miércoles, diciembre 27, 2006

Leyendas Negras I

Leyendas Negras I
Llega la hora de comentar el resto de la antología Legends. Como soy así de raro empecé por la segunda parte, y ahora llega el momento de hablar de la primera, Leyendas Negras I. Para una explicación sobre esta antología y el modo en que fue publicada en español me remito al anterior artículo.

Una vez más comentaré uno a uno los relatos y al final diré mi impresión general:

  • El mar y los pececitos (The Sea and Little Fishes), de Terry Pratchett, perteneciente a la saga de Mundodisco

    Argumento: Un comité de brujas visita a Yaya Ceravieja para pedirle que no se presente a la competición anual de brujería, ya que como siempre gana está desanimando a las brujas jóvenes. Yaya, sin embargo, es una bruja bastante idiosincrática, por decirlo de alguna forma, y no todo el mundo sabe cómo hay que tratar con ella.

    Comentario: A estas alturas poca introducción necesita Terry Pratchett, que en su célebre saga de Mundodisco se pitorrea de los tópicos de la fantasía épica, de los distintos aspectos de nuestra sociedad y costumbres y de todo lo que se le pone por delante. El humor, sin embargo, es un género difícil. Lo que hace gracia a unos deja a otros con cara de palo. Algunos libros de Pratchett me hicieron mucha gracia y otros se me acabaron haciendo algo pesados.

    En el caso de El mar y los pececitos, la cosa iba camino de hacerse pesada si la extensión hubiera sido mayor. El interés está en la exploración de las relaciones personales y la sociedad de las brujas, y el autor aprovecha para satirizar los comités y los concursos. Sin embargo, no me pareció que este relato esté al nivel de lo mejor de Mundodisco. Más que gracioso, me resultó simpático y agradable, como todo lo que escribe Pratchett, pero no demasiado inspirado.


  • El séptimo sepulcro (The Seventh Shrine), de Robert Silverberg, perteneciente a la saga de Majipur

    Argumento: El Pontífice Valentine se dirije a las ruinas de una antigua ciudad de los metamorfos, pobladores originales de Majipur, para investigar el asesinato de un arqueólogo perteneciente a esta especie. El asunto es importante porque el proyecto arqueológico conjunto de las distintas especies que pueblan Majipur formaba parte de un esfuerzo de reconciliación entre las mismas. Además, la excavación de la ciudad es delicada desde el punto de vista religioso para los metamorfos.

    Comentario: Leí la saga de Majipur hace tiempo y me dejó buen sabor de boca, como una saga llena de aventuras y escenarios exóticos. En esta novela corta, sin embargo, me dio la sensación de que Silverberg no se encontraba cómodo con la extensión y quería transmitir este exotismo y grandiosidad repitiéndolo una vez tras otra, en lugar de mostrárnoslo. Por lo demás la lectura es entretenida y mantiene el interés, ya que si algo le sobra a Silverberg es oficio.


  • Libélula y dragón (Dragonfly), de Ursula K. Le Guin, perteneciente a la saga de Terramar

    Argumento: Marfil, un mago expulsado de la Escuela de Roke, convence a una joven pueblerina con aptitudes para la magia que viaje a Roke y, haciéndose pasar por varón, trate de ingresar en la Escuela. Los objetivos de Marfil son acostarse con ellas y de paso conseguir una mezquina venganza contra los que le expulsaron. Sin embargo las cosas no salen como él esperaba.

    Comentario: La saga de Terramar, aunque no llegó a enamorarme, me pareció una historia agradable y muy bien escrita.

    En cuanto a esta novela corta, no es mala. Sospecho que Ursula K. Le Guin es incapaz de escribir algo malo. Sin embargo, aunque la historia se deja leer, Le Guin está lejos de su mejor forma. El final da una sensación de arbitrariedad. No hay una resolución del conflicto que surja de lo acontecido en el relato, sino una conclusión que me pareció forzada y me dejó bastante indiferente.


  • El hombre en llamas (The Burning Man), de Tad Williams, perteneciente a la saga Añoranzas y Pesares

    Argumento: El padre de Breda, destinado a ser caudillo de los pueblos que viven alrededor del Kingslake, ha muerto. El futuro se presenta sombrío para su familia hasta que hacen su aparición Sulis y sus tropas, desterrados de la capital por la apostasía de su líder. Sulis se casa con la madre de Breda para mantener buenas relaciones con el Pueblo del Lago. Después se asienta en la Fortaleza, antiquísima ruina llenas de secretos que comienza a restaurar. Pero Sulis acaba convirtiéndose en un hombre atormentado y consumido.

    Comentario: La saga Añoranzas y Pesares, tras superar un comienzo demasiado lento, me gustó. Sin embargo no puedo decir lo mismo de esta historia. El planteamiento es ambicioso y prometedor, pero acaba hundiéndose en el aburrimiento y la indiferencia por la suerte que puedan correr los protagonistas. Para colmo de males, el final es muy decepcionante. Totalmente prescindible.


  • El caballero errante (The Hedge Knight), de George R. R. Martin, perteneciente a la saga Canción de Hielo y Fuego

    Argumento: Dunk es el escudero de un anciano caballero errante que acaba de morir. Recogiendo las armas de su señor, reclama el estatus de caballero, aduciendo que su maestro le ordenó antes de morir, y trata de ser aceptado por los demás caballeros y tomar parte en un torneo, a pesar de lo precario de su situación económica. Mientras tanto, toma como escudero a un chico muy despierto llamado Egg, que muestra gran fascinación por la caballería.

    Comentario: Si no habéis leído nada de la Canción de Hiuelo y Fuego ya podéis correr a comprar el primer libro, Juego de Tronos. Martin es sencillamente el nuevo Tolkien (esta vez no es ninguna etiqueta comercial), no en cuanto a temática de sus obras pero sí en cuanto a importancia dentro de la fantasía épica y capacidad de entretener.

    El caballero errante, sin ser tan bueno como Juego de Tronos, es realmente bueno. Lo mejor de toda la antología, sin duda. La historia es relativamente convencional, con sus justas y sus caballeros, aunque ambientada en los Siete Reinos en vez de en cualquier país europeo medieval. Hay pocos rasgos fantásticos o sobrenaturales. Sin embargo, la capacidad de Martin de crear personajes atractivos y conseguir que el lector se interese por ellos parece ilimitada. Una auténtica gozada de novela corta.


  • El chico de la leña (The Wood Boy), de Raymond E. Feist, perteneciente a la saga de la Guerra de la Fractura

    Argumento: Una casa solariega de Midkemia es capturada por las tropas invasoras de los Tsurani. La opresión no es totalmente brutal ni sin sentido, pero sí dura y estricta. Dirk, un joven que se dedica a recoger la leña que la casa necesita, está secretamente enamorado de la hija del antiguo dueño de la misma, que está sin embargo muy por encima de su círculo social. No obstante, unos acontecimientos inesperados van a causar una auténtica masacre entre los cautivos.

    Comentario: La saga de la fractura me pareció bastante entretenida, sobre todo en sus primeros libros (Mago: Aprendiz y Mago:Maestro), sin llegar a ser excepcional. En cuanto a El chico de la leña, es una historia correcta, aunque totalmente intrascendente en el marco de la saga. Su propia falta de ambición la favorece. Se deja leer sin entusiasmar pero sin aburrir.


Leyendas Negras I es una colección algo más floja que Leyendas Negras II, con excepción del excepcional El caballero errante.

El balance final de ambas es moderadamente positivo: casi todos los relatos resultan entretenidos y para el aficionado a la fantasía épica tienen el aliciente de permitirle revisitar algunas de sus sagas favoritas. Sin embargo, los autores seleccionados no siempre son de lo mejor que hay en fantasía épica, y no en todos los casos estaban en buena forma cuando escribieron estos relatos ni se desenvuelven bien en extensiones como la novela corta. En fin, que en general divierten sin causar grandes entusiasmos.

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lunes, diciembre 18, 2006

Leyendas Negras II

Legends

A una antología difícilmente se le puede pedir más ambición: reunir a varios de los autores de fantasía épica más populares y pedirles a cada uno de ellos una nueva novela corta ambientada en su saga más famosa. De esta forma podemos disfrutar de nuevas historias de nuestros escritores favoritos y descubrir a otros nuevos. Es inevitable que un proyecto como éste llame la atención de cualquier aficionado a la fantasía épica.

El resultado es Legends, editado y prologado por Robert Silverberg, que se publicó en 1998. En España esta antología se publicó dividida en dos tomos: Leyendas Negras I y Leyendas Negras II. Algo así parece destinado al éxito y debió tenerlo, porque Silverberg editó una antología similar para las sagas de ciencia ficción titulada Far Horizons (publicado en español como Horizontes Lejanos) y un segundo tomo titulado Legends II con más novelas cortas ambientadas en sagas de fantasía (publicado en español como Leyendas). Dicho esto, el presente comentario se refiere a Leyendas Negras II, que forma parte de la antología Legends. Comentaré Leyendas Negras I, la otra mitad de Legends, dentro de poco.

Una vez mencionado todo esto, hay que reconocer que existen varios problemas. En primer lugar la fantasía épica, al contrario que la ciencia ficción, no se presta del todo bien a la extensión de novela corta. No hay más que ver la probablemente excesiva proliferación de trilogías y sagas aún más extensas. Y es que buena parte del encanto de la fantasía épica está en el descubrimiento de mundos y mitologías fantásticas, y en el desarrollo de personajes y grandes eventos, lo que suele exigir muchas páginas. En segundo lugar, escritores más populares no necesariamente equivale a mejores escritores. Ni siquiera equivale necesariamente a buenos escritores. Además, muchas de estas novelas cortas no dejan de ser obras escritas por encargo, con la consiguiente carencia de inspiración, y en algunos casos están escritas cuando ya hace tiempo que pasaron los mejores momentos de sus autores. No hay más que ver Horizontes Lejanos, la correspondiente antología de ciencia ficción, cuyo nivel es, por decirlo de modo suave, discreto. Finalmente, se da la circunstancia de que en el último lustro estamos asistiendo a un renacer de la fantasía épica de calidad que esta antología, al ser anterior en el tiempo, no ha podido recoger más que de refilón.

En consecuencia me acerqué a este libro con ilusión pero también con cierta desconfianza. Tengo que decir, sin embargo, que el sabor de boca que me ha dejado Leyendas II es bastante bueno. Mejor de lo esperado, en cualquier caso. No es que se pueda calificar en modo alguno como extraordinario, pero el resultado es sólido y entretenido. Leyendas Negras I, que comentaré próximamente, me está pareciendo algo más flojo (con una notable excepción).

Pero dejémonos de cháchara y veamos una por una las novelas cortas de las que consta Leyendas Negras II, cada una de ellas precedida por una breve introducción de Silverberg:


  • Las hermanitas de Eluria (The little sisters of Eluria), de Stephen King, perteneciente a la saga La torre oscura

    Argumento: El pistolero Rolando llega al desierto y desolado pueblo de Eluria. Tras resultar herido en el ataque de unos mutantes, Rolando es auxiliado por un grupo de enigmáticas e inquietantes monjas.

    Comentario: Leí el primer libro de la saga La torre oscura hace tiempo, y no acabó de convencerme, a pesar de que Stephen King es un escritor que, cuando está en forma, me gusta mucho. Se trata de una saga muy personal, casi onírica, sobre un pistolero que vaga por los restos de una civilización en busca de una torre oscura cuya naturaleza no se conoce pero que se supone que contiene la clave para salvar su mundo. El problema que le vi a este primer libro es la falta de argumento: posee imágenes impactantes y poderosas, pero para seguir una larga saga necesito una línea argumental un poco más coherente y definida. En cualquier caso, ahora que King ha completado la serie tengo intención de darle una oportunidad.

    En cuanto a Las hermanitas de Eluria, se trata de una historia más cercana al terror que a la fantasía. Aunque desde luego no es de los mejores relatos de King (que tiene algunos sencillamente extraordinarios) es una muestra digna de relato de terror. Posee la fuerza de un escenario fascinante, una especie de salvaje oeste de pesadilla, que logra transmitir adecuadamente la atmósfera de la serie. El protagonista es intrigante, un pistolero duro pero no amoral, cuya compleja historia pasada sólo podemos entrever.



  • Deuda de huesos (Debt of bones), de Terry Goodkind, perteneciente a la saga La espada de la verdad

    Argumento: Una mujer visita al joven archimago Zedd para pedirle que ayude a su marido e hija, tomados como rehenes por el ejército invasor que está arrasando el país. Zedd se niega, puesto que la guerra le mantiene totalmente ocupado y de todas formas no puede sacrificar el bien común para salvar a unos pocos. La mujer está dispuesta a insistir, y asegura que Zedd debe pagarle una antigua deuda mágica que se ha transmitido de padres a hijos.

    Comentario: No había leído nada de La espada de la verdad, y las críticas que conozco sobre la saga no eran demasiado buenas, por lo que mis expectativas eran bajas. Sin embargo, el relato me sorprendió positivamente. Es fantasía épica de corte bastante clásico; se nota que Goodkind se lo estaba pasando bien al escribirlo y esa diversión se transmite al lector. Lo mejor es el comienzo. La entrevista con el joven archimago que atiende a sus visitantes mientras sostiene varias conversaciones al mismo tiempo es antológica. Luego la segunda parte del relato, cuando comienza la acción propiamente dicha, es más floja. Resulta demasiado simplista e increíble que un mago sobre el que recae gran parte de la responsabilidad de una guerra pueda tener tanta libertad de movimientos y arriesgarse de esa forma. Mención aparte merece la estrambótica villana que parecía escapada de una novela en plan sadomasoquista, más que de otra de fantasía épica.

    Sigo teniendo dudas sobre este autor, pero al menos la lectura de este relato fue bastante entretenida.



  • El hombre que enseñaba los dientes (Grinning man), de Orson Scott Card, perteneciente a la saga de Alvin Maker.

    Argumento: Alvin y su aprendiz Arturo Estuardo tienen un desagradable encuentro con un trampero que caza osos con una técnica muy peculiar. Después llegan a un pueblo en el que el molinero engaña a los vecinos para cobrar un precio mayor del que le corresponde por sus servicios.

    Comentario: La saga de Alvin Maker está ambientada a principios del siglo XIX, en una norteamérica alternativa en la que la magia y parte de las leyendas y supersticiones populares tienen base real. Alvin es un Hacedor, capaz de crear cosas con la magia, que viaja por su país mientras explora sus poderes y se prepara para la construcción de la Ciudad de Cristal con la que sueña, y para su enfrentamiento con el Deshacedor. Los primeros libros de la serie son realmente buenos, escritos por un Orson Scott Card en su mejor forma. Por desgracia, con el tiempo Card declinó como escritor y los libros más recientes son muy flojos. Por el momento se han publicado seis de los siete de que constará la serie.

    En cuanto al relato, es obra de un Card ya en decadencia y es de los más flojos de la antología. Algo conserva de su capacidad de crear personajes con los que empatizar, pero el argumento no es especialmente interesante y Arturo Estuardo resulta demasiado cargante.



  • Una corredora de Pern (Runner of Pern), de Anne McCaffrey, perteneciente a la saga de Pern

    Argumento: Los corredores son mensajeros que recorren Pern utilizando caminos creados y mantenidos por ellos mismos, llevando mensajes entre las poblaciones. Tenna, nacida en una familia de corredores de larga tradición, está lista para pasar la prueba y unirse a sus filas. Sin embargo, en su primer viaje sufre un pequeño accidente.

    Comentario: He leído recientemente el primer libro de la serie de Pern, que me ha causado sentimientos contradictorios (ver aquí mi comentario completo). Trata sobre un planeta colonizado por los humanos que sufrió una regresión tecnológica hasta niveles casi medievales. Además cada doscientos años se produce una lluvia de las destructivas hebras, procedentes de un planeta cuya excéntrica órbita lo lleva cerca de Pern cada dos siglos, y que destruyen toda la materia orgánica que tocan si se les permite llegar a tierra. Sólo los dragones y sus jinetes son capaces de impedirlo.

    Una corredora de Pern es una de las sorpresas agradables de la antología. Resulta extraño que no aparezcan los dragones que son el símbolo de esta serie, pero me pareció positivo que la autora se interese por otros aspectos de su mundo ficticio. Además se trata de un relato sencillo y agradable, casi costumbrista y con buenos personajes, que desarrolla de forma interesante la sociedad y la cultura de los dragoneros. Eso sí, no me acabaron de convencer las explicaciones de la autora sobre por qué sólo los muy ricos se podían permitir enviar sus mensajes mediante mensajeros montados a caballo.



  • Primavera (New Spring), de Robert Jordan, perteneciente a la saga La rueda del tiempo

    Argumento: Moraine es una joven hechicera Aes Sedai con una difícil misión: encontrar al Dragón Renacido que según la profecía ha de vencer a la Sombra. En el transcurso de su búsqueda conoce a Lan, heredero al trono de un país que ya no existe, y que llegará a convertirse en su compañero inseparable en sus aventuras. También deberá enfrentarse con las maquinaciones del Ajah Negro, un clan de Aes Sedai renegadas que sirven al enemigo.

    Comentario: De la Rueda del tiempo he leído la primera novela (El Ojo del Mundo) y mis impresiones no fueron demasiado positivas (ver aquí mi comentario completo). Sin embargo, me alegra poder decir que mis temores en cuanto a esta novela corta eran infundados: disfruté mucho con su lectura. Conserva la complejidad y virtudes que ya aparecían en El Ojo del Mundo pero se beneficia mucho de su menor extensión, que fuerzan al autor a mantener un ritmo vivo. Además los personajes no me resultaron cargantes como en la citada novela. Tras esta buena experiencia puede que me decida a dar otra oportunidad a Jordan, aunque esperaré a que concluya por fin la saga.



El balance final es que, sin ser una maravilla, este tomo se deja leer bastante bien. Es entretenido y cuenta con varias sorpresas agradables.


Nota: Tanto la novela corta de Robert Jordan como la de Terry Goodkind han sido posteriormente expandidas y publicadas en forma de novela.

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miércoles, diciembre 13, 2006

Épica en la antigua Grecia (II): Puertas de Fuego, de Steven Pressfield

Gates of Fire
Ve a decir a los espartanos,
extranjero que pasas por aquí,
que, obedientes a sus leyes,
aquí yacemos.


- Epitafio existente en las Termópilas, atribuido al poeta Simónides, en honor de Leónidas y los trescientos espartanos que allí cayeron



Como contrapunto a la entrada anterior, que trataba sobre la Ilíada de Homero, me gustaría recomendar el libro Puertas de Fuego (Gates of Fire), de Steven Pressfield. El lector que no busque un poema épico sino épica a secas, pocas cosas va a encontrar mejores que ésta. Porque Puertas de Fuego es épica pura, una de las mejores novelas sobre la guerra y el heroísmo que he leído nunca.

Se trata de una novela histórica; al contrario que la Ilíada no tiene rasgos fantásticos, pero estoy convencido de que gustará también a los aficionados a la fantasía épica. Normalmente no soy aficionado a la novela histórica. La mayoría son bastante mediocres... Sí, de acuerdo, eso pasa en todos los géneros, pero yo disfruto más con la libertad creativa que ofrece la fantasía, que no tiene que ajustarse a lo que ya sabemos que ha pasado (al contrario que muchos, estoy convencido de que la ficción supera casi siempre a la realidad). Sin embargo una buena historia es una buena historia, y Puertas de Fuego lo es.


La novela está narrada en primera persona por Xeones, un joven griego del siglo V a.C. cuya ciudad es arrasada por sus enemigos tebanos. Xeones siente una gran admiración por Esparta, la única polis capaz de derrotar a Tebas, y allí encamina sus pasos. Por supuesto, no tiene posibilidades de obtener la ciudadanía, pero acaba siendo educado allí y convirtiéndose en un soldado auxiliar del ejército espartano, al servicio del guerrero Dienekes. La educación espartana, que permitió a esta ciudad hacer de su ejército el más temible de Grecia, es retratada con realismo y crudeza.

Mientras tanto, Esparta está embarcada en un gran juego político para construir una coalición panhelénica para hacer frentes a Jerjes, el emperador persa que se preparaba a invadir Grecia con el ejército más numeroso que el mundo había visto hasta entonces. De consumarse la conquista, la cultura griega se hubiese visto aplastada.

Desfiladero de las TérmópilasCuando la invasión se produjo, los griegos aún no estaban preparados. Atenas fue evacuada y una pequeña fuerza de tres mil hombres al mando del rey espartano Leónidas partió hacia el desfiladero de las Termópilas para tratar de contener allí el mayor tiempo posible a Jerjes, cuyo ejército contaba con cientos de miles de efectivos.

Jerjes pensó que la enorme superioridad de sus fuerzas haría retirarse a sus enemigos del desfiladero. Sin embargo, Leónidas se mantuvo firme y cuando los emisarios le reclamaron que depusiera sus armas les contestó con el célebre "si Jerjes quiere mis armas que venga a buscarlas".

A partir de ahí se desencadenó una de las resistencias desesperadas más célebres de la historia. Día tras día, los griegos derrotaron a los ejércitos que Jerjes les enviaba, incluyendo a los diez mil Inmortales, su fuerza de élite, que hasta entonces tenían reputación de invencibles.

Finalmente, cuando todo estuvo perdido, Leónidas ordenó a las tropas de las otras ciudades que se retiraran y se dispuso, con sus trescientos espartanos, a ofrecer la última resistencia suicida para seguir retrasando a los persas. Sólo quedaron con ellos los tespieos, que valerosamente se negaron a abandonar la lucha, y los tebanos, obligados por Leónidas que dudaba de su lealtad, ya que en la primera guerra médica se habían aliado con Darío, el padre de Jerjes.

Puertas de FuegoDurante cinco días siguieron luchando y sólo cesó la resistencia cuando el último griego hubo muerto. A pesar de su pírrica victoria, el ejército persa fue retrasado y sufrió un golpé moral muy fuerte, al haber sido derrotados repetidamente por una fuerza muy inferior en número.

En la novela, sin embargo, Xeones queda malherido e inconsciente. Los persas le encuentran y le llevan a presencia de Jerjes, que le hace interrogar para intentar comprender la causa de que los espartanos combatan de esa forma. Así, Xeones va contando su vida, y es precisamente en esa historia que cuenta el joven soldado griego en lo que consiste la novela.


La ambientación de Puertas de Fuego está muy cuidada, y se nota que su autor ha buscado conservar la mayor fidelidad posible a los datos históricos que se conocen. No por ello se resienten los personajes, sin embargo, estupendamente evocados, con sus debilidades y temores pero también con un heroísmo impresionante, que resulta creíble debido al retrato que hace Pressfield de la cultura y la educación espartanas.

El sabor épico de la novela es sobrecogedor, sobre todo en la segunda mitad de la novela, de ritmo frenético. Pocos escritores de fantasía épica pueden presumir de semejante dominio de las técnica narrativas referentes a un conflicto bélico.


Steven Pressfield

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jueves, diciembre 07, 2006

Épica en la antigua Grecia (I): La Ilíada, de Homero

La Ilíada


Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.


La Ilíada no cuenta la historia de la guerra de Troya (ciudad también conocida como Ilión), sino sólo una pequeña parte, ocurrida durante el décimo y último año de la misma. No se narran los antecedentes de la guerra ni tampoco la caída de Troya. Toda la historia gira en torno a la figura de Aquiles, el más grande de los guerreros aqueos, y concretamente a su ira, primero dirigida contra el Atrida Agamenón, el más importante de los reyes aqueos aliados contra Troya, y después contra el héroe troyano Héctor.

Lo que voy a contar sobre el argumento no es realmente un spoiler, ya que no es más que el destino y la voluntad de los dioses, anunciados desde el inicio de la narración (aparte de es todo el mundo lo conoce ya, probablemente).

La historia comienza con una epidemia enviada por el dios Apolo que diezma las filas aqueas. Aquiles convoca a los aqueos y reclama al adivino Calcante Testórida que revele las causas del enfado de Apolo. Calcante revela que Apolo está irritado contra Agamenón por haber rechazado ignominiosamente a su sacerdote Crises, que deseaba rescatar a su hija, hecha prisionera en la guerra y entregada a Agamenón como parte de su botín. Aquiles le reclama entonces que devuelva a la muchacha. Agamenón, sintiéndose insultado, accede, pero a cambio arrebata a Aquiles su propio botín de guerra: la esclava Briseida, que le había sido concedida como premio a su valor.

El primer impulso del airado Aquiles es matar al rey Agamenón por esta humillación, pero los dioses le refrenan y se contenta con negarse a luchar, esperando que sin su concurso los aqueos sean derrotados y tengan que venir a rogarle.

A partir de ahí los aqueos, a pesar de los numerosos héroes legendarios que combaten en su bando, comienzan a sufrir reveses. Los troyanos, liderados por Héctor, el más grande de sus héroes, los derrotan y los empujan hasta la playa, donde se encuentran las naves en las que llegaron los aqueos. Las hubieran quemado, de no enviar Aquiles a sus hombres en el último momento para unirse a la lucha, ya que tampoco a él le conviene la destrucción de las naves.

Es el destino -y la voluntad de los dioses- que Héctor mate a Patroclo, amigo de la infancia de Aquiles y posiblemente su amante. Aquiles, embargado por el dolor y la ira, se reconcilia con Agamenón y vuelve a la lucha, implacable y decidido a acabar con Héctor y desecrar su cadaver.


La Ilíada, aunque sea traducida en prosa, es en realidad un poema épico. No se sabe si Homero existió realmente, pero en cualquier caso gran parte del poema se originó siglos antes de que fuera puesto por escrito y fue transmitido de forma oral. Esto es importante, porque para disfrutar de la Ilíada es necesario imbuirse de su ritmo y disfrutar de su estilo narrativo, arcaico y hermoso. En caso contrario puede parecer árida y desconcertante en algunos momentos, como cuando insiste en rememorar los orígenes y antepasados de cada guerrero que va perdiendo la vida, o cuando al final del segundo canto enumera los reyes y héroes que integran las filas aqueas. También ocurre así con los extensos símiles empleados, muchas veces casi idénticos unos a otros, y los epítetos (de hermosas grebas, de broncínea coraza, de níveos brazos...) con que siempre se acompaña el nombre de los personajes.

TroyaLa violencia de la guerra se muestra de forma extremadamente gráfica. El poeta no evita describir el modo en que los intestinos se derraman o la materia cerebral fluye como resultado de las heridas. Los guerreros vencidos suplican clemencia, que muy rara vez es concedida. Hay heroísmo pero también cobardía. Incluso los más grandes héroes sienten miedo y se retiran en ocasiones. Sólo Aquiles parece invulnerable, una auténtica máquina de matar gobernada por fuertes pasiones. Pero también él, se nos revela, está destinado a perecer ante la bien murada Ilión.

Los personajes no son especialmente simpáticos, al menos no para el lector moderno. Aquiles es el más grande de los guerreros. Incluso Héctor no puede ni siquiera comparársele. Sin embargo es orgulloso y testarudo, capaz de grandes atrocidades y poco dado a la piedad. Su gloria personal es lo más importante para él. Su amor por Patroclo y la compasión de la que hace gala justo al final de la Ilíada sólo le redimen en parte.

Agamenón, rey de Micenas y hermano de Menelao, es el más importante de los líderes aqueos. Está totalmente dedicado a la causa de la destrucción de Troya pero su arrogancia y prepotencia entorpecen también su labor.

Únicamente Héctor muestra consistentemente rasgos de personalidad dignos de empatía, como su amor por su esposa Andrómaca y su hijo recién nacido y su determinación de defender su ciudad. Sin embargo comete algunos errores importantes de juicio, como cuando decide atacar las naves aqueas desoyendo los consejos de sus consejeros más prudentes. También tiene momentos de cobardía, como cuando rehúye el combate contra el gran Ajax Telemonio, o cuando escapa de Aquiles hasta que su enfrentamiento final se hace inevitable.

Otro aspecto a resaltar es el papel central que juegan los dioses. ¡Vaya tropa! Los dioses griegos están más plagados de pasiones irracionales y mezquindades que los propios mortales. Intervienen en la guerra de forma constante, aconsejando a unos y otros, salvando a guerreros a los que favorecen y combatiendo -y siendo heridos- ellos mismos. Hera y Atenea sienten un enorme odio por los troyanos, y están decididas a causar su destrucción, ayudados por Poseidón. En cambio, Apolo, Ares y Afrodita favorecen a los troyanos y a sus aliados. Zeus, rey de los dioses, mantiene una posición algo más neutral, aunque los grandes acontecimientos son consecuencia de su voluntad. Constantemente está amenazando e intimidando al resto de los dioses para que no intervengan, aunque esto no impide que Hera, su propia esposa, intrigue a sus espaldas.


La historia está claramente contada más desde el lado aqueo, pero el narrador se limita a explicar lo que ocurre y no toma partido abiertamente. Sin embargo está claro que el poema es una celebración de la guerra. Los personajes admirables son todos grandes guerreros, y los despreciables son cobardes y débiles en la batalla, como Paris, el hermano de Héctor cuya fuga con Helena dio origen a la guerra. A pesar de ellos, no deja de mostrarse el dolor y las consecuencias deplorables que trae la lucha, pero todo es presentado como inevitable y producto de la voluntad de los dioses, más que de los humanos.


Troya (2004)Una de las numerosas adaptaciones al cine de esta historia es Troya, estrenada en el 2004, que la interpreta con bastante dignidad. Está protagonizada por un sorprendentemente convincente Brad Pitt en el papel de Aquiles y Eric Bana en el de Héctor. En ella se eliminaron todas las referencias a los dioses y la magia y se contó la historia desde una óptica moderna.

Sin embargo, la película cuenta también la caída de Troya, después del fin de la Ilíada, y en esa parte pierde bastante los papeles y la fidelidad a las leyendas originales que narraban la caída de la ciudad, para tener un final más made in Hollywood.

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sábado, diciembre 02, 2006

Aventuras a lomos de dragones: El Vuelo del Dragón y la serie de Pern

Dragonflight (El Vuelo del Dragón)
Tras la lectura de Temerario. El dragón de Su Majestad, se me ocurrió leer por fin algo de la serie de Pern, de Anne McCaffrey. Por un motivo u otro no había leído nada de esta serie clásica. Sí había leído en cambio hace mucho tiempo El Planeta de los Dinosaurios, de la misma autora, que recuerdo con mucho cariño (no sé si una relectura ahora tendría el mismo efecto).


Anne McCaffrey es una pionera del género fantástico, cuya carrera fue reconocida en el 2005 con el título de Gran Maestro de la ciencia ficción. Es la tercera mujer en conseguirlo, tras Andre Norton en 1984 y Ursula K. Le Guin en el 2003.

Durante más de medio siglo McCaffrey ha escrito más de 60 novelas, muchas de ellas agrupadas en sagas de irregular calidad. Escribe ciencia ficción con fuertes dosis de fantasía y aventura, y su creación más famosa es la serie de Pern.

Pern es un planeta con escasos recursos naturales que fue colonizado por la humanidad. La evolución de la colonia se vio cortada de cuajo debido a la existencia de un planeta cuya órbita muy excéntrica le acercaba a Pern cada doscientos años. Este planeta, percibido desde Pern durante la fase de máxima aproximación como una estrella roja, libera una especie de esporas, llamadas hebras, que se alimentan de materia orgánica devastando todo lo que tocan.

En estas condiciones, y tras perder contacto con la Tierra, la colonia sufrió una regresión a niveles tecnológicos primitivos. Sin embargo quedaron unos seres modificados genéticamentes por los colonos originales y llamados dragones por su similitud con el animal mitológico. Gracias a su capacidad de volar y a su aliento ígneo, estos dragones que se comunican telepáticamente con sus jinetes humanos son capaces de destruir las hebras en la atmósfera de Pern, antes de que caigan a la superficie.


Revista Analog: Weyr Search Revista Analog: DragonriderLa saga Dragonriders of Pern comenzó con dos novelas cortas, Weyr Search y Dragonrider, publicadas en la revista Analog en 1967 y 1968. Dichas novelas cortas consiguieron el Hugo y el Nebula respectivamente, conviertiendo a Anne McCaffrey en la primera mujer en conseguir cualquiera de estos premios en las categorías de ficción. Estas dos historias fueron integradas y expandidas en la novela El Vuelo del Dragón (Dragonflight, 1968), la primera de la serie. La saga fue continuada luego con La Búsqueda del Dragón (Dragonquest, 1970) y El Dragón Blanco (The White Dragon, 1978), así como con otras novelas, más de veinte en total, situadas en distintos momentos de la historia de Pern.


El Vuelo Del Dragón El Vuelo del Dragón comienza con la novela corta Weyr Search, ambientada en una sociedad de Pern de carácter cuasimedieval.

En el fuerte de Ruatha, Lessa, una de las más humildes sirvientes, es más de lo que parece. La muchacha es la única superviviente de la masacre de su familia al ser conquistado el fuerte que gobernaba su padre. Lessa, merced a ciertos poderes psíquicos que posee, ha conseguido ocultarse como sirviente durante diez largos años sin que nadie sospeche de ella, mientras espera el día en que pueda por fin vengarse del asesino de su familia.

Mientras tanto, los caballeros cabalgadores de dragones están buscando a su nueva reina, tras el fallecimiento de la anterior. Para ello, recorren los distintos fuertes buscando candidatas apropiadas para el puesto. Estos jinetes están en franca decadencia y se encuentran desprestigiados en Pern, porque ha pasado tanto tiempo desde que cayeron las hebras por última vez que la mayoría no cree que vaya a ocurrir de nuevo. Los señores de los fuertes los consideran parásitos que les fuerzan a entregar tributos a cambio de un servicio que hace mucho tiempo que es innecesario.

Cuando los jinetes llegan al fuerte de Ruatha, Lessa concibe la forma de utilizarlos para cobrarse por fin su venganza.


Es fácil entender por qué esta saga fue tan popular. Las imágenes que sugiere esta novela son realmente poderosas, y es inevitable que capturaran la imaginación de los lectores que las descubrieron en su adolescencia, allá por los años sesenta: cabalgar a lomos de un dragón, estar unido a él por un vínculo mental lleno de lealtad incondicional, la vida en el Weyr, la caída de las hebras y el desesperado combate contra ellas... Leído hoy, y pasada ya la adolescencia, siguen siendo imágenes poderosas.

Sin embargo, también se hace patente una serie de problemas muy serios en la novela. En primer lugar, por supuesto, la parte científica es totalmente inverosímil. Esto del planeta que pasa rozando otro planeta cada doscientos años... en fin, sin comentarios. Por suerte es fácil ignorar los defectos en el plano científico ya que éste no juega ningún papel real en la novela. En teoría se trata de ciencia ficción, pero la verdad es que, aunque este aspecto juega un mayor papel en algunas de las novelas posteriores de la serie, El Vuelo del Dragón se lee como una novela de fantasía épica.

Otro defecto son los personajes, que no destacan precisamente por ser lo mejor de la novela. Lessa y F'lar, los protagonistas principales, resultan bastante estereotipados. A veces me dió la sensación de que se habían escapado de una novela romántica barata, porque se trata de una típica heroína de carácter indómito que sin embargo cae rendida en los brazos del macho-man de turno. Sospecho que en su momento pudo haber sido llamativo que una obra de ciencia ficción, género totalmente dominado entonces por lo masculino, tuviera como protagonista a una heroína fuerte. No obstante, leído ahora, algunos pasajes transmiten unas actitudes incluso algo machistas.

DragonflightTambién esto se puede perdonar, porque la historia es lo suficientemente fascinante de por sí para superar una caracterización débil. Por desgracia, existe un problema aún más grave que perjudica sobremanera a la narración: se trata de los viajes en el tiempo. Resulta que, por circunstancias que se explican en la novela, los protagonistas tienen fácil acceso a viajes en el tiempo, lo cual tiene gran importancia en la segunda mitad de la novela.

Los viajes en el tiempo son un asunto muy delicado y difícil de tratar, y Anne McCaffrey no los trata aquí de forma nada hábil. No se afrontan de forma satisfactoria las paradojas que necesariamente se producirían. Además, en una novela de fantasía épica unos viajes en el tiempo a los que se accede sin dificultad resultan un desastre desde el punto de vista narrativo: cada vez que ocurre alguna desgracia nos preguntamos por qué diantres no viajan hacia atrás en el tiempo y lo arreglan. Además se trata de un problema que seguramente perjudicará a todas las novelas de la serie.


Son problemas muy graves, aunque no estropean del todo la novela. La primera parte sobre todo sigue siendo una historia cautivadora. Especialmente elegante es el uso que hace de los poemas y fragmentos de leyendas de épocas pretéritas que llegan hasta el tiempo de los protagonistas, conteniendo a veces información útil bajo una capa de mitos. Si uno lee la novela con buena voluntad que le permita ignorar sus defectos, sin duda va a disfrutar de la misma.

Anne McCaffrey En la imagen se ve a Anne McCaffrey celebrando el título de Gran Maestro. En el pastel que hay junto a ella se aprecia el dibujo de un dragón y la inscripción Felicidades Anne McCaffrey, Grand Master 2005

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viernes, diciembre 01, 2006

Literatura fantástica en internet (II): ¿críticas o reseñas?

Hace unos meses Rodolfo Martínez, uno de los más destacados autores españoles de literatura fantástica, se quejaba amargamente de una crítica de su libro Sherlock Holmes y las huellas del poeta, que según él estaba poco argumentada.

Confieso cierto regocijo malicioso al ver a un escritor pegándole palos (dialécticos, claro) a un crítico. Normalmente es al revés.

Aclaro que el regocijo va más que nada dirigido hacia el escritor, al que por otra parte admiro, y no hacia el crítico. Leída la crítica que originó la polémica, me parece que el trabajo de su autor es correcto. El mismo Rodolfo Martínez comenta que "siempre he sostenido públicamente que un escritor no debe entrar a discutir las críticas que se le hacen". Lleva razón y debería haberlo hecho así, porque de otra forma sólo logra que su reacción parezca una pataleta. El autor es el autor, y el crítico es sólo uno de entre muchos lectores. No debería descender el autor de su posición para discutir públicamente con el crítico. Los demás lectores ya se formarán su propia opinión sobre la calidad de la crítica: no es necesario que el escritor se convierta en el crítico del crítico.

Tampoco me siento inclinado a descartar todo el asunto entre risas, sin embargo. No dudo que algunos buenos escritores puedan resultar poco inteligentes cuando salen de su trabajo. Como los miembros de cualquier otra profesión, en definitiva. Pero no es el caso de Rodolfo Martínez. Cualquiera que siga su blog verá que aparte de cierta tendencia a meterse en las peleas internas del fandom es una persona que razona muy bien. Da gusto leerle cuando hace comentarios sobre la lectura.

Rodolfo Martínez decía que no puede llamarse crítica, sino que es una reseña. Desde un punto de vista semántico no lleva razón. El diccionario de la RAE define crítica como "Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc." Está claro que la crítica en cuestión encaja en esa definición. Pero vayamos más al fondo de la materia.


Éste es un tema que ha causado agrias polémicas en los foros y blogs en lengua inglesa últimamente. Por la parte que me toca, he estado pensando un poco en ello. No pretendo tener la verdad absoluta ni mucho menos, pero voy a dar mi opinión.

Mi principal objetivo en este blog es criticar los libros que me voy leyendo. No me hubiera avergonzado en absoluto de firmar una crítica como la que rechazaba Rodolfo Martínez. Así pues, ¿estoy haciendo las cosas mal? ¿No sirven para nada críticas como las que escribo?

Vayamos por partes.

Imaginemos que alguien pregunta en un foro "¿qué tal está la novela X?" Al cabo de cierto tiempo se recibe la respuesta de otra persona cuya cuenta de mensajes en el foro es muy baja, diciendo "Está muy entretenida. Es la mejor novela que he leído en mi vida". Para mí está claro que ese comentario no sirve para nada. Lo mismo podría haber dicho "Es muy aburrida. Es la peor novela que he leído en mi vida", y yo me hubiera quedado igual. No hace nada por describir la novela, ni siquiera conozco al autor del comentario para poder ponerlo en el contexto de lo que sé sobre sus gustos.

No existe ninguna novela tan buena que le guste a todo el mundo, ni ninguna tan mala que no le guste a nadie. Así que cuando me siento a comentar un libro trato de hacerlo de forma que resulte útil a los dos lectores de mi blog. ¿Lo consigo?

Sherlock Holmes y las Huellas del PoetaRodolfo Martínez afirma que una crítica debe estar bien fundamentada, y que no basta con decir que tal o cual aspecto de la novela no funciona. En su opinión hay que citar qué cosas concretas son las que no funcionan y argumentar por qué motivo no lo hacen. Por ejemplo, el libro en cuestión es una revisita del personaje de Sherlock Holmes. Se afirma en la crítica que en ocasiones Holmes actúa de forma incompatible con su personalidad "canónica". Rodolfo Martínez argumenta que se debería "explicar por qué no lo es, argumentarlo e incluso, por qué no, poner ejemplos de lo que dice fundamentados en el texto que analiza. Si no lo hace así, lo que dice no vale para nada. No sirve. Es inútil."

En principio parece que aquí puede llevar razón. ¿Qué trabajo habría costado citar un ejemplo? Así habríamos tenido algo más tangible que la impresión subjetiva del crítico.

Pero la cuestión es más compleja que todo eso. Supongamos que el crítico efectivamente hubiera citado uno o dos ejemplos y que efectivamente esos ejemplos pareciesen comportamientos impropios del Holmes que todos conocemos. ¿Significaría eso necesariamente que el crítico tiene razón? Pues no, no es suficiente. Yo mismo sería capaz de citar ejemplos en las obras escritas por el propio Conan Doyle en las cuales Sherlock Holmes actúa de formas que parecen impropias del Holmes que todos conocemos. Y eso no es necesariamente malo; hace al personaje más complejo y menos parecido a una caricatura de sí mismo. O también puede hacerlo inconsistente e increíble. En último extremo vamos a tener que leer del libro o seguir dependiendo de la opinión del crítico sobre si el personaje de Holmes es creíble o no. Por supuesto, podríamos seguir discutiendo hasta la saciedad esos ejemplos y argumentando por qué motivos nos parecen un defecto de la novela. Pero el problema es que ni nosotros estamos escribiendo una tesis doctoral ni nuestros lectores están interesados en leer una. E, incluso si el crítico escribe una tesis doctoral y nosotros tenemos la paciencia de leerla, al final seguimos en desventaja porque él ha leído la novela y nosotros no. Tendremos que utilizar nuestra intuición y conocimientos para decidir si probablemente compartiremos la impresión del crítico o no. He leído críticas literarias del tipo que defiende Rodolfo Martínez (a menudo las que se lee en los periódicos son así) y a pesar de estar más argumentadas y citar con frecuencia la obra criticada no me dan la sensación de ser menos subjetivas. De hecho me parece que en general se extienden demasiado. Son más propias de una discusión de la obra en un club de lectura que de una crítica dirigida a personas que aún no han leído la novela. Tienen su lugar, sin duda, pero no siempre son lo que yo ando buscando.

En definitiva, que el crítico podría haber citado los casos en los que le parece que Holmes actúa de forma poco característica, pero a mí como lector de la crítica que intenta decidir si le interesa la novela probablemente no me habría aportado demasiado. O quizás sí, nunca se sabe.

Lo que yo quiero cuando leo una crítica no es que me suelten una filípica interminable, sino que me expliquen (sin revelarme todo el argumento) de qué va la novela, cómo está narrada, cómo es de interesante y por qué. Es decir, me gustan las críticas argumentadas, pero hasta cierto punto. Cuando escribo una crítica no me resulta suficiente con decir que una novela es aburrida, trato de explicar por qué me lo ha parecido. Pero ahí queda la cosa; no me pongo a citar los pasajes que me parecen lentos ni a comentar con detenimiento el hilo argumental de la novela que, por otra parte, estoy tratando de no revelar. Al final hay que reconocer que cualquier crítica es por naturaleza subjetiva, y hay que procurar argumentar lo mejor posible sin salirse de una extensión razonable.

Y entonces, ¿no valen de nada mis críticas? Si no son más que mis impresiones subjetivas, ¿de qué le sirven a mis dos lectores? Bueno, una de ellos es mi hermana, así que supongo que las leerá por lealtad filial, pero ¿y el otro?

No sé si mis críticas servirán de algo, pero sí puedo decir que cuando leo una crítica para mí lo importante no es sólo lo que la crítica dice, sino también cómo lo dice. Dicho de otro modo, cuando leo una crítica a quien juzgo en primer lugar es al crítico. ¿Comparte mis gustos y criterios? ¿Se expresa de forma inteligente y articulada? Lo importante de una crítica no es que al crítico le gustara el libro o no, sino que dé al lector una idea de cómo es el libro, para que pueda decidir por sí mismo si le va a gustar o no. Así, idealmente, una crítica negativa bien hecha puede hacer que yo me decida a comprar el libro, y al contrario también. Si logro hacerme una idea de los gustos y prejuicios del crítico puedo llegar a entender que lo que él cita como virtud para mí va a ser un defecto o viceversa.

A ésto ayuda, claro, seguir la trayectoria de un crítico. Cuando leo mis blogs favoritos sé de qué pie cojean sus autores y por ello sus comentarios me resultan mucho más útiles. Lo mismo pasa en los foros con las personas que escriben allí habitualmente. Conozco cuáles de ellos comparten mis gustos y cuáles no. Cuando no poseo esa información de contexto tengo que hacerme una idea similar únicamente a partir del contenido de la crítica. Es más difícil pero si es buena se puede hacer. Y, por supuesto, no basta con leer una crítica. Tengo que leer varias para hacerme un retrato más completo de la novela que estoy pensando comprar. De eso se trata, de hacerse una buena idea de cómo es la novela y de si me va a gustar o no.

Para eso sirven las críticas, a mi juicio, y trato de escribirlas de forma que resulten útiles. También trato de revelar mis propios gustos y prejuicios, para que el lector pueda hacer su propio retrato robot del crítico y filtrar con él mis palabras.


John UpdikePara terminar, comentaré las reglas sobre las críticas del escritor y crítico John Updike (que él mismo ha reconocido romper en ocasiones):

1.- Intenta comprender lo que el autor intentaba hacer, y no le culpes por no lograr lo que no estaba intentando: Estoy de acuerdo y me parece un punto fundamental. Cada obra tiene una ambición determinada y a partir de ahí hay que juzgar hasta qué punto consigue ser todo lo que podía haber sido. A partir de todo eso cada lector decidirá si es lo que le apetece leer en ése momento o no.

2.- Cita al libro lo suficiente -al menos un pasaje extenso- para que el lector pueda formarse su propia impresión sobre la prosa: Estoy de acuerdo sólo en parte, como comenté anteriormente. A veces no me parece útil. En contadas ocasiones sí que me lo parece; por ejemplo, cuando he afirmado que el estilo es demasiado recargado. Ahí sí que procedía citar algún párrafo, cosa que confieso que no he hecho. Entono el mea culpa.

3.- Confirma tu descripción del libro con citas del mismo, incluso si sólo son frases suelta: Aquí no estoy de acuerdo. Probablemente es adecuado para publicar una crítica en el New York Times, donde las potencialmente grandes consecuencias de tus palabras te empujan a ser extremadamente cuidadoso y cauto, pero para lo que yo intento conseguir en mis críticas creo que resultaría entorpecedor.

4.- No te pases al describir el argumento, y nunca reveles el final: Estoy completamente de acuerdo. El crítico que va a dar spoilers debe advertirlo primero; en caso contrario hay que evitarlos a toda costa. Cualquier otra cosa es una traición a la confianza del lector. Al comentar Nunca me Abandones muchos críticos revelaban alegremente el final de la novela, y me fastidian mucho esas cosas.

5.- Si la crítica es negativa, cita novelas del mismo tipo que fueron mejor ejecutadas, de entre la obra del propio autor si es posible, o si no de otros autores. Intenta entender por qué el libro no funciona. ¿Realmente el problema es del libro y no tuyo como lector?: Muy buen consejo. La primera parte, aunque buena, excede los objetivos de las críticas que hago aquí. La segunda parte es fundamental. Hay que ser abierto y sincero sobre tus propios prejuicios y gustos, porque el objetivo no es convencer de nada al lector de la crítica, sino transmitirle bien cómo es la novela.

6.- Sé honrado. No critiques libros contra los que tienes predisposición, o que son de amigos tuyos. No te creas guardián moral de ninguna tradición o estilo, ni un guerrero en una batalla ideológica. Nunca trates de "poner al autor en su sitio". Critica el libro, no al autor. En la medida de lo posible, es mejor ensalzar que criticar negativamente. La comunión entre el crítico y su lector está basada en la presunción de que existe placer en la lectura: Muy buenos consejos, aunque algunos de ellos sean más bien aplicables a críticos profesionales. Me gusta especialmente el último. Al final, lo que merece la pena es la lectura, y lo que de verdad me gusta cuando hago una crítica no es poner mal a algún libro, sino transmitir el placer que he sentido al leerlo. Esto me parece totalmente fundamental.


Y eso es todo, pido disculpas por la extensión de esta entrada, y prometo que las próximas serán comentarios de libros (que sobre eso va el blog, al fin y al cabo).

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Literatura fantástica en internet (I): ¿foros o blogs?

El venerable Sitio de Ciencia Ficción sigue vivo y está a punto de cumplir sus primeros diez años. Continúa publicando entre otras cosas columnas, noticias, críticas y artículos. Se dice que veinte años no es nada, pero en el mundo de internet, tan volátil y cambiante, incluso la mitad de ese plazo es suficiente para que a una página sostenida por la iniciativa desinteresada de una persona se la pueda llamar con justicia venerable.

Sitio de Ciencia Ficción
El Sitio representa un modelo de página web sobre el género que podríamos llamar portal de contenidos. Otro ejemplo en esta dirección es Bibliópolis: crítica en la red, que durante un tiempo publicó columnas y críticas con gran brillantez, debido a su selecto grupo de colaboradores. Por desgracia, la falta de tiempo libre de sus impulsores pudo con ella y hace tiempo que no se actualiza, excepto la parte dedicada al listado de libros de la editorial... Como digo, no cualquier página sobre literatura fantástica llega a cumplir los diez años. Hace falta mucha constancia y dedicación.

En fin, es imposible citar todas las páginas dignas de mención. Hay más portales, como Stardust o Fantasymundo. También están las páginas web de las editoriales, que informan de sus novedades y en algunas ocasiones cuentan con sus propios foros; páginas de noticias como BEM online; revistas como la argentina Axxon o NGC 3660; bases de datos bibliográficos como Términus Trántor...


Frente a estos enfoques más tradicionales, en los últimos años surgieron otras iniciativas que partían de un planteamiento distinto. Las más exitosas son las comunidades virtuales, agrupadas en torno a foros en los que los usuarios interactúan y participan en proyectos comunes. Un ejemplo puede ser Los Espejos de la Rueda.

Estas comunidades vivieron recientemente una edad de oro con el florecimiento de Cyberdark.net. El éxito de Cyberdark fue congregar a un enorme caudal humano que se implicó en la comunidad y colaboró para hacerla grande. Sus foros contaban con un volumen y calidad de las intervenciones muy elevado. Publicaba con regularidad artículos, críticas y entrevistas. El faraónico proyecto de la Biblioteca de Cyberdark, sostenida gracias a la colaboración de mucha gente, permitió la existencia de fichas para casi todos los libros del género publicados en nuestro país, complementados con fotos de las portadas, textos de contraportada y, lo más importante, numerosas valoraciones de lectores sobre cada uno de ellos. Pero internet es internet, y ni siquiera los más deslumbrantes proyectos tienen fácil llegar a los diez años. Aunque era una comunidad enorme con colaboradores de todo tipo seguía exigiendo mucho tiempo a su fundador, David Fernández, que finalmente no pudo seguir dedicándoselo y decidió cerrarla.

ForosCyberdark cerró, pero miles de foreros habían tenido la miel en los labios y no querían renunciar a ella. Muchos migraron a otras comunidades virtuales creadas expresamente, como Sedice, o a otras ya existentes. El proyecto de la Biblioteca se intenta recuperar y continuar en un futuro próximo en la Tercera Fundación.

Otros usuarios, finalmente, decidieron apuntarse a otra de las tendencias que hace furor en la web: los blogs.


El efecto de los blogs sobre los foros ha sido curioso. Algunos de los usuarios de foros más destacados por sus conocimientos y capacidad de comunicación han decidido crear sus propios blogs. Aunque sigan participando en los foros, esto ha causado que sus reflexiones y recomendaciones literarias tienda a aparecer en sus blogs, con el consiguiente empobrecimiento de los foros. Por supuesto, también en los blogs puede haber debate y participación de los lectores a través de los comentarios. Pero los blogs son muchos y dispersos. Mientras que antes unos foros como los de Cyberdark podían centralizar lo más interesante del debate, ahora se complica la búsqueda porque todo está más distribuido. La naturaleza comunitaria de los blogs, lo que se ha dado en llamar la blogosfera, facilita la búsqueda. Aunque uno no conozca el blog donde se publica un artículo interesante es posible que vea una referencia en algún otro blog. Si no, al menos las secciones de enlaces a otros blogs permiten ampliar los horizontes.

¿Merece todo esto la pena? ¿No hubiera sido mucho más deseable que se volviera a construir una comunidad virtual tan vital como la de Cyberdark, en vez de atomizarse parte de ese capital humano en estos pequeños reinos de taifas que son los blogs? Tal vez sí. La centralización permitía estar al tanto de las aportaciones más importantes empleando poco tiempo. No dudo que hay gente que no tiene tiempo para consultar los blogs y ahora se debe conformar con unos foros menos activos.

Pero, por otra parte, también los blogs tienen sus ventajas.

Una de ellas es el control que dan a su creador. Supongo que el cierre de Cyberdark resultaría muy frustrante para muchos de los colaboradores más activos, que vieron como sus aportaciones (excepto los artículos de portada, que siguen disponibles) se perdían con la desaparición de los foros. Mediante los blogs, las aportaciones de sus creadores se conservan, bien localizadas y agrupadas, mientras éstos así lo deseen.

BlogAdemás, las ventajas no son sólo para el creador del blog. Los lectores también tienen localizados todos los comentarios de una determinada persona y pueden seguir su trayectoria. Esto tiene efectos positivos en temas como los comentarios sobre libros. Una crítica o reseña puede estar más o menos argumentada, pero al final todo se reduce a lo mismo: ¿me fío de lo que esta persona me está contado? ¿puedo confiar en que sus criterios coincidan con los míos? Hablaré más de este tema en la segunda parte del artículo, pero está claro que poder seguir regularmente los comentarios de una persona hace que leer sus críticas de libros sea mucho más útil.

Finalmente los blogs, incluso después de pasado el entusiasmo inicial que generan, animan a escribir cosas que anteriormente se quedaban en el tintero. Observaciones o reflexiones personales que no dan para escribir un artículo resultan mucho más apropiadas para un blog que para un foro, y a menudo resultan interesantes.


Así pues, creo que el fenómeno de los blogs ha empobrecido a los foros, aunque aquellos que tenemos la paciencia de consultar varios blogs probablemente hemos ganado en cuanto a calidad y diversidad de contenidos. En el ambiente de comunidad, sin embargo, sospecho que hemos salido perdiendo. Los comentarios que hay en las entradas de los blogs simplemente no es lo mismo que un buen foro. Y es una pena... ojalá pudiéramos tener lo mejor de cada uno.

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