jueves, julio 27, 2006

El Ojo del Mundo, de Robert Jordan

Desde Dos Rios
La Llaga












La Rueda del Tiempo gira y las eras llegan y pasan
y dejan tras de sí recuerdos que se convierten en leyenda.
La leyenda se difumina, deviene mito, e incluso el mito se
ha olvidado mucho antes de que la era que lo vio nacer
retorne de nuevo. En una era llamada la tercera por algunos,
una era que ha de venir, una era transcurrida hace mucho,
comenzó a soplar un viento... El viento no fue un inicio, pues
no existen comienzos ni finales en el eterno girar de la Rueda
del Tiempo. Pero aquél fue un principio.


La fantasía épica es famosa por estar plagada de trilogías o, en el peor de los casos, sagas interminables de libros ya de por sí bastante gruesos. Se ha escrito mucho sobre las causas de este fenómeno y sobre si realmente son necesarias extensiones tan pantagruélicas para crear un mundo fantástico. Algunos lectores de indudable buen criterio, como Hartree, opinan que estas sagas son prácticamente una tomadura de pelo y que cualquier historia por compleja que sea se puede contar satisfactoriamente en un número de páginas más reducido. Yo no llego tan lejos, ya que considero que la trilogía o incluso la saga son formatos para contar una historia tan legítimos como puedan serlo el relato, la novela corta o la novela. Lo que importa es que la historia sea buena y esté bien contada. Pero sí que reconozco que generalmente una saga interminable es mala señal. Casi siempre ocurre que el autor no sabe cómo ir al grano cuando la narración lo reclama, o quizá realmente esté tomando el pelo al lector tratando de exprimir al máximo una historia con una legión de fans que asegura un elevado nivel de ventas. Hay excepciones, como siempre. Me vienen a la mente la maravillosa Canción de Hielo y Fuego de Martin o incluso la serie de Harry Potter. Ambas series me gustan aunque contemplo con preocupación el modo en que aumenta la lista de títulos. Habrá que esperar hasta que sean terminadas para llegar a alguna conclusión final.

En cualquier caso, no es este fenómeno lo que quiero analizar. Únicamente viene a cuento porque el ejemplo perfecto de serie de fantasía épica interminable es la Rueda del Tiempo, de Robert Jordan. En su edición original en inglés van por la undécima voluminosa entrega, sin contar precuelas, y en español la cuenta es más complicada, ya que existen varias ediciones distintas y en cada una de ellas dividen las novelas originales en varios tomos de diferente forma. El lector interesado en que se lo expliquen puede dirigirse a Los Espejos de la Rueda, una estupenda página web en español sobre la saga. Desconozco cuántas novelas más harán falta para que concluya la historia, aunque creo recordar que en algún sitio he leído que estaban proyectadas trece en total.

Además de interminable, la Rueda del Tiempo es un auténtico éxito de ventas. Algún cínico opinará que precisamente por eso es interminable. Sus muchos fans ciertamente la consideran fantasía de la buena. Yo me acerqué a ella con cierto temor ante algunas críticas desfavorables pero también con un espíritu abierto. Estaba claro que si me gustaba iba a tener diversión para rato. Además, si tantos admiradores tiene sería por algo. No soy de los que disfrutan criticando a una novela sólo por tener éxito de ventas. Claro, que el éxito de ventas tampoco garantiza nada. Terry Brooks, lo peor que se despacha en fantasía épica, por razones incomprensibles para mí tiene éxito de ventas, por no hablar de ciertas franquicias. Y es que ya lo decía aquel dicho: "Cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas: ¡coma mierda!". Con perdón.

Entre estos pensamientos emprendí la lectura de El Ojo del Mundo (The Eye of the World, 1990), la primera novela de la serie, que en la última edición en español ha sido dividida en dos tomos (Desde Dos Ríos y La Llaga).

Lo primero que llama la atención es la grandeza y magnitud de la visión de Jordan, que en esta serie ha concebido la historia como una enorme rueda. Todos los acontecimientos históricos acaban repitiéndose en el siguiente ciclo de la Rueda, pero tanto tiempo pasa entre dos ciclos consecutivos que la historia pasada ya ha llegado a olvidarse, quedando sólo retazos de mitología. La Rueda del Tiempo gira impulsado por algo llamado la Verdadera Fuente, que podría considerarse como el origen de toda la magia y que tiene un lado masculino (saidin) y otro femenino (saidar). Sin embargo, en tiempos inmemoriales, se produjo un enfrentamiento entre el Creador y el Ser Oscuro de Turno™, que acabó siendo apresado. Cuando sus sirvientes trataron de liberarlo, se produjo una guerra que resultó en la Ruptura del Mundo, una de cuyas consecuencias fue la corrupción del lado masculino de la Verdadera Fuente. Como resultado, cualquier varón que trata de practicar la magia acaba irremediablemente loco. Según cuenta la leyenda, el Ser Oscuro acabará liberándose, aunque otras leyendas hablan de un Dragón Renacido que lo derrotará para siempre, aunque a costa de causar una nueva Ruptura del Mundo.

La Rueda del Tiempo

Al comienzo de la novela se introduce el personaje de Rand al'Thor, un joven granjero que vive en su tranquilo pueblo hasta que se encuentra a Moraine, una maga de una orden llamada Aes Sedai, y su acompañante Lan. Moraine descubre que Rand sufre continuas visiones en las que el Ser Oscuro le llama y le amenaza. Decide entonces que lo mejor será llevarlo a Tar Valon, la sede de las Aes Sedai, para estudiar lo que le pasa.

Entonces se inicia una típica historia de Fantasía Épica con Señor Oscuro, en la que Moraine, Rand y sus amigos viajan a lo largo del mundo, tanto juntos como separados, siempre perseguidos de cerca por un sinfín de maléficas amenazas, mientras descubren algunas capacidades que no sospechaban que tenían.

Por desgracia, la conclusión que hay que sacar de todo esto es que los puntos débiles de la novela superan a los fuertes.

En primer lugar, el problema de la Fantasía Épica con Señor Oscuro es que el adversario es unidimensional y carente de interés. En sí mismo el concepto de mal absoluto puede resultar fascinante, pero tras verlo una vez ya se ha visto todas. No hay lugar a mayores complejidades o matices. Además, al enfrentar al bien contra el mal se pierde la ambigüedad que existe en las situaciones reales, donde nada es completamente blanco o negro. A veces puede estar bien la ausencia de ambigüedad moral, mas es fácil que canse enseguida. No son éstos en modo alguno obstáculos insalvables, como demostró Tolkien. Sin embargo, a partir de ahí casi todos sus imitadores no han sido sino pálidos reflejos del maestro.

Jordan falla en su caracterización. Los personajes, blandos y sin carácter, no capturan en ningún momento la imaginación del lector. Las mujeres son todas manipuladoras y cargantes, mientras que los hombres son aburridos y de voluntad débil. La narración tampoco acaba de funcionar. Una vez completada la parte introductoria, en las setecientas páginas restantes del libro básicamente no ocurre casi nada de importancia, y el autor no es capaz de disimularlo. La persecución a la que se ven sometida los personajes no resulta en ningún momento trepidante, ya que se limita a repetir la misma fórmula una vez tras otra, sin demasiada convicción.

El Ojo del MundoPor otra parte hay rasgos que sí que resultan atractivos. La mitología que ha creado Jordan es compleja y sugerente, y merecía un mejor desarrollo que el que se le da en este libro. El nivel de detalle del mundo en que se desarrolla la historia también resulta loable.

En cualquier caso es demasiado poco para sostener una novela de tan grande extensión. El enorme trabajo y atención por los detalles que se hace patente en la creación del mundo de la Rueda del Tiempo parecen malgastadas en una historia que se deja leer sin crear demasiado entusiasmo. No es que sea realmente mala, pero sí mediocre. Sin duda, la fantasía épica ofrece cosas mejores.

Todo lo cual nos deja ante la perspectiva de otras diez mil páginas de saga, más las que le queden a Jordan por escribir antes de concluirla. Muchos fans de la saga coinciden en que disfrutaron de los primeros libros (los cuatro primeros, a menudo dicen en sus críticas), pero que a partir de ahí la historia entra en un bache en el que todo se va alargando cada vez más sin que ocurran apenas acontecimientos relevantes en cientos y cientos de páginas. Ésta es precisamente la impresión que he sacado de El Ojo del Mundo, así que me preocupa pensar en lo que pasará (o, mejor dicho, en lo que no pasará) a partir de la quinta novela. A falta de algo mejor me atrevería a acometer su lectura -hay cosas peores-, pero realmente no veo la necesidad cuando hay posibilidad de encontrar lecturas más atractivas. Quizá me lo replantee cuando la serie sea concluida y pueda leer críticas que den una visión conjunta de la misma, pero no lo creo.


Por desgracia, debo terminar este artículo con una noticia muy triste. Una vez escrita la crítica, mientras investigaba un poco por la red para pulir el artículo, me encontré con la reciente noticia de que Jordan está gravemente enfermo. Le ha sido diagnosticada una enfermedad llamada amilosis con cardiomiopatía, que está afrontando con notable valentía y optimismo, a pesar de que su vida está en claro peligro. Ha informado a sus fans de que está tranquilo y con muchas ganas de superar su enfermedad. Podéis encontrar información más detallada sobre su estado de salud en esta página de noticias de Los Espejos de la Rueda.

Ante esto he estado a punto de descartar el artículo, ya que la crítica es más bien negativa y no era precisamente lo que me pedía el cuerpo al enterarme de su enfermedad. Sin embargo, al final he decidido que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Sobre gustos no hay nada escrito y puedo tener una opinión negativa de una novela suya y al mismo tiempo desearle lo mejor a Robert Jordan y admirar la entereza con la que lucha por recuperarse. Ojalá lo logre muy pronto y pueda seguir deleitando a sus fans con su imaginación durante muchos años.

Robert Jordan

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miércoles, julio 26, 2006

Leyendas de los Otori, de Lian Hearn















Gillian Rubinstein es una escritora australiana de novelas infantiles, reclusiva y poco amiga de convenciones y entrevistas. Su primera obra en tocar temáticas adultas, aunque en algunos países (entre ellos España) ha sido publicada en una colección juvenil, es la saga Leyendas de los Otori, escrita bajo el seudónimo Lian Hearn. El nombre Lian es un viejo apodo familiar, mientras que el apellido Hearn es un homenaje al escritor y periodista Lafcadio Hearn, gran amante y difusor de la cultura nipona.

La saga, me resisto a llamarla trilogía por motivos que en breve explicaré, está formado por los siguientes títulos, publicados en España por Alfaguara:
  • Leyendas de los Otori I. El suelo del ruiseñor (Across the Nightingale Floor, 2002)
  • Leyendas de los Otori II. Con la hierba de almohada (Grass for His Pillow, 2003)
  • Leyendas de los Otori III. El Brillo de la Luna (Brilliance of the Moon, 2004)
La acción transcurre en una isla ficticia dominada por clanes que gobiernan sus territorios siguiendo un sistema feudal, obviamente inspirado en el Japón medieval pero al que nunca se llama por ese nombre. Lógicamente este recurso, bastante frecuente en la fantasía épica, permite a la autora tomarse mayores libertades artísticas manteniendo el espíritu de la sociedad retratada.

En el Japón real, en 1600, después de consolidar su poder en el extremo occidental de la isla de Honshu, el clan Choshu sufrió una horrenda derrota en la batalla de Sekigahara, marcada por la traición de sus aliados, que se pasaron al bando contrario. Tras ella, el clan se vio privado de la mayor parte de su poder y fue obligado a retirarse a su bastión en la ciudad costera de Hagi.

En esta historia se inspira Hearn para contar una historia donde el clan Otori ha sido derrotado en un la batalla de Yaegahara por los ejércitos de un señor de la guerra llamado Iida Sidamu, que al mando del clan Tohan se perfila como el futuro deminador de los Tres Reinos.



La acción comienza con una matanza perpetrada por los Tohan en una aldea habitada por Ocultos. Los Ocultos son los seguidores de una religión marginal que les prohibe matar y que proclama que todos los hombres son iguales ante Dios, lo cual es considerado peligroso por los líderes de una sociedad fuertemente jerárquica basada en el poderío militar. Un niño, Tomasu, logra escapar, perseguido por varios guerreros Tohan. Cuando están a punto de darle alcance, le salva de una muerte segura un enigmático guerrero que resulta ser Otori Shigeru, antiguo heredero del clan Otori que fue apartado del poder en favor de sus tíos, como parte de las condiciones de Iida Sidamu tras su victoria sobre los Otori.

Shigeru, que está hundido en el dolor tras el reciente asesinato de su hermano menor Takeshi a manos del clan Tohan, ve en Tomasu un reflejo de su hermano y lo adopta, cambiándole el nombre por el de Otori Takeo. Así comienza una nueva educación del joven Takeo, esta vez como guerrero, lo que entra en conflicto con las creencias ocultas aprendidas en su primera infancia.

Pronto Takeo empieza a dar muestras de unos talentos excepcionales que fueron los que le ayudaron a sobrevivir durante el exterminio de su aldea. Estos talentos, incluyendo la habilidad de desdoblarse en dos, la invisibilidad durante breves períodos de tiempo y un oido extraordinariamente fino son propios de la Tribu, una raza de mercenarios, asesinos y comerciantes de pocos escrúpulos que apoyados por sus poderes especiales sobreviven en la sociedad de los Tres Reinos, trabajando siempre en pos de sus propios intereses.



Mientras tanto, Shirakawa Kaede es una muchacha entregada por su padre como rehén a una familia rival, que crece entre enemigos y se desespera por el papel sumiso e indefenso que la sociedad en la que vive le ha reservado. Por designios políticos, el clan Otori e Iida Sidamu deciden concertar un matrimonio entre Shigeru y Kaede, a pesar de que no se conocen y de que Shigueru ama desesperadamente a otra mujer. Sin embargo negarse no es una posibilidad, por lo que deben seguir adelante y contraer un matrimonio cuya celebración puede convertirse en el detonante que haga explotar el odio y la sed de venganza acumulados entre Otori Shigeru e Iida Sidamu.

La saga explora la trágica historia de Shigeru, la pérdida de su familia, su amor imposible y su búsqueda de venganza, así como las consecuencias para los jóvenes Takeo y Kaede, que podrían verse condenados a repetir la misma tragedia. Todo ello entremezclado con las intrigas de la Tribu, los intentos de Takeo de compatibilizar sus legados Otori y Oculto y la rebelión de Kaede contra la inferioridad social de la mujer. A lo largo de la misma se exploran temas recurrentes de la literatura japonesa, como el amor imposible, la traición, la muerte, el honor y la venganza. No se trata de una historia de buenos y malos, sino de luchas por el poder, intrigas, ambición y odio. Incluso los principales protagonistas se ven forzados a realizar acciones despreciables, que les causan no pocos problemas de conciencia.

Como digo, ha sido publicada en una editorial juvenil, pero las fuertes cargas de violencia y sexo, así como la belleza y melancolía de su lenguaje en muchos momentos las hace perfectamente apropiadas para el público adulto. No se trata de una historia perfecta. Existe un bache en el ritmo de la historia durante parte del segundo libro y en algunos momentos la trama es forzada. Pero la impresión general es que se trata de una historia hermosa y trágica, con personajes que reflejan la forma de pensar de esa época y cultura en vez de tener mentalidades contemporáneas transplantadas a un escenario fantástico.

En resumen, una serie original y más que recomendable, que me ha hecho disfrutar con su lectura.

Decía que me resisto a llamarla una trilogía porque al parecer va a ser ampliada con dos tomos más. Uno de ellos es una precuela, que trata sobre la juventud de Shigeru. El otro transcurre quince años después de la trilogía, revelándonos el desenlace final de algunas de las tramas que quedan en el aire. Éste último libro, titulado The Harsh Cry of the Heron, ya ha sido finalizado, y aparecerá en inglés en septiembre de este año.

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martes, julio 25, 2006

Requiescat in pace, cYbErDaRk.NeT


Hay algo que distingue a los aficionados a la literatura fantástica (ciencia ficción, fantasía...) frente al resto de aficionados a la lectura, y es su sentimiento de pertenencia a un grupo. No parece que los lectores del último bestseller de John Grisham sientan un ansia irrefrenable de comentarlo con otras personas ni de intercambiar recomendaciones para otras lecturas. Sin embargo, los lectores de fantasía... amigo mío, eso es otra historia. Algunos compran en tiendas especializadas o les gusta charlar con amigos de mentalidad similar, pero internet ha abierto nuevas posibilidades de relacionarse con otros aficionados.

Lógicamente, como en todo, las páginas en lengua inglesa se llevaron la palma. Existían páginas interesantes en español, pero las más vitales y que más caudal de información y entretenimiento ofrecían a los visitantes eran inglesas. Como muestra puedo citar foros de literatura fantástica con enorme participación, como los de SFFWold; o páginas de crítica y novedades como SFSite, que aloja también unas muy interesastes listas anuales con lo mejor del género; o información bibliográfica exhaustiva como la de Fantastic Fiction, que puede usarse en combinación con las críticas de los lectores de Amazon.com para obtener toda la información que deseemos sobre nuestros escritores favoritos y sus obras.

Pero todo esto cambió de repente con la aparición de cYbErDaRk, una página de una ambición sorprendente en los rincones en español de internet. Ya no teníamos que mirar con envidia a nuestros colegas anglosajones, porque de pronto nos encontramos con que lo nuestro era mejor. Sus foros tenían una enorme participación, e iban más allá de las discusiones literarias. Podías comentar a gusto tus lecturas, pero aquello se llegó a convertir en una auténtica comunidad. Es difícil de explicar al que no lo haya conocido lo grande que llegó a ser. Además de los foros estaba la biblioteca, faraónico proyecto que recopilaba fichas de todos los libros de género fantástico publicados en castellano, incluyendo comentarios de los lectores además de información bibliográfica. Estaba la portada, donde se sucedían artículos de muy alto nivel sobre todos los aspectos del género, además de las tradicionales críticas de novedades literarias y cinematográficas. Estaba también la tienda de libros... Para mi gusto, además de la biblioteca, el gran éxito de cyberdark fue unir a tanta gente e ilusionarla con una comunidad y un proyecto común.

Sin embargo, lo bueno parece que siempre se acaba, y en el 2005, tras cinco años de existencia, cyberdark cerró. Parece ser que su fundador se vio sobrepasado por el trabajo que le suponía, a pesar de la ayuda de numerosos colaboradores, y acabó tomando esta decisión. En su página web sólo quedan la tienda, la colección de artículos y algunos documentos conmemorativos de lo que fue cyberdark.

Se trató de un duro golpe, sin duda, pero la comunidad virtual por entonces estaba demasiado cohesionada para desaparecer por completo. La biblioteca migró a la Tercera Fundación, que aún no está en pleno funcionamiento (no se pueden añadir opiniones sobre los libros ni se están añadiendo nuevas fichas), pero que si todo va bien llegará a estarlo. Muchos foreros migraron a distintas páginas, especialmente a los foros de Sedice. Un buen número de articulistas crearon el blog C, el hijo de cyberdark. En la página de cyberdark se da más información sobre sus herederos.

Todo esto son aún pálidos reflejos de lo que hubo, pero se está mejorando y el espíritu de cyberdark no ha muerto. Con el tiempo quizá se alcance o incluso se supere lo que llegó a haber en la página naranja.

Descansa en paz, cYbErDaRk.

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lunes, julio 24, 2006

De Leyenda: Índice de libros comentados







Abercrombie, Joe -


Auster, Paul -


Bakker, R. Scott -


Bradley, Marion Zimmer -


Bujold, Lois McMaster -


Chiang, Ted -


Clarke, Susanna -


Fernández, Bernardo -


Grimwood, Ken -


Ford, John M. -


Gaiman, Neil -


Gemmell, David -


Gentle, Mary -


Gerrold, David -


Hearn, Lian -


Heinlein, Robert A. -


Homero -


Ishiguro, Kazuo -


Jordan, Robert -


Joyce, Graham -


Kay, Guy Gavriel -


King, Stephen -


Lackey, Mercedes -


Lynch, Scott -


Mallorquí, César -


Marín, Rafael -


McCaffrey, Anne -


McCammon, Robert -


McCarthy, Cormac -


Mitchell, David -


Morgan, Richard -


Negrete, Javier -


Novik, Naomi -


Powers, Tim -


Pressfield, Steven -


Priest, Christopher -


Rowling, J. K. -


Salvatore, R. A. -


Scalzi, John -


Sebold, Alice -


Silverberg, Robert -


Stover, Matthew Woodring -


Stroud, Jonathan -


Varios Autores -

Vinge, Vernor -


Wilson, Robert C. -