martes, agosto 21, 2007

Ash: A Secret History, de Mary Gentle

Ash: A Secret History


Some of this is to do with being deeply in love with the tropes of fantasy & SF, and wanting to wring that extra bit of belief out of the reader, for an extra amount of enjoyment while they're reading -- for various values of 'enjoyment,' naturally; sad things can be as satisfying as happy things, in that sense. So I want to take standard or cliché things like 'one good and one evil twin,' and 'mastermind with a breeding programme,' and 'antique and evil city,' and 'band of heroes,' and give them all a twist: what would they have to be like, to be believable?

For a start, they'd have to exist in a world where everything else (swords, mud, people's conversations, horses, rain, hot soup) behaves as it does in the world we're used to. The mimesis of action, if you like -- a sword is a three-foot razor-blade, if you hack at someone with it, they probably don't counter with a high-pitched yell and a backflip. (If they do, you're in another kind of story!) People don't go days through rough countryside without their armour rusting, and without needing to take a crap behind a bush. Love doesn't just give you a romantic light in the eye, it can give you the feeling of being slowly sawn in half. All the things that get shoved behind the scenery in more artificial and stylized fantasy.

Not that I don't like the artificial and the stylized, mind you, but they weren't what I wanted to write here; they engender a different and perhaps more poetic version of belief. In short, I wanted the people in Ash to be real people, in a real world; for at least as long as you experience them when you read. That means not cheating, and not lying about the limitations they have -- otherwise, heroism and loss don't mean anything.


- Mary Gentle, en una entrevista en http://www.sfsite.com/




Esta es la historia de Ash, quizá la más carismática mujer guerrera de la historia de Europa después de Juana de Arco, que lideró una compañía de mercenarios a finales del siglo XV. La novela se presenta como la traducción de una serie de documentos históricos de cara a su publicación en una editorial académica. Al final de cada capítulo, que es frecuente que termine en un cliffhanger, se incluye una colección de correos electrónicos entre el autor de la traducción y su editora, en la que discuten la obra.

Ash: Una historia secretaLo que al principio parecían documentos históricos, según avanza la traducción empiezan a parecer más bien ficción cuando los acontecimientos comienzan a diverger notablemente de la historia que conocemos. De hecho, como se recalca en la novela, la historia que conocemos se basa en los documentos y evidencias que nos han llegado y puede estar en parte distorsionada y tergiversada. Las licencias que se toma la narración que se está traduciendo, como las voces que oye Ash y que le sugieren estrategias a seguir durante las batallas, son explicadas por el traductor como embellecimientos explicados por la mentilidad supersticiosa y religiosa de la época. Todo esto va contribuyendo poco a poco a hacer más extraña la historia de Ash.

Finalmente, queda claro que las divergencias históricas son demasiado flagrantes como para haber sido pasadas por alto por la "historia oficial". Los documentos acerca de la vida de Ash que están traduciendo deben ser ficción. ¿Cómo explicar si no la supervivencia en pleno siglo XV de un próspero asentamiento visigótico en la antigua Cartago, poseedor de enigmáticas tecnologías y que se permite nada menos que iniciar la invasión de Europa? Debe tratarse de ficción, por tanto, y todo quedaría ahí de no comenzar a aparecer evidencia arqueológica que parece apoyar la veracidad de lo narrado en estos documentos.

De esta forma, se van entremezclando la trama principal, emplazada en el siglo XV, y la contemporánea, estructurada de forma epistolar. Hay que resaltar, sin embargo, que la trama contemporánea ocupa sólo una pequeña fracción del total de la extensión de la novela, y es más torpe y esquemática que la historia principal.


Ash: Cartago TriunfanteLa historia de entrada parece una novela histórica, aunque llama la atención la decisión de actualizar el lenguaje utilizado (de forma que los personajes, endurecidos mercenarios casi todos ellos, "dicen 'joder' muy a menudo", como menciona el traductor en uno de sus correos). A pesar de que al principio pueda extrañar ese lenguaje en boca de personajes de finales de la Edad Media, pronto resulta natural y transmite la mentalidad de soldados profesionales en una época tan dura como la descrita.

Precisamente es el realismo el rasgo estilístico más destacable de Ash. La autora posee unos conocimientos sobre historia muy por encima de la media de los autores de fantasía, y más aún cuando hablamos de armamento y de cómo se hacía la guerra a finales del medievo. Por tanto, la historia es realista, dura, pródiga en descripciones sobre fluidos corporales y sobre los mil y un detalles del armamento empleado y su manteniento. Esta atención por el detalle hace que el ritmo sea más pausado de lo que muchos lectores seguramente hubieran preferido. A pesar de ser fantasía militar, las descripciones, reuniones para acordar la estrategia, política interna de la compañía de mercenarios y desarrollo de los personajes y las relaciones entre ellos ocupan mucha más extensión que las batallas en sí. Sin embargo, para muchos otros lectores, entre los que me cuento, esto consigue hacer que la lectura sea más rica y realista, sin causar por ello menoscabo al interés con que se sigue.


Ash: Las maquinas salvajesPublicado por primera vez en el Reino Unido en 1997, Ash llegó al mercado estadounidense en el 2000, dividido en cuatro volúmenes, al igual que se ha hecho en la edición española. No se trata de una saga, por tanto, sino de una única novela masiva, cerca de 1200 densas páginas en la edición inglesa por la que me decidí, dividida únicamente por causa de su tamaño.

Desde el primer momento recibió considerable atención y aplauso crítico, aunque las ventas no llegaran a tanta altura. Resulta lógico, porque es una novela distinta a lo que los lectores de fantasía épica están acostumbrados a esperar. Escrita a lo largo de cinco años, su autora se sacó un título universatorio en Historia de la Guerra como parte de la investigación.

Se trata como digo de una novela épica que se aparta de lo habitual en la literatura fantástica, racional hasta el punto de acercarse más a la ciencia ficción que a la fantasía. Por su derroche imaginativo, su tono distintivo y el realismo con que recrea el siglo XV merece estar entre los grandes de la fantasía épica.

Ash: Borgona perdidaNo es para todo el mundo, sin embargo. Algunos lectores estarán desconcertado por la mezcla de las líneas argumentales medieval y contemporánea, así como por el empleo indistinto de recursos propios de la novela histórica, la fantasía y la ciencia ficción. A otros se les atragantará el ritmo más lento de lo acostumbrado en novelas de fantasía épica, así como el abundante vocabulario asociado con cada una de las piezas de las armaduras y armas ofensivas de la época, que incluyen tanto artillería como las consabidas armas medievales.

Para el resto, la lectura de esta extensa novela, que parece el resultado de una colaboración entre un autor de novela histórica obsesionado por el detalle y Philip K. Dick, será una experiencia fascinante, que no puedo dejar de recomendar a cualquier buen aficionado a la fantasía épica.

Mary Gentle

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lunes, agosto 20, 2007

Regreso a Belzagor, de Robert Silverberg



Robert Silverberg es sin duda una de las grandes figuras del género, y Regreso a Belzagor está considerado como un pequeño clásico de la ciencia ficción antropológica, si es que se puede usar el adjetivo antropológico para referirse a alienígenas (yo creo que sí, ya que la fundamental semejanza entre seres sapientes será siempre más importante que las diferencias).

Se trata de una novela muy corta, 220 páginas en la edición de La Factoría que ha sido recientemente saldada, y eso contando con un tipo de letra de exagerado tamaño. Quizás, en vez de recurrir a esa artimaña, hubiera sido más honesto por parte de la editorial utilizar un tipo de letra normal y completar el volumen con alguna otra novela corta. De todas formas, en esta época de gruesas novelas e interminables sagas, no deja de agradecerse que un escritor se limite a contar una historia con algo de economía del lenguaje, contando únicamente lo que cree que debe contar y nada más.

El argumento es sencillo. Gundersen, antiguo administrador colonial de Belzagor, regresa años después a dicho planeta. El proceso de descolonización ha concluido y Belzagor ha sido devuelto a los seres inteligentes nativos. Concretamente, las dos las razas inteligentes que pueblan el planeta son los nildores, gigantescos herbívoros parecidos a elefantes, y los sulidores, humanoides carnívoros también de gran tamaño.

Regreso a BelzagorDurante su etapa como administrador colonial, Gundersen gobernó el planeta con mano de hierro, sin demasiado respeto por las razas nativas ni su cultura. Ahora vuelve impulsado por una necesidad interior de redimirse y comprender las culturas que antes había sojuzgado. De esta forma, emprende una particular peregrinación tanto física como espiritual que le debe llegar a comprender sus creencias y rituales más sagrados.

Con un lenguaje sencillo y de descripciones casi bucólicas en muchos momentos y bastante despiadas en otros, la historia trata temas como el sentimiento de culpa, el arrepentimiento y la redención personal. En este sentido está bastante alejado de la ciencia ficción de aventuras y acción, a pesar del exótico escenario en el que se desarrolla.

De todas formas, posiblemente sea éste uno de esos casos en que los grandes halagos que casi todo el mundo escribe sobre la novela han hecho que cuando finalmente la leo quede en cierta forma desencantado. El principal motivo de desencanto es que nada me ha sorprendido. En algún momento Regreso a Belzagor me ha recordado las novelas de Ursula K. LeGuin pero, mientras que esta escritora siempre consigue convencerme con su capacidad de imaginar culturas extrañas, aquí Silverberg me deja siempre un regusto a algo ya conocido. En efecto, mientras leía Regreso a Belzagor ya tenía la sensación de saber por dónde iban a ir los tiros. La influencia de Joseph Conrad en esta novela, reconocida por el propio autor, es tan evidente que por momentos se acerca más a la copia que al homenaje.

Además, Silverberg le da a la historia un regusto new age que me pareció demasiado añejo. Vale que los nildores sean no violentos y admirables, pero ¿realmente necesitan estar refregándotelo por la cara a cada momento? Por no hablar de la revelación final, dolorosamente previsible para cualquiera que sea lector más o menos habitual de ciencia ficción. El autor no se resiste además a introducir uno de esos finales trascendente a los que es tan aficionado y que debo reconocer que a mí casi siempre me dejan indiferente. Es muy difícil darle a ese tipo de finales la pasión y convencimiento que les hace funcionar. Moorcock, por ejemplo, lo consigue en He Aquí el Hombre. En Regreso a Belzagor, sin embargo, no me pareció que ni el mismo autor se lo creyera realmente.

Robert SilverbergA pesar del regusto amargo causado por lo que acabo de comentar, he de reconocer que Regreso a Belzagor sigue siendo una buena novela, breve (lo cual resulta un gran acierto), agradable de leer, concisa, intimista, escrita con oficio y que trata de temas importantes. El hecho de que este comentario resalte más los rasgos negativos es una reacción a los elogios desde mi punto de vista exagerados que ha recibido en otras críticas. Sencillamente no me pareció ese gran clásico que algunos lo consideran, pero como novela menor y rápida de leer la verdad es que funciona bien.

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viernes, agosto 17, 2007

Harry Potter and the Deathly Hallows (sin spoilers importantes)




Llegó a su fin la saga de literatura fantástica más exitosa de todos los tiempos. Echando la vista atrás, no parece que la saga esté a la altura del revuelo por ella causado. Pero claro, éste era un objetivo imposible de antemano. ¿Cómo puede una saga de fantasía juvenil ser tan buena que justifique que su autora se haya convertido en la mujer más rica de Inglaterra y que miles y miles de fans enloquecidos se echen a las calles a las doce de la madrugada para adquirir los libros el mismo día del lanzamiento? Más de uno habrá rechazado de antemano estas novelas, basándose en la algo elitista postura de que si han gustado a tanta gente no pueden ser buenas. Algo de eso hay en los aficionados a la literatura fantástica. Nos quejamos de que nuestro género sea tan minoritario, pero en cierta forma también nos sentimos orgullosos, como si fuéramos partícipes de un secreto que el resto de los mortales no comparte.

Creo que lo mejor que se puede hacer es olvidarse de la extravante popularidad de estos libros y aceptarlos y disfrutarlos como lo que son, fantasía juvenil con ciertos defectos que, sin embargo, se ven compensados por sus virtudes hasta alcanzar un resultado final bastante satisfactorio.

Los puntos fuertes de Rowlings son la habilidad de contar historias en las que el lector se ve implicado emocionalmente con los personajes, su desarrollo de un mundo de fantasía paralelo al nuestro que resulta bastante original (por mucho que la historia básica del niño huérfano con destino manifiesto y el aprendiz de mago sean lugares comunes en la fantasía), y la capacidad de utilizarlo para lanzar una mirada satírica hacia nuestra propia sociedad.

Por otro lado, la decisión de hacer de ésta una saga de siete libros es desafortunada. No desde el punto de vista monetario, desde luego, pero sí desde el punto de vista de la historia. Así, tenemos libros como el quinto de la saga que son placenteros de leer porque han llegado a gustarnos los personajes y no nos importa acompañarlos en sus peripecias, pero en el que básicamente éstos no hacen nada para que avance la historia y lo único que hacen, ya hacia el final de la novela, hubiera sido mejor que se lo ahorraran.

Sobre el argumento, no creo que merezca la pena extenderme. El revuelo causado por esta serie es tal que todo el que sienta el más mínimo interés por ella seguramente ya lo conoce. En este séptimo y último libro, el esquema básico de la saga cambia un poco. En esta ocasión, Harry, Ron y Hermione no vuelven a estudiar su último año al colegio de Hogwarts. Los planes de Voldemort están ya tan avanzados que prácticamente ha tomado el control de la sociedad de los magos y ha instaurado un régimen de terror y represión que recuerda por momentos al de los nazis.

Los protagonistas por tanto, en vez de volver a sus libros y sus clases, se dedican a la búsqueda y destrucción de los horcruxes cuya existencia hace indestructible a Voldemort. Durante este período coexisten momentos de genuina tensión e intensidad emocional (como el enfrentamiento de Ron con Harry) con otros de ralentización de la narración, que en ciertos momentos avanza de forma muy irregular y sólo a base de coincidencias demasiado arbitrarias.

Resultan decepcionantes detalles como la extrema facilidad con la que se puede robar en el supuestamente inexpugnable Gringotts Wizarding Bank, así como la rematada estupidez e incompetencia de los sirvientes de Lord Voldemort, que no sólo llega hasta el extremo de dejar escapar a sus prisioneros, sino también de olvidarse de registrarlos y quitarles todas las posesiones de valor que llevaban encima en el momento de ser capturados. Se trata de defectos algo frustrantes y que seguramente se podían haber corregido con un poco de planificación o con las sugerencias de un buen equipo de proofreaders. Es algo que vengo notando desde el primer libro de la serie, por ejemplo con las reglas del deporte quidditch, tan mal diseñadas que hacen que en un equipo de siete jugadores sólo importe lo que haga uno de ellos, el seeker, mientras que los demás son sólo comparsas. Qué necesidad había, J. K. Rowlings, de dar todo el protagonismo a Harry también en el deporte. Ya bastante protagonismo tiene como para poder permitirse compartir un poco con otros.

Con todo, en último extremo Harry Potter and the Deathly Hallows -y la saga en general- triunfa, porque consigue mantenerme pegado a las páginas y que siga importándome el desenlace final. Sí, la serie hubiera funcionado mejor de haber sido menos extensa, pero me ha hecho disfrutar en todo momento con el pintoresco mundo de fantasía en que viven los magos, y ha sabido crear personajes con los que lo paso bien y cuya suerte no me es indiferente. Creo que como balance final eso no está nada mal. Destacaría también la evolución de la saga según los protagonistas van madurando. En esta novela, por ejemplo, asistimos a un cierto desencanto de Harry con la figura de su venerado Profesor Dumbledore. Pasamos de verlo como un mentor benévolo e infalible a percibirlo como un gran mago con importantes virtudes pero también notables defectos y errores cometidos a lo largo de su vida. Detalles como éste le dan madurez y riqueza a la saga.

Por lo demás, los capítulos finales son estupendos, saliendo enérgicamente del bache narrativo en el que está sumida buena parte del nudo de esta novela. Qué importante es una buena conclusión para una serie tan larga, de forma que quede un buen sabor de boca y una cierta tristeza porque se haya terminado (ya hay quien ha acuñado el término depresión post-Potter).

J. K. RowlingEn resumen, los fans de la saga encontrarán aquí una digna conclusión de la misma, mientras que a aquellos aficionados a la fantasía que se hayan resistido a leerla por culpa de su desmesurado éxito les recomendaría que se olvidasen de eso y le diesen una oportunidad. Posiblemente la disfrutarían.

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