jueves, noviembre 20, 2008

El Ladrón Mago, de Sarah Prineas



Un sector de la literatura fantástica que parece vital en cuanto a ventas es el de la fantasía juvenil. Aparte del gran fenómeno Harry Potter, existen otros títulos apropiados para jóvenes o niños pero con la calidad suficiente para ser disfrutados también por adultos. Autores como Jonathan Stroud (trilogía de Bartimeus) o Philip Pullman (trilogía de la Materia Oscura) son un buen ejemplo. No es difícil, en definitiva, encontrar novedades de fantasía juvenil incluso en las librerías más pequeñas. Es de esperar que este subgénero sirva de puerta de entrada para nuevos aficionados a la literatura fantástica y tampoco está de más estar atentos a él para no perderse alguna buena lectura.

El Ladrón Mago es la primera novela de Sarah Prineas publicada en España. El tratamiento editorial que ha recibido en cuanto a encuadernación, maquetación y traducción es impecable, cosa que es de agradecer. Ya que pagamos precios de pasta dura debería ser normal recibir un producto de calidad. En este sentido ninguna pega, la edición no puede ser más cuidada. Lo único que reprocharía a la editorial es no dejar claro que se trata del primer título de una trilogía, aunque el problema no llega a más porque la historia es autoconclusiva.

La novela cuenta la historia de Connwaer, un joven ladronzuelo de los bajos fondos de la ciudad de Wellmet. Conn un día intenta robar a un elegante caballero. Lo que no sabe es que este caballero resulta ser Nevery, un poderoso mago, y el objeto robado resulta ser su amuleto. Lo normal es que el contacto con un objeto de ese poder hubiera matado a Conn, pero sin embargo el amuleto se limita a brillar en su mano. Ante esta muestra de afinidad mágica, Nevery acaba tomando a Conn como aprendiz. Esto es sólo el principio de los problemas de Connwaer, sin embargo, porque la magia de Wellmet se está desvaneciendo y Nevery está investigando el fenómeno, investigación que le involucrará en peligrosas intrigas entre los elementos mágicos y criminales de la ciudad. Para colmo, los problemas de Nevery no le dejan prestar mucha atención a su aprendiz, que además de ayudar a su maestro tendrá que valérselas por sí mismo en una academia de magia y buscar su propio locus magicalicus, un amuleto que le permita lanzar hechizos.

La ciudad de Wellmet está vagamente inspirada en el Londres de la época victoriana, y El Ladrón Mago se entronca en la tradición de historias sobre aprendices de magia. Lo que distingue a esta novela es la personalidad de Conn, vital y siempre lleno de recursos, y su relación con el mago Nevery, que al principio no está nada convencido de necesitar un aprendiz, y con Benet, el feroz guardaespaldas de Nevery que acaba resultando mejor persona de lo que aparenta. El libro está narrado en primera persona por Conn, pero cada capítulo termina con una entrada del diario personal de Nevery.

Se trata de una lectura muy rápida y entretenida, con personajes con los que es fácil simpatizar. La historia es eficaz pero muy sencilla y directa, dedicándose poco tiempo a explorar personajes o situaciones no directamente relacionados con la historia. El lector adulto quizá hubiera agradecido más complejidad argumental, aunque no está nada mal de vez en cuando una historia que no se va por las ramas.

En definitiva, una novela infantil/juvenil de calidad, que puede ser disfrutada también por adultos.

jueves, noviembre 06, 2008

Throne of Jade y Black Powder War, de Naomi Novik



La saga de Temeraire continúa con los libros 2 y 3, titulados Throne of Jade y Black Powder War respectivamente (El Trono de Jade y La Guerra de la Pólvora en la edición de Alfaguara). Mi comentario sobre la primera novela, por cierto, está aquí.

En El Trono de Jade, Temeraire y Will Laurence viajan al Imperio Chino para tratar de solucionar los contratiempos diplomáticos surgidos al descubrirse el origen de Temeraire. Tras un largo y accidentado viaje, parece muy posible que el dragón celestial acabe deseando quedarse allí, al comprobar que los dragones reciben mucho más respeto y están más integrados en la sociedad china que en la británica. Sólo la lealtad al capitán Laurence, al resto de su tripulación y a los dragones británicos que han sido sus compañeros le separan de la deserción. Al mismo tiempo, los protagonistas se ven envueltos en distintas intrigas políticas que pondrán en peligro su vida.



En Black Powder War, una vez resueltas de forma más o menos satisfactoria las dificultades encontradas en China, llega el momento de regresar a Europa. Sin embargo, las nuevas órdenes que llegan de Gran Bretaña obligan a recorrer el trayecto de vuelta en tiempo record. Unos contratiempos navales hacen imposible regresar a tiempo por mar bordeando África, por lo que Temeraire deberá emprender un largo y peligroso viaje sobrevolando Asia hasta Turquía, donde debe recoger unos huevos de dragón que Gran Bretaña ha adquirido. Los turcos, sin embargo, tienen otras ideas, y mientras tanto las asombrosas victorias de Napoleón están barriendo toda resistencia a sus ejércitos en el continente. Cualquier refuerzo es imprescindible y pronto el mismo Temeraire debe integrarse en los cuerpos aéreos de los aliados prusianos en la lucha contra el genio militar francés.

La principales cualidades de esta saga desde el primer libro han sido la legibilidad y la diversión, y siguen siéndolo en estas continuaciones. Sin embargo, según va aumentando el total de páginas, los defectos se van haciendo más notorios también. La autora ha querido hacer hacer una analogía entre las batallas navales de la época y las batallas entre dragones, pero tras tres novelas sigue sin quedar realmente claro por qué motivo son necesarias las tripulaciones que llevan a cuestas los dragones. Los dragones son dragones y pueden combatir bien solos, así pues ¿a qué viene toda la parafernalia de tripulaciones y arneses? Todo esto hace que las batallas aéreas sean menos creíbles y menos ágiles y flexibles que las batallas navales.

Naomi NovikNovik parece que se da cuenta del problema y tiene el acierto de cambiar el enfoque de la historia. Así, pasamos de una obra de ficción militar a explorar nuevas localizaciones e ideas (China, Turquía, Prusia...), y a desarrollar los personajes. Para alarma de Laurence, Temeraire sigue teniendo ideas bastante liberales sobre cuál debería ser el papel de los dragones en la sociedad, aunque es verdad que llevamos tres libros y por el momento esa subtrama recurrente sigue sin llegar a ninguna parte. Desde luego es un aspecto interesante, aunque uno se pregunta, ya que los dragones son inteligentes, por qué ninguno de ellos antes de Temeraire se ha dado cuenta de que realmente se les trata como a bestias valiosas y no como a seres inteligentes con derechos propios. En definitiva, ¿por qué se avienen a matarse entre ellos en guerras humanas que realmente ni les van ni les vienen?

Por otro lado la autora parece encontrarse muy cómoda explotando el filón que ha encontrado. Su investigación histórica es buena y la va aprovechando para sacar historias, pero el lector que espere una mayor sensación de clausura de la línea argumental acaba decepcionado. La historia se va desarrollando de forma episódica, sin que haya cambios fundamentales en la situación, y parece que la saga va para largo.

A pesar de todo, como he mencionado, las historias siguen siendo entretenidas de leer. Es sólo que queda una cierta sensación de que la saga debería estar creciendo en vez de quedarse estancada.

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jueves, julio 31, 2008

Artifex Cuarta Época número 1



Artifex, revista dedicada a ofrecer relatos inéditos de género fantástico de calidad, ha renacido de nuevo, abandonado esta vez el formato impreso y pasándose al PDF. La Asociación Cultural Xatafi es la que ha tomado el testigo, ofreciéndose a continuar con el proyecto.

Parece que no es posible, por las escasas ventas, hacer sostenible una revista impresa de relatos. Así pues, Artifex es ahora gratuita y trimestral, y el formato PDF permite eliminar los costes de producción. Por desgracia, tampoco se paga a los autores.

¿Qué diferencia entonces a esta revista de cualquier página web en la que aparezcan relatos? Pues en principio los estándares de calidad, ya que intentarán mantener el nivel de la revista impresa a pesar de que los autores colaborarán sin remuneración económica. El tiempo dirá si lo consiguen. Por lo pronto tenemos el primer número, que se puede descargar en la página web de la revista.

Sobre el formato no puedo poner ninguna pega. El PDF está impecablemente maquetado, cómodo por su tamaño y tipo de letra tanto para leerlo en pantalla como para imprimirlo (está configurado automáticamente para que la impresión salga como si fuera una revista).

En cuanto a los relatos, este primer número nos ofrece los siguientes:

.:. El hombre de la basura - de Carlos Martínez Córdoba
.:. Marcas, señales - de Sergio Gaut vel Hartman
.:. La penúltima estación - de Víctor Miguel Gallardo
.:. Piedras y plumas - de Francisco Ruiz
.:. Al-Iksir - de Alejandro Carneiro
.:. Un plato frío - de Manuel de los Reyes


Paso a comentarlos uno por uno:


El hombre de la basura, de Carlos Martínez Córdoba:
Relato de terror sobre una maestra novata que llega a una pequeña aldea. La anterior maestra desgraciamente tuvo que abandonar, debido a que se volvió loca. Tengo que admitir que el terror me suele decir más bien poco, salvo que el autor logre que me lleguen a importar realmente los personajes. Esto es más difícil de hacer en un relato corto que en una novela, claro. En este caso estamos ante un relato que no acaba de conseguirlo, aunque es por momentos inquietantes, está escrito con corrección y no tengo nada que reprocharle desde el punto de vista formal, salvo quizá cierto abuso de las descripciones que le restan agilidad. Bien a secas.

Marcas, señales, de Sergio Gaut vel Hartman:
Mientras la población terrestre está obsesionada con la próxima llegada a Marte de una misión tripulada, el protagonista se rebela contra el bombardeo de publicidad y transmisiones multisensoriales sobre el tema. Acaba logrando conectarse a Marte por otra vía. Lo comparan con los relatos de Bradbury, aunque a mí me pareció surrealista, algo pretencioso y demasiado largo. No me gustó (aunque admito que en general tampoco me vuelvo loco con Bradbury).

La penúltima estación, de Víctor Miguel Gallardo Barragán:
Un representante de comercio llega a una estación de tren en la que tiene que hacer transbordo, pero comienzan a ocurrir cosas raras. Convincentemente escrito y efectivo, éste relato sí que me gustó. El único problema es que se trata de una de esas historias cuyo impacto depende de una cierta idea de partida, y en este caso se trata de una gran idea pero que ya ha sido empleada demasiadas veces como para conservar ese impacto.

Piedra y plumas, de Francisco Ruiz:
Un joven pastor que vive en la Cantabria prerromana recibe una visita sobrenatural que le advierte de que su destino es combatir una plaga que aflije a su aldea. La plaga resulta ser un monstruo de la mitología cántabra. Un relato un tanto convencional y poco excitante en su desarrollo, mejorado por la originalidad de su inspiración mitológica y por un efectivo giro final.

Al-Iksir, de Alejandro Carneiro:
Durante la campaña rusa de la Segunda Guerra Mundial, un arqueólogo ocultista al servicio de los nazis trata de encontrar un poderoso artefacto mítico. Bastante bueno, el autor hace gala de oficio a la hora de dar ritmo a la narración y crear personajes interesantes. Es el momento Indiana Jones de la revista. Me lo pasé bien leyéndolo hasta el punto de que tengo que perdonarle cualquier problema argumental (por ejemplo, ¿por qué diantres el tipo éste, que actúa bajo órdenes directas de Hitler, no es asistido por un pelotón de soldados de élite, en vez de tener que recurrir a los primeros que pasaban por allí?)

Un plato frío, de Manuel de los Reyes
En un futuro cercano se han puesto de moda programas de televisión gastronómicos en los que lo que se cocina es carne humana. Más exactamente, es carne de humanos modificados genéticamente para que su cuerpo se regenere a un ritmo increíble. La fuente de carne de uno de estos programas mantiene una complicada relación sentimental con el chef-presentador del mismo. Interesante relato corto, que presenta una idea que al menos a mí me resulta original (he visto historias sobre seres humanos usados en obras de arte vivientes, pero no como fuente voluntaria de carne).



Y nada más. Como siempre pasa con estas cosas algunos relatos me gustaron y otros no (ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito, y los relatos cortos por su naturaleza o dan en el blanco o no). En cualquier caso el nivel es bueno y creo que en su nueva encarnación online la revista por el momento hace justicia a sus versiones anteriores.

Habrá que desearles suerte y que sigan así. Por lo pronto para el segundo número se anuncian relatos de autores como Alfredo Álamo, Víctor Conde, Juan Antonio Fernández Madrigal, Ekaitz Ortega y Eduardo Vaquerizo.

jueves, julio 24, 2008

The Prince of Shadows (Siete Hermanos), de Curt Benjamin



He aquí un ejemplo bastante completo del despropósito editorial con que a veces se nos castiga a los lectores de fantasía épica. Tenemos una trilogía obra de Curt Benjamin y titulada Seven Brothers. Los títulos de las tres novelas son The Prince of Shadow (2001), The Prince of Dreams (2002) y The Gates of Heaven (2003). Pues bien, La Factoría decide publicarlo en su colección Solaris Fantasía. Para ello comienza por publicar el primer libro dividiéndolo, eso sí, en dos tomos: El Príncipe de la Sombra y El Imperio Shan. Las ventas no son buenas y por tanto abandonan la publicación de la serie, dejando tirados a los incautos clientes que han comprado sólo la primera e inconclusa parte de la trilogía. Entiendo que la vida es dura para las editoriales y que económicamente es muy difícil para ellas seguir sacando libros cuando saben que comercialmente van a fracasar, pero estando las cosas así supongo que nadie esperará que la gente compre libros de una serie hasta estar bien seguros de que van a completarla.

Yo hace tiempo que he adoptado la política de esperar a que terminen de publicarse las series antes de comprarlas, y normalmente las compro en inglés, que me sale mucho más barato y me permite leer lo que el autor realmente quiso escribir, en vez de una traducción que a menudo pierde bastante con respecto al original.

Esto fue lo que hice con esta serie. Me compré las tres novelas en inglés y me preparé a disfrutar de una larga y placentera dosis de fantasía épica, felicitándome por haber evitado la trampa de la edición española inconclusa. Craso error por mi parte, por cierto.

Pero hablemos de la primera parte de la trilogía...

The Prince of Shadow está ambientada en un mundo imaginario en el que se aprecian claras influencias de la cultura oriental. Se trata de un mundo lleno de magia y acontecimientos trágicos. El protagonista es el joven Llesho, que lleva ocho de sus quince años trabajando como buceador-buscador de perlas en una isla de clima tropical, tras haber sido vendido como esclavo a los siete años. Naturalmente, Llesho resulta ser más de lo que aparenta. En concreto, es el séptimo hijo de los reyes de Thebin, un país pacífico y lleno de misticismo situado muy alto en las montañas, controlando un estratégico paso en las rutas de caravanas. Los Harn, una tribu bárbara y brutal, conquistaron Thebin y asesinaron a la mayor parte de la familia real.

El único que conoce el secreto de Llesho es Lleck, un viejo consejero de la familia real de Thebin que continúa en secreto la educación del antiguo príncipe. Al comenzar la novela Lleck muere, pero su espíritu informa a Llesho de su destino: sus seis hermanos siguen vivos y Llesho debe encontrarlos y junto con ellos recuperar su reino. Por supuesto, su actual posición como esclavo no hace fácil iniciar semejante búsqueda, por lo que Llesho deberá encontrar el modo de recobrar su libertad. Ello implicará ofrecerse voluntario para ser entrenado como gladiador, aprender de varios enigmáticos maestros y granjearse peligrosos enemigos.

Hasta aquí todo bastante típico, aunque hay que reconocer que el intrigante escenario en que está situada la novela promete bastante y le da un toque de originalidad que debiera haberse visto complementado con una buena historia.

No es el caso, por desgracia. Los ingredientes están ahí, pero a la hora de mezclarlos para crear la historia Benjamin falla. Los personajes principales son perfectamente olvidables. No hacen nada ni tienen verdadera iniciativa, sino que los acontecimientos les van llevando de un lado para otro. Los villanos no son mejores. Aparte de algún secundario interesante (Master Den), poco se puede salvar de la caracterización.

En fin, la narración tiene poco pulso dramático. El protagonista principal se dedica a darle vueltas en la cabeza a acontecimientos pasados que a fuerza de repetición ya nos conocemos de memoria y a dejarse llevar por sucesos externos, sin tratar de controlarlos ni trazar planes coherentes.

Por lo demás la novela se deja leer, pero según pasan capítulos y centenares de páginas acabo preguntándome cuándo va a coger momento la historia y absorber al lector. Tras terminar The Prince of Shadow y empezar The Prince of Dreams sin que esto ocurra, decido al fin que ya no me queda más paciencia. Soy de los que no les gusta dejar sin terminar una historia, pero sencillamente no me interesa lo que les pueda pasar a estos personajes, y para qué voy a seguir empecinándome en llegar hasta el final cuando puedo estar leyendo otra cosa.

Me resulta difícil entender cómo La Factoría pudo fijarse en esta trilogía cuando hay tantas cosas buenas por ahí. Supongo que, como siempre, será cuestión de gustos. Por malo que te parezca un libro siempre habrá gente a la que le guste (y viceversa), pero definitivamente no me parece que esta trilogía sea para mí. Lo siento porque tenía muchas ganas de que me gustara y la ambientación, como digo, es bastante original, pero no puedo situar a Seven Brothers entre la fantasía épìca de calidad de la que estamos disfrutando últimamente.

martes, julio 15, 2008

Boy's Life, de Robert R. McCammon


“I was born and raised in a magic time, in a magic town, among magicians. Oh, most everybody else didn’t realize we lived in the web of magic, connected by the silver filaments of chance and circumstance. But I knew it all along. When I was twelve years old, the world was my magic lantern, and by its green spirit glow I saw the past, the present, and into the future. You probably did too; you just don’t recall it. See, this is my opinion: we all start out knowing magic. We are born with whirlwinds, forest fires, and comets inside us. We are born able to sing to birds and read the clouds and see our destiny in grains of sand.”



En mi anterior comentario sobre un libro de Robert McCammon decía que este autor parece un imitador de Stephen King. Según he leído en su página web, no es la primera vez que McCammon tiene que soportar comentarios de este tipo, que no le hacen demasiada gracia, como es de suponer. Sin embargo son inevitables, por la llamativa similitud en la temática de algunas novelas. No es que sean plagios, porque luego cada cual va por su lado, pero la similitud temática está ahí.

De todas formas no sería justo quedarnos con eso, porque por encima de todo hay que decir que McCammon es un narrador de historias condenadamente bueno. Y en la novela Boy's Life, galardonada con el World Fantasy Award de 1992, parece encontrarse singularmente inspirado.

Corre el año 1964. Antes del amanecer en una fría noche de primavera, un chico de doce años llamado Cory Mackenson está ayudando a su padre en su ruta de reparto de leche a domicilio. En las afueras del pueblo, un coche sale a toda velocidad de un camino lateral y está a punto de hacer que se estrellen. Ellos se salvan, pero el otro coche se precipita a un lago conocido en la localidad por su gran profundidad. El padre de Cory se lanza al agua en un intento de salvar al conductor antes de que el coche se hunda. Sin embargo, lo que encuentra en el coche es un hombre desnudo y salvajemente golpeado, esposado al volante y con signos de haber sido estrangulado. Debido a la profundidad del lago, la recuperación del cadaver es inviable, y a pesar de los esfuerzos del sheriff no hay pistas sobre su posible identidad.

Tras este incidente, acompañaremos a Cory y a su pequeña pandilla de amigos durante un año completo, mientras ellos van creciendo y su aparentemente idílico pueblo, Zephyr, en Alabama, va transformándose, en ciertas cosas para bien y en otras para mal. Como un ya adulto Cory Mackenson dice en la introducción, Zephyr era un lugar mágico. Y no exagera. McCammon consigue retratar la magia de la infancia y emplazarla en un escenario no menos mágico, que sabe combinar sin esfuerzo aparente el realismo con la fantasía desatada.

Por un lado tenemos la historia de unos chicos que crecen en un pueblecito de Alabama durante los años 60, con sus tensiones entre tradición y modernidad, problemas raciales y la crisis causada por el cambio económico que golpea especialmente a los pueblos pequeños. Por otro tenemos crímenes, terror, sentido de la maravilla y la sensación de que en Zephyr cualquier cosa puede ocurrir, desde la magia de una anciana dama de raza negra hasta un monstruoso pez que habita el río, desde un tenso duelo entre servidores de la ley y un clan de criminales que recuerda a westerns clásicos hasta la fuga de un dinosaurio que era exhibido en las casetas de una feria, desde viejos criminales de guerra nazis que buscan el anonimato hasta la campaña de terror del Ku Kux Klan... En fin, para qué seguir. Basta decir que, si se quisiera hacer una película basada en esta novela, habría que optar más bien por una serie de TV, de tantas líneas argumentales como se van entrecruzando, a menudo de forma episódica. En otra novela todo esto habría resultado inverosímil, pero aquí parece hasta natural. Es lo que ocurre con las obras de fantasía, si el conjunto es coherente y obedece a sus propias reglas internas se hace fácil para el lector aceptarlo y meterse en la historia.

Con melancolía y nostalgia, pero también con vitalidad y esperanza, McCammon retrata una época y un período de la vida de sus protagonistas. El resultado es esta inclasificable fiesta imaginativa, una novela de aprendizaje que mezcla elementos de muchos otros géneros, homenajeando a esas historias que capturaron la imaginación del autor en su infancia y juventud, concebidas por mentes como las de Rod Serling y Ray Bradbury.

Para que nos hagamos una idea, estamos ante una narración que recuerda a obras de King como The Body o It. Creo que King tiene una mayor habilidad para la construcción de personajes complejos y tridimensionales, pero McCammon sitúa su historia en un escenario más memorable.

En fin, una delicia de novela, muy buena para leerla y sumergirse en ella ahora que llega el verano.

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viernes, julio 04, 2008

Salamina, de Javier Negrete



En el género fantástico español no salimos de pobres. Las cifras de ventas son tan reducidas que incluso los escritores que triunfan no pueden recibir más que pagos simbólicos por sus esfuerzos. ¿Cómo vamos a esperar a largo plazo que nuestros autores nos ofrezcan una dedicación plena y un cuidado por los detalles como el de los grandes escritores anglosajones del género? La cruel realidad, nos guste o no, nos aboca a que los mejores talentos acaben abandonando la literatura fantástica en busca de mejores pastos.

Esto es lo que parece que está ocurriendo con Javier Negrete, mi autor español favorito dentro del género. Asegura que continuará la saga de Tramórea, pero últimamente se está dedicando a ganar el errático pero cuantioso premio Minotauro (con Señores del Olimpo, basada en la mitología griega) y a publicar novelas históricas (Alejandro Magno y las Águilas de Roma, y ahora Salamina). Aunque preferiría más fantasía épica, estas tres novelas no dejan de llamar mi atención, por más que hasta el momento sólo me haya leído Salamina.

Como su título sugiere, trata de la batalla naval de Salamina, la más importante de la antigüedad, en la que los aliados griegos inflingieron graves pérdidas a la armada de Jerjes, y de los acontecimientos que llevaron hasta ella. La batalla de las Termópilas y la resistencia hasta la muerte de los trescientos espartanos encabezados por Leónidas han capturado nuestra imaginación (véase la espectacular y entretenida aunque poco realista película 300, basada en la novela gráfica de Frank Miller, y por supuesto la soberbia y épica novela Puertas de fuego, de Steven Pressfield), pero lo cierto es que esa batalla no fue más que una anécdota en la segunda guerra médica, de valor más simbólico que práctico. Fue en Salamina donde la invasión persa encabezada por Jerjes sufrió un golpe importante, que llevó al emperador a volver a su capital, dejando el esfuerzo bélico en manos de su general Mardonio, el cual fue derrotado definitivamente al año siguiente por los aliados griegos en Platea y Micala.

El gran héroe de Salamina fue el dirigente ateniense Temístocles, que había logrado convencer a sus conciudadanos de que la única esperanza de evitar que Atenas cayera bajo el yugo del imperio persa era dotarla de una gran armada. De grandes dotes demagógicas y visión estratégica, Temístocles tuvo que hacer verdaderos encajes de bolillos para resistir las intrigas políticas en la casi ingobernable democracia de su ciudad natal y mantener el equilibrio en la aún más inestable coalición de ciudades griegas. El éxito le llegó como resultado de su inquebrantable fuerza de voluntad, habilidad política y un insaciable hambre de gloria y ambición personal.

La novela cuenta la vida de Temístocles, arrancando en el prólogo desde un incidente (ficticio, claro) en su infancia que originó su ambición por ser alguien, porque su nombre fuera recordado. Se trata de una escena importante dentro del exitoso esfuerzo del autor por humanizar y hacer cercano a su protagonista, pero se sacrifica algo de verosimilitud, pues uno se pregunta cómo puede ser que Temístocles casualmente coincidiera de niño en un aula con varios futuros líderes atenienses.

A partir de ahí se nos cuenta la primera guerra médica, culminando en la victoria ateniense en Maratón, y sobre todo la segunda, aquella en la que en un sólo día se ven culminados los sueños y esperanzas de Temístocles en una monumental batalla naval frente a las costas de Salamina, después de que los atenienses hubieran tenido que renunciar a defender su ciudad ante la superioridad numérica de los ejércitos de Jerjes y la hubieran evacuado, permitiendo que fuera incendiada y arrasada por los persas.

Negrete hace gala de sus grandes habilidades para la narración épica, haciendo hábil uso de una extensa galería de personajes y no dando tregua al lector con un ritmo a menudo frenético, sin que ello le impida profundizar en el lado humano de los personajes. Hay un buen equilibrio dramático entre las relaciones de los personajes y el conflicto bélico. El autor se muestra respetuoso con la grandeza y cultura del imperio persa, aunque la mayor grandeza queda reservada para la imperfecta y caótica pero también brillante democracia ateniense, obligada a soportar el mayor peso de la guerra ante la actitud de unos aliados en general más preocupados por defender el Peloponeso que el Ática. Peor parados salen los espartanos, con la honrosa excepción de Leónidas y los suyos, más dedicados a buscar excusas para no comprometerse en ayuda de sus rivales atenienses que a combatir a los persas. Como le dice Leónidas a Temístocles por medio de un emisario poco antes de morir en las Termópilas, "que cuando piense en Esparta no se acuerde de las intrigas del consejo de ancianos ni de mi colega Latíquidas. Que se acuerde de mí, de mis trescientos hombres y de las Termópilas."

En algún momento el autor comete algún exceso de principiante, como al insistir varias veces durante el viaje de Temístocles al imperio Persa tras la primera guerra médica en abrumarnos con su labor de documentación. Sin embargo, salvo por un par de casos concretos, el resultado de esta labor de documentación es exquisito, y resulta también muy interesante la nota histórica que el autor incluye al término de la novela.



Estamos ante una muy buena novela histórica, cuyas 600 páginas disfrutarán sin duda los aficionados a la épica. De fantasía hay poco más que varios mensajes de los dioses durante el sueño de algún personaje y las profecías del oráculo, todas ellas fácilmente explicables sin recurrir a lo sobrenatural, pero me atrevo a pronosticar que el lector habitual de fantasía épica no saldrá defraudado, sobre todo si tiene interés por un momento histórico clave en la historia de la civilización occidental.


Cuenta Heródoto que el premio al valor por ciudades se lo llevaron los egitas, mientras que el individual, aunque con envidia y a regañadientes, se lo concedieron todos a Temístocles. Tras retirarse al Itsmo y votar desde el altar al general más valeroso, cada uno se eligió en primer lugar a sí mismo y en segundo a Temístocles.

Los lacedemonios, por su parte, lo condujeron a Esparta. Y si bien allí el premio al valor se lo concedieron a Euribíades, a él le otorgaron una corona de oliva en reconocimiento de su sabiduría, le regalaron el mejor carro de la ciudad e hicieron que trescientos jóvenes le escoltaran hasta la frontera.

Se cuenta también que en las siguientes Olimpiadas, al presentarse Temístocles en el estadio, los espectadores se desentendieron de los deportistas y no dejaron de mirarlo en todo el día mientras entre aplausos de admiración se lo señalaban a los extranjeros y les decían quién era.

Al oírlos Temístocles confesó complacido a sus amigos:

- En este día he recogido el fruto de mis esfuerzos por Grecia.

Plutarco, Vida de Temístocles, XVII