Ghostwritten

David Mitchell es uno de los autores que tenía intención de leer, tras las entusiastas críticas que cosechó con Cloud Atlas. Finalmente, mi primer acercamiento a su obra no ha sido a través de Cloud Atlas, sin embargo, ya que llegó a mis manos de forma inesperada Ghostwritten, su primera novela. La leí pensando que permanecía inédita en español, aunque una posterior búsqueda en internet me reveló que había sido publicada aquí por la editorial Tropismos, con el poco afortunado título de Escritos fantasma. Los lectores a los que no haya espantado la incoherencia gramatical del título que le han puesto en español se encontrarán con una novela brillante, ambiciosa, fascinante y pletórica de talento aunque no exenta de algún que otro exceso.
Ghostwritten está estructurada en forma de colección de nueve novelas cortas, casi siempre narradas en primera persona por distintos personajes y tituladas con el nombre del lugar en que transcurre la acción en cada una de ellas. Se trata de historias en gran parte independientes aunque conectadas por pequeños detalles, que parecen casuales al principio pero que van adquiriendo mayor importancia según avanza la narración.
La primera de ellas, Okinawa, cuenta la historia de un terrorista japonés perteneciente a una secta apocalíptica que se oculta de la policía tras participar en un atentado con gas venenoso en el metro de Tokio (claramente inspirado por el atentado cometido en 1995 por la secta de la Verdad Suprema). Es estremecedor meterse en la piel de un personaje tan fanático, que cree a pies puntillas las delirantes teorías de su lider, al que se refieren como His Serendipity (algo que podría traducirse, inadecuadamente, como Su Sagacidad). Sin embargo lo mejor de todo es el contraste entre la forma de razonar de este individuo y su humanidad esencial, que se intuye por debajo de la capa de fanatismo. De esta forma, llega a entreverse en algún raro momento el horror y la carga de culpa por lo que ha hecho, así como las inseguridades que le llevaron a caer en las redes de la secta. La historia termina sin una resolución definitiva pero constituye sin duda un comienzo brillante, que nos avisa de la enorme capacidad de David Mitchell para crear personajes que dan sensación de verdadera humanidad, con los que se puede empatizar.
Mucho más cotidiano es el argumento de Tokyo, el segundo relato, que se centra en la figura de un adolescente japonés amante del jazz que trabaja en una tienda de discos raros. En un momento determinado se siente atraído por una chica que entra en su tienda y a la que cree que no volverá a ver. Sin embargo, una combinación de acontecimientos hace posible que llegue a entablar amistad con ella y finalmente tendrá que enfrentarse a una decisión fundamental cuando las circunstancias les separan. Excelente de nuevo; Mitchell prueba que cuando se escribe de forma realmente excepcional se puede hacer interesante el argumento más sencillo.
En el siguiente relato, Hong Kong, seguimos a un abogado que trabaja para una empresa financiera cobrando un sueldo millonario pero que está sumido en una profunda crisis personal, causada aparentemente por el estrés de su trabajo, por algunos asuntos poco turbios relacionados con el mismo y por los problemas en su relación con su mujer, con la que está en proceso de divorcio, y con la sirviente doméstica que se ha convertido en su amante. Por no mencionar al fantasma de una niña que supuestamente habita en su casa. Ésta historia me pareció algo menos inspirada que las anteriores, con un personaje más estereotipado y buenas ideas mezcladas de forma no del todo acertadas. Incluso los relatos más flojos de este volumen son interesantes, sin embargo.
Si el lector pensaba que Mitchell estaba perdiendo el pulso narrativo, inmediatamente se saca esa idea de la cabeza con Holy Mountain, la cuarta narración. Se trata de la historia de una anciana china que regenta una tienda de té a los pies de la montaña sagrada. Desde allí ha visto pasar numerosos acontecimientos históricos, incluyendo la llegada del comunismo y las represiones y masacras acaecidas antes y después de ese momento. Sin embargo, a todo ha sobrevivido, y allí sigue, manteniéndose con vida con la esperanza de volver a ver a su hija, a la que no pudo criar. Se trata de una historia hermosísima, llena del intimismo y la mentalidad oriental. Realmente emocionante.
Aunque había algunos rasgos de fantasía en los relatos anteriores, es con la quinta novela corta, titulada Mongolia, con la que entramos de lleno en la literatura de género. Se trata de la historia de una especie de ente que vive de forma parásita en la mente humana y que es capaz de saltar de una persona a otra (algo parecido al personaje Cara-de-Perro Joe que aparecía en Las puertas de Anubis, aunque sin asesinar a la gente). Dicho ente se encuentra perdido y busca comprender lo que es y si hay otros seres similares a él. Su único recuerdo anterior a su peregrinar por distintas mentes humanas es una vieja leyenda casi olvidada sobre tres animales que hablan sobre el fin del mundo. Se trata de otra historia fascinante, con un final quizá demasiado sentimental aunque indudablemente emotivo. También de lo mejor del libro.
Petersburg, la siguiente historia, sigue a Margarita Latunsky, una no demasiado inteligente celadora de un museo ruso que se ha implicado en una trama de robo y falsificación de obras de arte. No es de los mejores relatos que componen la novela, aunque no deja de ser buena la patética descripción de las miserias y esperanzas de la protagonista, y su duro contraste con la realidad. A estas alturas está claro que las conexiones entre los relatos son bastante fuertes, a menudo a través de personajes compartidos, aunque no se vislumbra una unidad argumental clara.
La séptima historia, London, sigue la historia de Marco, un escritor y músico algo mujeriego, que sale adelante haciendo de negro literario (Ghostwritten, el título de la novela, hace alusión a las obras literarias que no han sido escritas por las personas que las firman, sino por un escritor desconocido a sueldo que las escribe por encargo). Tras varias extrañas peripecias algo inconexas, Marco acaba tomando una decisión que cambia su vida. Tampoco es ésta la más brillante de las historias del libro. Nuevamente parece que Mitchell mezcla demasiadas ideas sin un propósito claro. De todas formas, vuelvo a insistir en que incluso en sus momentos menos inspirados el libro no deja de ser excelente. Estamos hablando de un autor que ha escrito cuatro novelas y que ha estado nominado al Man Booker Prize por tres de ellas (todas excepto ésta). En fin, palabras mayores.
A continuación viene Clear Island, la historia de Mo Muntervary, una física irlandesa que trabaja en temas de inteligencia artificial. Recientemente ha descubierto que su trabajo está siendo usado en sistemas de armamento y ha dimitido, indignada. Sin embargo, la agencia de inteligencia americana no está dispuesta a permitir que abandone sus investigaciones o, peor aún, que pueda llegar a caer en manos enemigas. Buen relato de nuevo y buena caracterización, aunque sin llegar al nivel de lo mejor de la novela.
Finalmente, Night Train sigue la historia de un programa de radio nocturno en Nueva York a lo largo de una crisis mundial que parece destinada a convertirse en una guerra nuclear. Uno de los oyentes que intervienen en el programa resulta ser una inteligencia artificial que está jugando un papel fundamental en la crisis, a la vez que atraviesa una especie de crisis de conciencia. Excesiva, fascinante, no demasiado clara... Night Train ata finalmente las distintas historias, o al menos algunas de ellas, y culmina el ciclo narrativo que se desarrolla en la novela.
En resumen, una primera obra que tiene sus defectos pero que revela un talento excepcional para la literatura, y constituye una magnífica experiencia lectora. Resulta casi sublime en sus mejores momentos, recargada y excesiva en otros (en argumento, no en estilo), sin que falten homenajes literarios a Marukami, Auster e incluso Asimov. No aburre en ningún momento y muestra que David Mitchell es uno de esos escritores a los que hay que seguir.
Y dicen que Cloud Atlas es aún mejor...
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