Regreso a Belzagor, de Robert Silverberg

Robert Silverberg es sin duda una de las grandes figuras del género, y Regreso a Belzagor está considerado como un pequeño clásico de la ciencia ficción antropológica, si es que se puede usar el adjetivo antropológico para referirse a alienígenas (yo creo que sí, ya que la fundamental semejanza entre seres sapientes será siempre más importante que las diferencias).
Se trata de una novela muy corta, 220 páginas en la edición de La Factoría que ha sido recientemente saldada, y eso contando con un tipo de letra de exagerado tamaño. Quizás, en vez de recurrir a esa artimaña, hubiera sido más honesto por parte de la editorial utilizar un tipo de letra normal y completar el volumen con alguna otra novela corta. De todas formas, en esta época de gruesas novelas e interminables sagas, no deja de agradecerse que un escritor se limite a contar una historia con algo de economía del lenguaje, contando únicamente lo que cree que debe contar y nada más.
El argumento es sencillo. Gundersen, antiguo administrador colonial de Belzagor, regresa años después a dicho planeta. El proceso de descolonización ha concluido y Belzagor ha sido devuelto a los seres inteligentes nativos. Concretamente, las dos las razas inteligentes que pueblan el planeta son los nildores, gigantescos herbívoros parecidos a elefantes, y los sulidores, humanoides carnívoros también de gran tamaño.
Durante su etapa como administrador colonial, Gundersen gobernó el planeta con mano de hierro, sin demasiado respeto por las razas nativas ni su cultura. Ahora vuelve impulsado por una necesidad interior de redimirse y comprender las culturas que antes había sojuzgado. De esta forma, emprende una particular peregrinación tanto física como espiritual que le debe llegar a comprender sus creencias y rituales más sagrados.Con un lenguaje sencillo y de descripciones casi bucólicas en muchos momentos y bastante despiadas en otros, la historia trata temas como el sentimiento de culpa, el arrepentimiento y la redención personal. En este sentido está bastante alejado de la ciencia ficción de aventuras y acción, a pesar del exótico escenario en el que se desarrolla.
De todas formas, posiblemente sea éste uno de esos casos en que los grandes halagos que casi todo el mundo escribe sobre la novela han hecho que cuando finalmente la leo quede en cierta forma desencantado. El principal motivo de desencanto es que nada me ha sorprendido. En algún momento Regreso a Belzagor me ha recordado las novelas de Ursula K. LeGuin pero, mientras que esta escritora siempre consigue convencerme con su capacidad de imaginar culturas extrañas, aquí Silverberg me deja siempre un regusto a algo ya conocido. En efecto, mientras leía Regreso a Belzagor ya tenía la sensación de saber por dónde iban a ir los tiros. La influencia de Joseph Conrad en esta novela, reconocida por el propio autor, es tan evidente que por momentos se acerca más a la copia que al homenaje.
Además, Silverberg le da a la historia un regusto new age que me pareció demasiado añejo. Vale que los nildores sean no violentos y admirables, pero ¿realmente necesitan estar refregándotelo por la cara a cada momento? Por no hablar de la revelación final, dolorosamente previsible para cualquiera que sea lector más o menos habitual de ciencia ficción. El autor no se resiste además a introducir uno de esos finales trascendente a los que es tan aficionado y que debo reconocer que a mí casi siempre me dejan indiferente. Es muy difícil darle a ese tipo de finales la pasión y convencimiento que les hace funcionar. Moorcock, por ejemplo, lo consigue en He Aquí el Hombre. En Regreso a Belzagor, sin embargo, no me pareció que ni el mismo autor se lo creyera realmente.
A pesar del regusto amargo causado por lo que acabo de comentar, he de reconocer que Regreso a Belzagor sigue siendo una buena novela, breve (lo cual resulta un gran acierto), agradable de leer, concisa, intimista, escrita con oficio y que trata de temas importantes. El hecho de que este comentario resalte más los rasgos negativos es una reacción a los elogios desde mi punto de vista exagerados que ha recibido en otras críticas. Sencillamente no me pareció ese gran clásico que algunos lo consideran, pero como novela menor y rápida de leer la verdad es que funciona bien.Etiquetas: reseñas









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