay, por lo que a mí respecta, es uno de los más grandes de entre los grandes escritores de fantasía épica.

Cada una de sus novelas es una muestra de amor por la historia y por las historias. Debido a sus exhaustivos períodos de documentación previa, sólo nos llega una nueva obra suya cada tres años, aproximadamente. Ahora bien, ese trabajo tiene su recompensa en el modo en que captura la esencia de la época histórica sobre la que está escribiendo. Kay sitúa sus relatos en distintas épocas históricas, como puede ser la Italia renacentista (Tigana), la Provenza de la cruzada albigense (A Song for Arbonne), la España de la reconquista (The Lions of Al-Rassan), Constantinopla (Sailing to Sarantium y Lord of Emperors) o, ahora, las invasiones vikingas de Inglaterra y Gales (The Last Light of the Sun). En vez de esos lugares, sin embargo, el autor prefiere usar versiones alternativas de los mismos, con distintos nombres, situados en un mundo muy parecido pero no idéntico al nuestro. Un mundo en el que existen algunos retazos de magia. De esta forma puede beneficiarse de la riqueza y profundidad que da nuestra historia, sin tener que verse constreñido por ella cuando no le interesa.

En cualquier caso, su principal rasgo distintivo no es ninguno de éstos, sino el enorme impacto emocional de sus historias. Dicho impacto lo consigue mediante una cuidada y compleja caracterización que liga afectivamente al lector con los personajes, para acabar enfrentándolos a acontecimientos realmente épicos con los que, a estas alturas, resulta inevitable implicarse por completo. Por ejemplo, el duelo final en The Lions of Al-Rassan, en el que dos protagonistas queridos se enfrentan a muerte, es una de las escenas más intensas que recuerdo en cualquier novela de fantasía épica.

Pero vayamos a la novela en cuestión. Como he mencionado antes, la acción transcurre en una versión fantástica de nuestro mundo, durante la época de las incursiones vikingas. Sólo que aquí a los vikingos se les conoce como Erlings, a los galeses como Cyngael y a los anglosajones como Anglcyn. Nomenclaturas aparte, el caso es que en Escandinavia el joven Bern Thorkellson se ha convertido en un siervo cuando su padre, que en su tiempo combatiera a las órdenes del mítico Siggur Volganson, comete un asesinato por el que es condenado al exilio, a la pérdida de su esposa y a la confiscación de todas sus propiedades. Bern escapa y decide buscar su propia fortuna uniéndose a los mercenarios de Jormsvik. Por desgracia, la única forma de ser admitido en Jormsvik es retar en duelo y derrotar a alguno de los temibles mercenarios.

Entretanto, dos príncipes galeses participan en una incursión para robar ganado de un reino vecino, ocupación al parecer muy popular por esos pagos. Sin saberlo, la granja que intentan saquear pertenece a Brynn ap Hywll, famoso por haber derrotado en duelo singular al caudillo vikingo Siggur Volganson. Los nietos de Volganson, precisamente, se disponen a asaltar la propiedad con propósitos mucho más sangrientos, buscando vengar la muerte de su antepasado y recuperar la legendaria espada que le fue arrebatada.

Inglaterra, por otra parte, está alcanzando un período de prosperidad bajo la dirección del rey Aeldred, inspirado en el personaje histórico de Alfredo el Grande. Partiendo de una situación de derrota casi irreversible frente a los vikingos daneses, Aeldred los ha sometido, para después reforzar el estado y mejorar la educación y el sistema legal. Ahora, en su madurez, trata de reforzar la posición de su país mediante enlaces entre sus hijos y las dinastías gobernantes en los países vecinos, además de fortalecer las defensas de su reino para que nunca más pueda ser presa fácil de las incursiones vikingas.

Las historias de estos personajes (y algunos más) se van ligando gradualmente, para acabar unidas de cara a su memorable culminación en tierras galesas.


Uno de los rasgos de Guy Gavriel Kay es que en sus obras escasean los villanos. Como el propio autor dijo en una entrevista, los villanos a menudo no son sino los héroes del otro bando. Esto se refleja en The Last Light of the Sun, y no es extraño encontrarse con protagonistas en distintos bandos de una contienda. El autor también sabe transmitir el espíritu de las tierras en las que transcurre el relato. El principal problema de la novela quizás sea precisamente éste. Se trata de lugares fríos y duros, particularmente Escandinavia, y el comportamiento de los personajes así lo refleja. Thorkell Einarson, el padre de Bern, que acaba convirtiéndose en uno de los principales protagonistas, es el ejemplo perfecto. Duro hasta el extremo, apenas muestra pesar por la pérdida de familia que él mismo causó con sus actos. No resulta tan fácil identificarse con un personaje así. Incluso la prosa de Kay, a menudo tan evocadora, aquí por momentos se vuelve fría como el clima norteño, aliviado sólo por el carácter más gentil de los galeses y de la familia del rey Aeldred.

Así pues, durante cuatrocientas de sus quinientas páginas The Last Light of the Sun se lee como una novela histórica, siendo la presencia de un bosque feérico el único rasgo verdaderamente sobrenatural, ya que no podemos contar las distintas supersticiones que no parecen tener efectos reales. Una buena novela histórica, quizá, bien planificada tanto en su ambientación como en su trama. Pero algo más que eso hay que pedirle a Guy Gavriel Kay. ¿Dónde está el impacto emocional y la belleza majestuosa de sus mejores obras?

Afortunadamente, todo estaba siendo reservado para el final. En los últimos capítulos llega una culminación épica de la historia, un final digno de figurar en las más grandes y trágicas sagas nórdicas, que ni siquiera habíamos podido intuir en el frío discurrir de la trama hasta entonces. Al igual que en The Lions of Al-Rassan, los mejores momentos finales incluyen un duelo a muerte, en el que de nuevo Kay juega con el lector haciéndole anticipar una conclusión que no ha de producirse. De nuevo el desenlace no es el que esperaba ni el que deseaba, pero cuando llega me doy cuenta por su enorme y trágica belleza que era el apropiado para llevar la historia a buen puerto.

Tras este momento memorable, todas las tramas van concluyendo de manera quizá demasiado perfecta para ser verdad, al menos en un mundo tan realista y duro como el que Kay nos ha dibujado. A estas alturas, sin embargo, estoy demasiado entregado a su habilidad como contador de historias para que me importe. Sólo puedo disfrutar y dejarme llevar por el aura de felicidad que genera una historia tan bien contada y tan bien concluida.

Guy Gavriel KayAsí pues, The Last Light of the Sun es una novela sobre el amor de los padres por los hijos y sobre las consecuencias que actos pasados de los primeros tienen en la vida de los segundos. También trata sobre una época de cambios, en la que la religión católica se empezaba a imponer a las religiones paganas y el fortalecimiento de la civilización anunciaba el principio del fin de las incursiones vikingas y de la magia feérica. Es digna del talento de su autor, aunque hubiera sido mucho mejor de haber logrado involucrar emocionalmente al lector desde el primer momento, como sí ocurre en sus mejores obras. Muy recomendable, sin duda, para cualquiera que sea capaz de emocionarse y dejarse llevar por historias tan poderosas como este final.


Ahora sólo me queda leer de este autor su novela más reciente, Ysabel, en la que por primera vez ha escogido un escenario contemporáneo. Mientras tanto, habrá que seguir a la espera de que alguna editorial se anime a traernos las novelas inéditas de Guy Gavriel Kay, o a recuperar alguna de las ya editadas (Tigana). Cuesta entender cómo La Factoría, por poner un ejemplo, se dedica a editar novelas tan flojas como Las Flechas de la Reina, mientras permanecen inéditas The Lions of Al-Rassan o The Last Light of the Sun. La única explicación que encuentro es que su mayor extensión obligaría a dividirlas en dos o ponerlas a un precio prohibitivo. Está claro, es mucho más fácil editar novelas de 300 páginas, pero es que a veces las buenas tienen más extensión...

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miércoles, octubre 03, 2007

Las Flechas de la Reina

Las flechas de la reina
Esta reseña fue publicada originalmente en C de Cyberdark.



Mercedes Lackey es una autora de literatura fantástica extremadamente prolífica. Muchas de sus novelas están emplazadas en el país imaginario de Valdemar y organizadas en forma de trilogías independientes de fantasía épica que siguen las peripecias de algún personaje importante de la historia de ese país. Otra de sus series más destacadas se titula Elves on the Road, y está ambientada en una sociedad contemporánea en la que también conviven elfos, magos, vampiros y demás seres míticos.

Esta novela, Las flechas de la reina, es la primera ambientada en Valdemar, y da inicio a la trilogía Heraldos de Valdemar que sigue la historia completa de su protagonista, Talia. No obstante puede ser leída de forma independiente: desarrolla una historia completa por sí misma. La novela es un típico bildungsroman. Cuenta las aventuras de una joven campesina que se siente fuera de lugar en la austera comunidad fronteriza en la que ha nacido, ya que su cabeza está llena de sueños y amor por las aventuras sobre las que lee en los pocos libros que posee, siempre que puede robarle algún instante a sus obligaciones.

Tras huir de su casa al averiguar que su familia planea casarla cuando cumpla trece años, Talia se encuentra con un ser con apariencia de caballo pero que, sin embargo, da muestras de una viva inteligencia. Se trata de Rolan, uno de los míticos compañeros que comparten las aventuras de los heraldos. Los heraldos son un grupo de servidores del reino, mezcla de exploradores, diplomáticos y guerreros, capaces de comunicarse telepáticamente con sus monturas. Rolan la invita a subir sobre sus lomos y la lleva hasta Haven, capital de Valdemar. Allí Talia descubre que Rolan la ha elegido para ser su jinete y, por tanto, convertirse en uno de los heraldos. Antes de eso, la joven tendrá que prepararse para esa responsabilidad estudiando junto con otros futuros heraldos en el Collegium, cuya sociedad abierta y permisiva contrasta vivamente con la comunidad en la que ha crecido Talia. No obstante, el momento de servir a su país le va a llegar antes de lo previsto. Por circunstancias ajenas a su voluntad llega a su conocimiento la existencia de una perversa conspiración contra la reina de Valdemar y la princesa heredera.

Mercedes LackeyEl lector puede pensar que todo esto parece muy tópico, y acertaría de lleno. La única variación con respecto al manual es el detalle de que la protagonista sea de sexo femenino y la atención que se presta a asuntos como la discriminación de la mujer. Esto coloca a Lackey en el grupo de autoras que suelen ocuparse de temas feministas, junto con Marion Zimmer Bradley o Sheri S. Tepper, pero ello no resulta suficiente para sacar la novela de la rutina. Todos los ingredientes habituales están ahí, sin apenas un giro que lo distinga de lo esperado. El estilo es sencillo, sin ningún tipo de adorno estilístico, pero el fondo también es extremadamente simple.

En cuanto a la descripción del escenario, resulta deficiente. Lackey se fija en los detalles que le interesan, principalmente los referentes a los heraldos, pero en ningún momento da la sensación de que Valdemar sea un país real y complejo, con su propia existencia fuera de lo inmediato de la trama. No queda claro si el nivel tecnológico está más cerca del medieval o del renacentista. Por ejemplo, Talia posee desde el inicio varios libros, sin que se comprenda muy bien qué hacen esos libros en medio de una comunidad tan cerrada y retrasada como la suya. ¿Son libros manuscritos o existe la imprenta en Valdemar? Los personajes, por otra parte, no están desarrollados de forma interesante. Apenas se presta atención a las relaciones de Talia con el resto de estudiantes y su crecimiento como personaje se ve dificultado por lo bien que hace todo y por la tendencia de la autora a informarnos de sus cualidades en vez de mostrárnoslas.

La historia también es excesivamente sencilla, llegando a veces a niveles de ingenuidad dolorosos. La trama para destronar a la reina, así como los intentos de asesinato contra la propia Talia, sólo pueden ser calificados como pueriles. Por otro lado, todos sabemos que buena parte del atractivo de estas novelas de aprendizaje es la posibilidad del lector de verse reflejado en el protagonista y disfrutar de esa forma aventuras que le gustaría experimentar pero que en la vida real son muy improbables. Sin embargo, en este caso la autora peca por exceso. La protagonista es demasiado perfecta en todo y, para colmo, los éxitos le llegan a menudo porque sí, sin que medie esfuerzo real por su parte. Así, Talia no es un heraldo normal. Es la que mejor vínculo telepático tiene con su compañero, y también es la que está destinada a ser consejera de la reina y tutora de la princesa heredera.

Arrows of the QueenEn definitiva, se trata de fantasía juvenil. Sin embargo, mientras que la buena fantasía juvenil puede ser disfrutada por adultos, ésta no la recomendaría para lectores más curtidos. De hecho, como he argumentado alguna vez cuando alguien defiende a la Dragonlance y demás franquicias diciendo que son una buena lectura para jóvenes, tampoco la recomendaría para ellos. Es decir, no niego que los lectores jóvenes, que aún no han perdido la capacidad de maravillarse con cualquier historia, puedan disfrutar de ella... pero aunque así sea, habiendo buenas novelas entre las que elegir, ¿qué necesidad hay de conformarse con las mediocres? Quizá sí pueda ser un buen regalo para lectoras jóvenes aficionadas a la fantasía épica, para los que no resulta fácil encontrar personajes femeninos con los que identificarse.

Poco más se puede añadir. Existen menciones relativamente frecuentes a relaciones lésbicas entre varios personajes que, sin ser en ningún momento gráficas, sí que resultan poco habituales en una novela dirigida a un público tan joven. Por lo demás, la historia se deja leer y es rápida, pero es difícil disfrutar realmente de ella salvo que uno desconecte el espíritu crítico. Me sorprende que La Factoría haya apostado por esta obra dentro de su colección Solaris Fantasía. Aunque tenga sus variaciones de calidad, en general esta colección nos está acostumbrando a un mayor nivel. Incluso dentro de la bibliografía de Mercedes Lackey existen al parecer otras novelas mucho más digeribles por el público adulto.




Título: Las flechas de la reina
Autor: Mercedes Lackey
Título original: Arrows of the Queen
Año: 1987
Traducción: Belén Aguilera
Editorial: La Factoría de Ideas
Colección: Solaris Fantasía nº59
Año: 2007
ISBN: 978-84-9800-309-3

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