lunes, octubre 08, 2007

The Last Light of the Sun

It is, as has long been said, the nature of the Cyngael that in the midst of brightest, shining joy, they carry an awareness of sorrows to come, an ending that waits, the curving of the arc. It is their way, the source of music in their voices (...)




The Last Light of the Sun


Guy Gavriel Kay, por lo que a mí respecta, es uno de los más grandes de entre los grandes escritores de fantasía épica.

Cada una de sus novelas es una muestra de amor por la historia y por las historias. Debido a sus exhaustivos períodos de documentación previa, sólo nos llega una nueva obra suya cada tres años, aproximadamente. Ahora bien, ese trabajo tiene su recompensa en el modo en que captura la esencia de la época histórica sobre la que está escribiendo. Kay sitúa sus relatos en distintas épocas históricas, como puede ser la Italia renacentista (Tigana), la Provenza de la cruzada albigense (A Song for Arbonne), la España de la reconquista (The Lions of Al-Rassan), Constantinopla (Sailing to Sarantium y Lord of Emperors) o, ahora, las invasiones vikingas de Inglaterra y Gales (The Last Light of the Sun). En vez de esos lugares, sin embargo, el autor prefiere usar versiones alternativas de los mismos, con distintos nombres, situados en un mundo muy parecido pero no idéntico al nuestro. Un mundo en el que existen algunos retazos de magia. De esta forma puede beneficiarse de la riqueza y profundidad que da nuestra historia, sin tener que verse constreñido por ella cuando no le interesa.

En cualquier caso, su principal rasgo distintivo no es ninguno de éstos, sino el enorme impacto emocional de sus historias. Dicho impacto lo consigue mediante una cuidada y compleja caracterización que liga afectivamente al lector con los personajes, para acabar enfrentándolos a acontecimientos realmente épicos con los que, a estas alturas, resulta inevitable implicarse por completo. Por ejemplo, el duelo final en The Lions of Al-Rassan, en el que dos protagonistas queridos se enfrentan a muerte, es una de las escenas más intensas que recuerdo en cualquier novela de fantasía épica.

Pero vayamos a la novela en cuestión. Como he mencionado antes, la acción transcurre en una versión fantástica de nuestro mundo, durante la época de las incursiones vikingas. Sólo que aquí a los vikingos se les conoce como Erlings, a los galeses como Cyngael y a los anglosajones como Anglcyn. Nomenclaturas aparte, el caso es que en Escandinavia el joven Bern Thorkellson se ha convertido en un siervo cuando su padre, que en su tiempo combatiera a las órdenes del mítico Siggur Volganson, comete un asesinato por el que es condenado al exilio, a la pérdida de su esposa y a la confiscación de todas sus propiedades. Bern escapa y decide buscar su propia fortuna uniéndose a los mercenarios de Jormsvik. Por desgracia, la única forma de ser admitido en Jormsvik es retar en duelo y derrotar a alguno de los temibles mercenarios.

Entretanto, dos príncipes galeses participan en una incursión para robar ganado de un reino vecino, ocupación al parecer muy popular por esos pagos. Sin saberlo, la granja que intentan saquear pertenece a Brynn ap Hywll, famoso por haber derrotado en duelo singular al caudillo vikingo Siggur Volganson. Los nietos de Volganson, precisamente, se disponen a asaltar la propiedad con propósitos mucho más sangrientos, buscando vengar la muerte de su antepasado y recuperar la legendaria espada que le fue arrebatada.

Inglaterra, por otra parte, está alcanzando un período de prosperidad bajo la dirección del rey Aeldred, inspirado en el personaje histórico de Alfredo el Grande. Partiendo de una situación de derrota casi irreversible frente a los vikingos daneses, Aeldred los ha sometido, para después reforzar el estado y mejorar la educación y el sistema legal. Ahora, en su madurez, trata de reforzar la posición de su país mediante enlaces entre sus hijos y las dinastías gobernantes en los países vecinos, además de fortalecer las defensas de su reino para que nunca más pueda ser presa fácil de las incursiones vikingas.

Las historias de estos personajes (y algunos más) se van ligando gradualmente, para acabar unidas de cara a su memorable culminación en tierras galesas.


Uno de los rasgos de Guy Gavriel Kay es que en sus obras escasean los villanos. Como el propio autor dijo en una entrevista, los villanos a menudo no son sino los héroes del otro bando. Esto se refleja en The Last Light of the Sun, y no es extraño encontrarse con protagonistas en distintos bandos de una contienda. El autor también sabe transmitir el espíritu de las tierras en las que transcurre el relato. El principal problema de la novela quizás sea precisamente éste. Se trata de lugares fríos y duros, particularmente Escandinavia, y el comportamiento de los personajes así lo refleja. Thorkell Einarson, el padre de Bern, que acaba convirtiéndose en uno de los principales protagonistas, es el ejemplo perfecto. Duro hasta el extremo, apenas muestra pesar por la pérdida de familia que él mismo causó con sus actos. No resulta tan fácil identificarse con un personaje así. Incluso la prosa de Kay, a menudo tan evocadora, aquí por momentos se vuelve fría como el clima norteño, aliviado sólo por el carácter más gentil de los galeses y de la familia del rey Aeldred.

Así pues, durante cuatrocientas de sus quinientas páginas The Last Light of the Sun se lee como una novela histórica, siendo la presencia de un bosque feérico el único rasgo verdaderamente sobrenatural, ya que no podemos contar las distintas supersticiones que no parecen tener efectos reales. Una buena novela histórica, quizá, bien planificada tanto en su ambientación como en su trama. Pero algo más que eso hay que pedirle a Guy Gavriel Kay. ¿Dónde está el impacto emocional y la belleza majestuosa de sus mejores obras?

Afortunadamente, todo estaba siendo reservado para el final. En los últimos capítulos llega una culminación épica de la historia, un final digno de figurar en las más grandes y trágicas sagas nórdicas, que ni siquiera habíamos podido intuir en el frío discurrir de la trama hasta entonces. Al igual que en The Lions of Al-Rassan, los mejores momentos finales incluyen un duelo a muerte, en el que de nuevo Kay juega con el lector haciéndole anticipar una conclusión que no ha de producirse. De nuevo el desenlace no es el que esperaba ni el que deseaba, pero cuando llega me doy cuenta por su enorme y trágica belleza que era el apropiado para llevar la historia a buen puerto.

Tras este momento memorable, todas las tramas van concluyendo de manera quizá demasiado perfecta para ser verdad, al menos en un mundo tan realista y duro como el que Kay nos ha dibujado. A estas alturas, sin embargo, estoy demasiado entregado a su habilidad como contador de historias para que me importe. Sólo puedo disfrutar y dejarme llevar por el aura de felicidad que genera una historia tan bien contada y tan bien concluida.

Guy Gavriel KayAsí pues, The Last Light of the Sun es una novela sobre el amor de los padres por los hijos y sobre las consecuencias que actos pasados de los primeros tienen en la vida de los segundos. También trata sobre una época de cambios, en la que la religión católica se empezaba a imponer a las religiones paganas y el fortalecimiento de la civilización anunciaba el principio del fin de las incursiones vikingas y de la magia feérica. Es digna del talento de su autor, aunque hubiera sido mucho mejor de haber logrado involucrar emocionalmente al lector desde el primer momento, como sí ocurre en sus mejores obras. Muy recomendable, sin duda, para cualquiera que sea capaz de emocionarse y dejarse llevar por historias tan poderosas como este final.


Ahora sólo me queda leer de este autor su novela más reciente, Ysabel, en la que por primera vez ha escogido un escenario contemporáneo. Mientras tanto, habrá que seguir a la espera de que alguna editorial se anime a traernos las novelas inéditas de Guy Gavriel Kay, o a recuperar alguna de las ya editadas (Tigana). Cuesta entender cómo La Factoría, por poner un ejemplo, se dedica a editar novelas tan flojas como Las Flechas de la Reina, mientras permanecen inéditas The Lions of Al-Rassan o The Last Light of the Sun. La única explicación que encuentro es que su mayor extensión obligaría a dividirlas en dos o ponerlas a un precio prohibitivo. Está claro, es mucho más fácil editar novelas de 300 páginas, pero es que a veces las buenas tienen más extensión...

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2 Comentarios:

Anonymous Corwin dijo...

Farseer, totalmente de acuerdo contigo en cuanto a la Factoría, teniendo tantas obras de Fantasía de gran calidad donde escoger, no tiene el "gusto", el acierto o la visión editorial de contratar títulos que sin ninguna duda son más esperados o queridos por el lector patrio. Se pierde la mayor parte de las veces en experimentos con series que no son precisamente las más aclamadas allende nuestras fronteras y sin embargo quedan sin reeditar e inéditas, autenticas maravillas, como el trabajo de Kay. Amén de haber reducido, en comparación con su colección de CF, el número de títulos publicados. De todas formas, a ver si nos da alguna sorpresa próximamente y nos alegra la vida a más de uno.

Saludos.

12:59 AM  
Blogger Daniel Gonzalo dijo...

Que ceguera la de algunos editores españoles hay libros como este que estoy convencido que podrían ser éxitos pero....

Al menos LA factoría va a continuar la serie de Latro de Gene Wolfe

7:20 PM  

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