Aventuras a lomos de dragones: El Vuelo del Dragón y la serie de Pern

Tras la lectura de Temerario. El dragón de Su Majestad, se me ocurrió leer por fin algo de la serie de Pern, de Anne McCaffrey. Por un motivo u otro no había leído nada de esta serie clásica. Sí había leído en cambio hace mucho tiempo El Planeta de los Dinosaurios, de la misma autora, que recuerdo con mucho cariño (no sé si una relectura ahora tendría el mismo efecto).
Anne McCaffrey es una pionera del género fantástico, cuya carrera fue reconocida en el 2005 con el título de Gran Maestro de la ciencia ficción. Es la tercera mujer en conseguirlo, tras Andre Norton en 1984 y Ursula K. Le Guin en el 2003.
Durante más de medio siglo McCaffrey ha escrito más de 60 novelas, muchas de ellas agrupadas en sagas de irregular calidad. Escribe ciencia ficción con fuertes dosis de fantasía y aventura, y su creación más famosa es la serie de Pern.
Pern es un planeta con escasos recursos naturales que fue colonizado por la humanidad. La evolución de la colonia se vio cortada de cuajo debido a la existencia de un planeta cuya órbita muy excéntrica le acercaba a Pern cada doscientos años. Este planeta, percibido desde Pern durante la fase de máxima aproximación como una estrella roja, libera una especie de esporas, llamadas hebras, que se alimentan de materia orgánica devastando todo lo que tocan.
En estas condiciones, y tras perder contacto con la Tierra, la colonia sufrió una regresión a niveles tecnológicos primitivos. Sin embargo quedaron unos seres modificados genéticamentes por los colonos originales y llamados dragones por su similitud con el animal mitológico. Gracias a su capacidad de volar y a su aliento ígneo, estos dragones que se comunican telepáticamente con sus jinetes humanos son capaces de destruir las hebras en la atmósfera de Pern, antes de que caigan a la superficie.
La saga Dragonriders of Pern comenzó con dos novelas cortas, Weyr Search y Dragonrider, publicadas en la revista Analog en 1967 y 1968. Dichas novelas cortas consiguieron el Hugo y el Nebula respectivamente, conviertiendo a Anne McCaffrey en la primera mujer en conseguir cualquiera de estos premios en las categorías de ficción. Estas dos historias fueron integradas y expandidas en la novela El Vuelo del Dragón (Dragonflight, 1968), la primera de la serie. La saga fue continuada luego con La Búsqueda del Dragón (Dragonquest, 1970) y El Dragón Blanco (The White Dragon, 1978), así como con otras novelas, más de veinte en total, situadas en distintos momentos de la historia de Pern.
El Vuelo del Dragón comienza con la novela corta Weyr Search, ambientada en una sociedad de Pern de carácter cuasimedieval.
En el fuerte de Ruatha, Lessa, una de las más humildes sirvientes, es más de lo que parece. La muchacha es la única superviviente de la masacre de su familia al ser conquistado el fuerte que gobernaba su padre. Lessa, merced a ciertos poderes psíquicos que posee, ha conseguido ocultarse como sirviente durante diez largos años sin que nadie sospeche de ella, mientras espera el día en que pueda por fin vengarse del asesino de su familia.
Mientras tanto, los caballeros cabalgadores de dragones están buscando a su nueva reina, tras el fallecimiento de la anterior. Para ello, recorren los distintos fuertes buscando candidatas apropiadas para el puesto. Estos jinetes están en franca decadencia y se encuentran desprestigiados en Pern, porque ha pasado tanto tiempo desde que cayeron las hebras por última vez que la mayoría no cree que vaya a ocurrir de nuevo. Los señores de los fuertes los consideran parásitos que les fuerzan a entregar tributos a cambio de un servicio que hace mucho tiempo que es innecesario.
Cuando los jinetes llegan al fuerte de Ruatha, Lessa concibe la forma de utilizarlos para cobrarse por fin su venganza.
Es fácil entender por qué esta saga fue tan popular. Las imágenes que sugiere esta novela son realmente poderosas, y es inevitable que capturaran la imaginación de los lectores que las descubrieron en su adolescencia, allá por los años sesenta: cabalgar a lomos de un dragón, estar unido a él por un vínculo mental lleno de lealtad incondicional, la vida en el Weyr, la caída de las hebras y el desesperado combate contra ellas... Leído hoy, y pasada ya la adolescencia, siguen siendo imágenes poderosas.
Sin embargo, también se hace patente una serie de problemas muy serios en la novela. En primer lugar, por supuesto, la parte científica es totalmente inverosímil. Esto del planeta que pasa rozando otro planeta cada doscientos años... en fin, sin comentarios. Por suerte es fácil ignorar los defectos en el plano científico ya que éste no juega ningún papel real en la novela. En teoría se trata de ciencia ficción, pero la verdad es que, aunque este aspecto juega un mayor papel en algunas de las novelas posteriores de la serie, El Vuelo del Dragón se lee como una novela de fantasía épica.
Otro defecto son los personajes, que no destacan precisamente por ser lo mejor de la novela. Lessa y F'lar, los protagonistas principales, resultan bastante estereotipados. A veces me dió la sensación de que se habían escapado de una novela romántica barata, porque se trata de una típica heroína de carácter indómito que sin embargo cae rendida en los brazos del macho-man de turno. Sospecho que en su momento pudo haber sido llamativo que una obra de ciencia ficción, género totalmente dominado entonces por lo masculino, tuviera como protagonista a una heroína fuerte. No obstante, leído ahora, algunos pasajes transmiten unas actitudes incluso algo machistas.
También esto se puede perdonar, porque la historia es lo suficientemente fascinante de por sí para superar una caracterización débil. Por desgracia, existe un problema aún más grave que perjudica sobremanera a la narración: se trata de los viajes en el tiempo. Resulta que, por circunstancias que se explican en la novela, los protagonistas tienen fácil acceso a viajes en el tiempo, lo cual tiene gran importancia en la segunda mitad de la novela.
Los viajes en el tiempo son un asunto muy delicado y difícil de tratar, y Anne McCaffrey no los trata aquí de forma nada hábil. No se afrontan de forma satisfactoria las paradojas que necesariamente se producirían. Además, en una novela de fantasía épica unos viajes en el tiempo a los que se accede sin dificultad resultan un desastre desde el punto de vista narrativo: cada vez que ocurre alguna desgracia nos preguntamos por qué diantres no viajan hacia atrás en el tiempo y lo arreglan. Además se trata de un problema que seguramente perjudicará a todas las novelas de la serie.
Son problemas muy graves, aunque no estropean del todo la novela. La primera parte sobre todo sigue siendo una historia cautivadora. Especialmente elegante es el uso que hace de los poemas y fragmentos de leyendas de épocas pretéritas que llegan hasta el tiempo de los protagonistas, conteniendo a veces información útil bajo una capa de mitos. Si uno lee la novela con buena voluntad que le permita ignorar sus defectos, sin duda va a disfrutar de la misma.
En la imagen se ve a Anne McCaffrey celebrando el título de Gran Maestro. En el pastel que hay junto a ella se aprecia el dibujo de un dragón y la inscripción Felicidades Anne McCaffrey, Grand Master 2005Etiquetas: reseñas










1 Comentarios:
Muchas Gracias por tus saludos Farseer!!
La verdad es que acá estamos muy contentos con el UPC, significa un tremendo estímulo para el fantástico chileno.
Un abrazo desde una tierra lejana, escondida...y muy mágica!!!!
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