martes, enero 16, 2007

Cell: La novela de zombis de Stephen King

Cell, de Stephen King

Al leer una crítica es útil conocer los prejuicios de quien la escribe, así que comienzo este comentario reconociendo mi admiración por Stephen King. A la mayoría de la gente le complace despreciar a los escritores que venden muchos libros por el simple hecho de que tengan éxito. Se trata de un enternecedor sentimiento de elitismo: "si atrae a las masas es que está muy por debajo de mi gusto exquisito". Es innegable que el éxito de ventas no es garantía de calidad, pero tampoco es cierto que todos los bestsellers sean basura. No puedo decir que King sea un gran literato, por mucho que le fuera concedida la prestigiosa medalla de la National Book Foundation por su contribución a la literatura norteamericana. Escribe de forma eficaz y adecuada, pero nadie va a comprar sus libros para disfrutar de la belleza de su uso del lenguaje. Sin embargo, como contador de historias su talento es inmenso. Es una pena que su producción sea irregular: quizá son demasiadas novelas y demasiado rápidamente escritas para que la inspiración de una persona, no importa lo rica que sea, aguante el ritmo. Cuando King está inspirado sus historias son excepcionales, pudiendo acercarse incluso a lo sublime. Cuando no lo está, como le ocurre cada vez más frecuentemente, al menos le queda el oficio. Sería suficiente para otros escritores, pero no para el autor de obras como las novelas cortas recopiladas con el título Las cuatro estaciones.

La Noche de los muertos vivientesCell es su novela más reciente de entre las disponibles en nuestro país, a la espera de la traducción de Lisey's Story. Se trata ni más ni menos que de una historia de zombies. Está dedicada a George A. Romero, el director de cine que dio nueva vida al subgénero "terror con zombis" con películas como La noche de los muertos vivientes, y también al escritor Richard Matheson, autor de Soy leyenda. La dedicatoria es más que apropiada, porque si a King le hicieran la clásica pregunta "¿de dónde sacó las ideas para escribir Cell?" podría responder con toda sinceridad "de las obras de George A. Romero y Richard Matheson".

La historia comienza de forma previsible para cualquiera que haya visto películas de zombis. La gente comienza a enloquecer y convertirse en bestias descerebradas decididas a atacar salvajemente a cualquiera que pase por allí. La novedad es que en este caso la locura colectiva no tiene causas sobrenaturales o patológicas, sino que está desencadenada por una señal (un "pulso") emitido por los teléfonos móviles. Es un acierto convertir a un objeto tan cotidiano pero a la vez novedoso como son los teléfonos móviles en origen de terror. Son aparatos al mismo tiempo familiares y de funcionamiento desconocido para la mayor parte de la gente, como prueban las periódicas polémicas sobre los presuntos efectos nocivos de las antenas de telefonía móvil. ¿Qué mejor combinación para dar miedo?

El riesgo, sin embargo, es que sea cual sea el origen del problema lo que viene a continuación ya nos lo conocemos. La desesperada lucha de la gente normal para salvar el pellejo y encontrar a sus seres queridos, la formación de pequeños grupos para ayudarse mutuamente y aumentar las posibilidades de supervivencia... Hay poco margen para innovar, pero King lo acaba consiguiendo, aunque sea a costa de tomar algunas ideas ya exploradas por Matheson en Soy leyenda. En efecto, los zombis descerebrados no siguen siendo descerebrados por mucho tiempo, sino que su comportamiento comienza a evolucionar de forma imprevisible, manteniendo a protagonistas y lectores en tensión y originando la duda sobre quién está fuera de lugar, los zombis o la gente normal.

A pesar de todo, Cell no dejá de ser una obra menor de King. Es inevitable la comparación con la otra novela de este autor sobre el derrumbe de la civilización, la imponente The Stand (publicada en español como Apocalipsis). Junto a ese clásico, Cell es una novela mucho menos ambiciosa y más lineal. La galería de personajes de Cell es muy reducida, y King no se entretiene en explorar sus historias. Va al grano y a la acción, lo cual gustará a algunos lectores entre los que no me cuento. En efecto, para mí en una historia de terror los personajes son fundamentales. En el género de terror la suspensión de la incredulidad me resulta más complicada que en la fantasía épica, porque el terror mezcla los hechos sobrenaturales con el mundo cotidiano al que estamos acostumbrados. Si el autor consigue que me lleguen a importar los personajes ya tiene buena parte del camino recorrrido, pero en este caso sólo lo consigue a media. Stephen King tiene talento para la caracterización, y algo de eso queda en esta historia, pero éste es un tema en el que hace muy poco énfasis.

Stephen KingOtro problema es la falta de verosimilitud científica. Ya que el autor elige alejarse de una explicación sobrenatural, comenzamos a prestar atención a las explicaciones que se nos ofrecen sobre lo que está pasando, y las analogías que se establecen entre el funcionamiento de la mente humana y el de una computadora resultan sencillamente irrisorias. Para correr un tupido velo, en definitiva.

Además, el final tampoco aporta una explosión de inspiración. La novela simplemente acaba, sin que la historia que se está contando se cierre de una forma completamente satisfactoria. Algunos lo preferirán, considerando que así son a menudo las cosas en la vida real, pero aunque en parte llevan razón me da la sensación de que se trata de un recurso fácil por parte del autor para terminar la novela.

Con todo, Cell es una historia ágilmente contada. Dejará poca huella en el lector pero lo mantendrá entretenido durante varias horas, lo cual tampoco está mal.

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sábado, enero 06, 2007

Buenos tiempos en Camorr: Las Mentiras de Locke Lamora

Corren buenos tiempos para los aficionados a la fantasía épica. Se acabaron las obras mediocres y derivativas, copias baratas del Señor de los Anillos o repeticiones cansinas de la historia del niño granjero que resulta estar destinado a vencer al Señor Oscuro de Turno. Bueno, no se acabaron; la ley de Sturgeon sigue estando ahí. Pero ahora el aficionado a la fantasía épica que lee obras flojas es porque quiere; ahora tenemos bastantes cosas buenas entre las que elegir. Más que nunca. Lo mejor es que se trata de un círculo vicioso. Después de leer a gente como Martin, Bakker o Kay los escritores de fantasía épica con talento han interiorizado que el listón está alto y que se pueden contar historias vibrantes en este género.

El 2006 ha sido un año de debús destacados dentro de la fantasía de calidad, y uno de los más sonados ha sido el de Scott Lynch, con The Lies of Locke Lamora (Las Mentiras de Locke Lamora), que ya ha sido publicado en España.


The Lies of Locke Lamora

La introducción comienza con el protagonista, aún un niño, siendo vendido por el jefe de una banda de ladrones al más puro estilo Fagin de Oliver Twist a un sacerdote no menos ladrón, líder de una banda de delincuentes llamada los Gentlemen Bastards (Caballeros Bastardos). Y es que el pequeño Locke Lamora ha demostrado ya unas habilidades para el latrocinio llamativas, y una carencia de sentido común que hacen milagrosa su superviviencia en un ambiente tan cruento como los bajos fondos de Camorr.

A partir de ahí comienza la historia propiamente dicha. Locke es ya adulto y sigue formando parte de los Caballeros Bastardos, que son una de las más humildes bandas criminales al servicio del gran "capo" del submundo de Camorr, el Capa Barsavi. Lo que ni Barsavi ni nadie más sabe es que los Gentlemen Bastards no son los ladronzuelos de poca monta que aparentan ser. Muy al contrario, se dedican al timo. A lo grande, al estilo de Robert Redford y Paul Newman en la película El Golpe, solo que mejor. Con sus elaboradas tramas separan a la nobleza de Camorr de su dinero. Claro que esto rompe la Paz Secreta, el pacto oculto de no agresión entre la organización del Capa Barsavi y los gobernantes de la ciudad, pero los Caballeros Bastardos cuentan con su habilidad y el liderazgo de Locke Lamora para pasar inadvertidos.

Mientras los Caballeros llevan a cabo su último y elaborado plan, asistimos a momentos de crisis entre la clase criminal de Camorr, ante las hazañas de un misterioso personaje llamado el Rey Gris, que está asesinando uno por uno a los garristas (jefes de banda) más próximos al Capa Barsavi.

La novela está estructurada en largos capítulos que desarrollan la historia, terminados en interludios en los cuales vamos conociendo el pasado de Locke y de los Caballeros Bastardos. Este sistema tiene el peligro de interrumpir el curso de la narración de forma no deseada, pero en este caso funciona perfectamente y ambas narraciones se complementan y se hacen mejores mutuamente.


Las Mentiras de Locke LamoraHay que aclarar que Las Mentiras de Locke Lamora no es una obra comparable a la Canción de Hielo y Fuego de Martin, ni al Príncipe de Nada de Bakker. No es una épica de ese grandioso estilo. Por el contrario, la acción es relativamente más sencilla y toda ella transcurre en la ciudad de Camorr, una deliciosa mezcla de la Venecia renacentista, del Londres victoriano, de la Lankhmar de Fritz Leiber, de las grandes ciudades de la antigüedad... se pueden citar muchas influencias y ninguna capturaría del todo la esencia de Camorr. Lynch demuestra una habilidad considerable para crear una ciudad tan compleja, dinámica y esplendorosa, al tiempo que sucia y extremadamente peligrosa. Continuamente nos sorprenden nuevos detalles que contribuyen a hacer del escenario de esta historia un lugar inolvidable, con personalidad propia.

También los personajes se ganan nuestra simpatía. Los Caballeros Bastardos, huérfanos todos ellos, son como una familia. Pero quien se espere una dulce historia tipo Disney se puede ir olvidando. En esta historia hasta el apuntador recibe más palos que una estera y hay momentos realmente duros. Lynch logra que al lector le importen los personajes y no siempre son alegrías lo que el destino les tiene deparado, ni sus acciones son siempre fáciles de aceptar.

Principalmente, Las Mentiras de Locke Lamora es diversión continuada, adictiva, intensa, chispeante. Una mezcla de las obras de capa y espada de Dumas con la novela picaresca y la grandeza de los nuevos gigantes de la fantasía épica. No deja de tener ciertas imperfecciones, como la inexplicable costumbre de los enemigos de Locke Lamora de no acabar de matarlo del todo cuando cae en su poder, a pesar de tener poderosos motivos para hacerlo, o como la existencia de unos magos excesivamente poderosos que causan algún problema a la coherencia interna de la trama. Sin embargo, sus virtudes superan con creces a sus defectos. Es la clase de libro que nos hace lamentar su final, especialmente porque no podemos lanzarnos de inmediato sobre el segundo, que saldrá a mediados del 2007 en EEUU.


Scott LynchLa obra es la primera de una secuencia de siete novelas sobre los Caballeros Bastardos que Scott Lynch ha planeado. Es, sin embargo, totalmente autocontenida, ya que la historia que cuenta concluye satisfactoriamente. A juzgar por las frecuentes intervenciones del autor en distintos foros de internet, la ambición de la serie es mayor de lo que podría parecer en esta primera novela, y personalmente no veo la hora de que Red Seas Under Red Skies, el segundo de la serie, sea publicado y caiga en mis manos.

Si os gusta la fantasía épica hacedme caso: haceos con este libro. Lynch es de esos escritores cuyas obras va a haber que comprar sin preguntar siquiera de qué van.

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miércoles, enero 03, 2007

Un King atípico: Los ojos del dragón

The Eyes of the Dragon

El monarca de Delain, Roland, trata de ser un buen rey. Al menos hasta donde se lo permiten su poca predisposición a pensar y su sumisión a su consejero, el hechicero Flagg. Casado con Sasha, Roland tiene dos hijos, Peter y Thomas. El primero es tal dechado de virtudes que el segundo no puede más que vivir a su sombra, desde donde mendiga un poco de atención que sólo Flagg parece prestarle. En efecto, el mago se ha percatado de que no podrá manejar al primogénito como hizo con el padre, por lo que está buscando la forma de eliminar al príncipe Peter.

Stephen KingSe trata de una novela de King bastante atípica. Al parecer tuvo su origen en un comentario de una de las hijas del autor, que se quejó de que su padre sólo escribía libros de terror que a ella no le dejaban leer. Así pues, Los ojos del dragón no es una novela de terror como las que King suele escribir, sino una típica historia de fantasía épica, casi un cuento de hadas, con sus reyes, príncipes, magos malvados, sirvientes y amigos leales, horribles conspiraciones... No obstante, la cabra tira al monte, y algún momento que raya el terror sí que aparece hacia final, cuando Flagg ve tambalearse todos sus planes. No en vano, no es la primera vez que un personaje con el nombre de Flaggg aparece en las historias de Stephen King, siempre como encarnación del caos y del mal absoluto. Como es de esperar en tales circunstancias, los planes de Flagg no se limitan a eliminar a sus enemigos y acumular más poder para sí mismo, sino que busca la destrucción total de todo lo que es bueno y próspero en el reino de Delain.

Enfrente suyo tiene al príncipe Peter, un joven íntegro y valiente que habrá de soportar horribles persecuciones e injusticias causadas por las conspiraciones de Flagg. Y esa es la principal debilidad del libro. Flagg es muy malo y Peter es muy bueno. Demasiado. ¿Hasta qué punto se puede simpatizar con un personaje tan perfecto? Eso sí, King es hábil preparando el terreno. Asistimos a la educación que, hasta su prematura muerte, la reina Sasha trató de darle a su hijo. La bondad de Peter llega a hacerse creíble a partir de ahí. También ayuda el tono en el que está contada la historia. King escribe como quien está contando un cuento, con frecuencia interpelando y dirigiéndose directamente al lector. En ese sentido recuerda un poco a La historia interminable. La atmósfera de cuento de hadas está muy bien lograda y hace que sea fácil meterse en la historia.

Los ojos del dragónExisten otros personajes bien dibujados. Desde Dennis, el simple pero leal sirviente que sin embargo empieza siendo un cómplice involuntario en los planes de Flagg, hasta el juez Peyna, que dedicó su vida al servicio de la ley y la justicia en Delain para tirarlo todo por la borda al equivocarse en el veredicto más importante de su carrera. Mención especial merece Thomas, el hermano menor de Peter. Asistimos a su frustración por vivir siempre bajo la sombra de su perfecto hermano. Su padre le quiere pero no puede evitar prestar mucha más atención a Peter. Incluso los gestos de amabilidad hacia él del propio Peter se convierten en motivo de humilación para Thomas. Es un personaje débil, que se acaba convirtiendo en elemento necesario en los planes de Flagg pero a pesar de eso concita más simpatía y lástima que rechazo por parte del lector. Sus actos están determinados por las circunstancias de su vida. Defectos tan humanos como los suyos y los de su padre, el viejo rey Roland, compensan la unidimensionalidad que en algunos momentos muestran Peter y Flagg.

En conclusión, estamos ante una historia sencilla y sin excesivas complicaciones. Es apta para lectores jóvenes pero también se hace una lectura ligera y muy agradable para lectores adultos. Tiene muchos de los ingredientes típicos de este tipo de relatos: reyes, príncipes, magos, injusticias a reparar y una historia de amor. El elemento fantástico existe pero forma parte del escenario de la historia, más que del núcleo de la misma. Cuando se cuenta una historia relativamente convencional como ésta, sólo puede funcionar si está bien contada, y Los ojos del dragón cumple este requisito.

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